Una devoción que forma parte de la historia de la comunidad
Esperada a lo largo del año, la fiesta de la Patrona se convirtió nuevamente en una oportunidad para celebrar la fe y recordar la presencia de Nuestra Señora de la Consolación en el camino de la comunidad.
Durante la celebración, los fieles entonaron el tradicional canto dedicado a la Virgen de la Consolación y Correa:
«En este día de gracia y belleza, he aquí tus hijos que quieren honrarte, ostentando la correa preciosa, el emblema que viniste a darnos».
La referencia a la correa recuerda uno de los elementos característicos de esta devoción mariana dentro de la tradición agustiniana. En Vidigal, está presente incluso en el nombre de la iglesia y acompaña una historia comunitaria que ya suma 22 años.
A lo largo de ese recorrido, la devoción a la Patrona se convirtió para los fieles en una expresión de confianza en María y una invitación a permanecer unidos ante las dificultades y desafíos vividos por la comunidad.

Cien años bajo la mirada de la Madre de la Consolación
La fiesta adquirió este año una dimensión particular por la celebración del centenario de la consagración de la Orden de Agustinos Recoletos a Nuestra Señora de la Consolación.
La comunidad fue invitada a recordar el sentido de esa consagración y a comprender la devoción mariana como un camino que conduce a Cristo. Contemplar a María significa reconocer a aquella que acoge y acompaña, pero también a aquella que orienta a sus hijos hacia el seguimiento de Jesús.
En ese horizonte, la celebración de Vidigal se insertó en una memoria que trasciende los límites de la propia comunidad y la une a la historia y a la espiritualidad de la Orden.
22 años de fe y vida comunitaria
Celebrar a la Patrona permitió también contemplar la historia de la Iglesia Nuestra Señora de la Consolación y Correa. Son 22 años de camino de una comunidad que reconoce en esta devoción uno de los elementos de su identidad.
La fiesta del 4 de septiembre reunió, así, tres dimensiones de una misma experiencia: la Eucaristía como centro de la vida cristiana, la devoción a Nuestra Señora de la Consolación y la fraternidad construida a lo largo de los años.
Al mirar hacia el futuro, la comunidad de Vidigal renueva el deseo de continuar creciendo en la fe y en la comunión, confiando a la Madre de la Consolación su camino y procurando, con ella, permanecer cada vez más cerca de Cristo.
Una espiritualidad que la tradición popular resume en una expresión también recordada durante la fiesta: «Mi consuelo y alegría es la Correa de la Virgen María».






