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“Ayudar no es siempre resolver el problema: también es acompañar, estar al lado, escuchar”

Claudia García de la Fuente tiene 23 años. Antigua alumna del Colegio San Agustín de los Agustinos Recoletos en Valladolid (España), cursa sexto año de Medicina en el Ejército. El pasado verano aprovechó sus vacaciones en un voluntariado en Guatemala con la Red Solidaria Internacional Agustino-Recoleta, ARCORES. Así cuenta su experiencia.
Voluntariado 2026 de ARCORES en Guatemala.

Durante mi voluntariado en Guatemala, he vivido en primera persona cómo cuidar a una persona va mucho más allá que ofrecerle un tratamiento. Muchas familias no tienen acceso a medicamentos y tratamientos porque no pueden permitírselos. Enfermedades que en otras latitudes tienen una solución relativamente sencilla, allí se complican y afectan no solo al enfermo, sino a toda su familia.

He practicado otras formas de cuidar que me han enseñado muchísimo. Me impresionó especialmente la importancia del acompañamiento, estar cerca y cuidar en todo momento sin esperar nada a cambio. Cuando faltan los medios, la parte humana del cuidado se potencia y da resultado.

Fue necesario acercarme a su propia manera de entender la salud, sus conocimientos y sus costumbres, como por ejemplo en el uso de plantas medicinales. El voluntariado exige la humildad suficiente para entender que, por muy profesional que seas, también tienes muchísimo que aprender.

No podría quedarme con una sola persona o momento, absolutamente todos los acontecimientos vividos y las personas que he conocido me han enseñado algo. Cada historia, cada forma de enfrentarse a la vida, me ha dejado un poso. Valoran lo que me parecía insignificante, como compartir la comida, pasar tiempo con la familia, una conversación o el simple estar juntos. He disfrutado mucho y he dado gracias por cosas que daba por hechas, o me he despreocupado al ver que con muchas menos cosas materiales, transmiten una alegría y una generosidad enormes.

Guatemala me ha enseñado a mirar menos lo que me falta y centrarme en todo lo que tengo, a entender que la felicidad no depende de cuánto tienes, sino de cuánto valoras lo que tienes y de la actitud con que decides usarlo.

También he aprendido que ayudar no siempre significa solucionar el problema. Hay situaciones que no puedes cambiar y al principio te genera impotencia. Luego entiendes que “estar” ya ayuda, y mucho: estar para escuchar, para compartir, para dar una palabra de cariño, o incluso para compartir una sonrisa. Gestos pequeños que para quien pasa por una situación difícil significan muchísimo.

Aunque no puedas conseguir tal medicamento, cambiar tal circunstancia o solucionar tal preocupación, sí puedes hacer que se sientan acompañados y escuchados. Dan muchísimo valor a la compañía y a la familia. Se cuidan entre ellos, permanecen al lado de quien sufre aun cuando saben que no cambiará su situación. Cuidar también es estar, incluso cuando no tengas la solución.

En el futuro, como médica, habrá momentos en los que podré curar y otros en los que, por desgracia, no podré. Pero ahora sé que sí podré cuidar, escuchar, coger de la mano, dedicar unos minutos más o quedarme al lado. No siempre dejamos huella por cosas grandes, sino por cómo hacemos sentir a los demás. Es la parte más humana de la Medicina: detrás de cada paciente hay una persona, una familia, una historia y unas circunstancias. Aunque esté muy centrada en diagnosticar, tratar y curar, aquí he aprendido que también debo apoyar, escuchar y acompañar.

Ojalá nunca pierda la capacidad de escucha, de mirar a los ojos y dedicar tiempo, aun cuando tenga mucho trabajo o no pueda solucionar todo. Hacer que una persona se sienta acompañada y cuidada, eso sí puedo hacerlo siempre, solo depende de mí.

En Guatemala experimentas una forma diferente de valorar la vida. Ahora voy a agradecer mucho más lo que tengo, preocuparme menos por cosas que no lo merecen y disfrutar de los pequeños momentos. Veo el día a día con otros ojos.

A quien esté pensando en hacer un voluntariado, le diría que se atreva. Que no tenga miedo de enfrentarse a una realidad diferente y lleve la mente abierta para aprender. Recibirá muchísimo más de lo que dé. Llegué a Guatemala para aportar mi tiempo y mis conocimientos, pero vuelvo sintiendo que yo he ganado mucho más. Es una de las cosas más bonitas de un voluntariado: no solo intentas dejar algo de ti en los demás, sino que vuelves siendo un poco diferente a como te fuiste.

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