Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

La Eucaristía cierra el primer día de trabajo del Sínodo Misionero

Fray Russell Cordero cerró el primer día del Sínodo Misionero invitando a servir con humildad y reconocer la presencia de Dios en cada cultura.
Homilia Fray Russel

Tras una intensa primera jornada de trabajo, escucha y diálogo en el Espíritu, los participantes en el Sínodo Misionero Agustino Recoleto concluyeron el día con la celebración de la Eucaristía, presidida por fray Russell Cordero, misionero de la Provincia San Ezequiel Moreno en Indonesia.

La celebración estuvo marcada por una noticia dolorosa conocida por los sinodales poco antes de comenzar: el fallecimiento de la Hna. Marfiza Pessoa, MAR, natural de Lábrea y misionera a lo largo de su vida en España, Argentina y Brasil. La Eucaristía fue ofrecida por su eterno descanso, uniendo así la oración de los participantes del Sínodo al agradecimiento por una vida entregada a la misión.

La humildad que aprende de los pueblos

En su homilía, fray Russell quiso hacer de su propia experiencia misionera el hilo conductor de una reflexión sobre la humildad, la gratitud y la actitud con la que el misionero se acerca a los pueblos a los que es enviado.

Recordó primero su paso por Sierra Leona, donde descubrió una expresión que escuchaba constantemente después de saludar a las personas: “Tell Papa God tenki”, “Gracias a Dios”. Después trasladó a los presentes hasta Indonesia, su actual tierra de misión. Allí, explicó, cuando las familias de una aldea ofrecen algo de comer al misionero, suelen decir: “maaf Romo, apa yang ada ya”, que podría traducirse como “perdón, Padre, es lo que tenemos”.

Para fray Russell, detrás de estas sencillas expresiones se esconde una actitud profundamente evangélica: “Estas son palabras de personas humildes, siempre agradecidas a Dios y conformes con lo que Él les da”.

A partir de la figura de Job, propuesta por la primera lectura, recordó que la misión comienza precisamente en el reconocimiento de que todo cuanto se tiene procede de Dios. El misionero ha sido bendecido y, al mismo tiempo, está llamado a convertirse en bendición para los demás.

Por eso, invitó a servir con un corazón agradecido “allí donde la Iglesia madre nos necesite”, poniendo una atención particular en “las periferias, entre los pobres de espíritu y los marginados”.


Ver galería completa →

“No venimos como seres superiores ni como mesías”

Fray Russell advirtió también de una tentación que puede acompañar al servicio misionero: la búsqueda de reconocimiento y prestigio. Partiendo de la discusión de los apóstoles sobre quién era el más grande, señaló que también el misionero puede terminar buscando su propia grandeza ante las personas a las que sirve.

“¡Podríamos proclamarnos a nosotros mismos en lugar de a Cristo!”, advirtió. Una tentación que puede llevar, además, a olvidar la propia identidad y a debilitar la espiritualidad propia como Agustinos Recoletos.

Frente a esta actitud, propuso la humildad cultural como una disposición esencial de todo misionero. Llegar a un nuevo pueblo supone reconocer que Dios ya estaba allí antes de la llegada del misionero y que su presencia puede descubrirse en la cultura, las costumbres y la vida cotidiana de las personas.

“Cuando llegamos a la misión que se nos ha confiado, ya somos conscientes de la presencia de Dios allí, en la cultura de la gente y en su modo de vida. No venimos como seres superiores ni como mesías, sino más bien como humildes siervos del Señor de la mies, que nos envía”, afirmó.

Una homilía en castellano para caminar juntos

Fray Russell, cuya experiencia misionera ha transcurrido en contextos culturales y lingüísticos muy diversos, se esmeró además en predicar la homilía en castellano para facilitar que pudiera ser comprendida directamente por el mayor número posible de participantes del Sínodo.

El gesto estuvo en plena sintonía con la última invitación de su predicación: escucharse mutuamente. Para el misionero agustino recoleto, la escucha que está marcando estos días de trabajo no es simplemente una metodología sinodal, sino también un ejercicio concreto de humildad.

“En este Sínodo sobre la Misión, todos estamos invitados a participar escuchándonos unos a otros. Nuestra disposición mutua es, en realidad, un gesto de humildad”, recordó.

Con esa llamada concluyó la primera jornada: caminar humildemente con Dios, caminar juntos como Familia Agustino Recoleta y no olvidar, durante el discernimiento, a los pueblos y a las personas concretas a quienes los misioneros están llamados a servir.

La Eucaristía cerró así un día de trabajo que había comenzado con la reflexión y el diálogo y terminó ante el altar, recordando también, con gratitud y esperanza cristiana, la vida entregada a la misión de la Hna. Marfiza Pessoa.

Compartir:

Entradas Relacionadas