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Fray Paulo Alessandro: “El Señor me dio de nuevo la posibilidad de sonreír”

Fray Paulo Alessandro Moreira comparte cómo recuperó la alegría y renovó su decisión por la vocación durante el Sínodo Misionero Agustino Recoleto.
Fray Paulo

Durante el Sínodo Misionero Agustino Recoleto, fray Paulo Alessandro Moreira compartió uno de los testimonios más personales de estos días en la Eucaristía del tercer día de trabajo. El misionero brasileño habló durante la Eucaristía de sus dificultades, de los momentos en los que llegó a perder la alegría y de la decisión de volver a abrazar apasionadamente su vocación y seguir adelante confiando en Dios.

La celebración coincidía, además, con su cumpleaños. Una jornada para dar gracias por la vida que se convirtió también en una oportunidad para agradecer por la vocación, por la esperanza recuperada y, sobre todo, por algo aparentemente tan sencillo como volver a sonreír.

Cuando un misionero pierde la alegría

Fray Paulo Alessandro no ocultó las dificultades que ha atravesado. Muchas pruebas y situaciones complejas fueron acumulándose hasta provocar en él una pregunta que no afectaba directamente a su vocación, sino a la manera en la que estaba viviéndola.

“En algún momento comencé a preguntarme, no respecto a la vocación, porque gracias a Dios la vocación estaba ahí presente, sino respecto a la alegría”, confesó.

Quienes lo conocen, explicó, siempre lo han identificado como una persona de sonrisa fácil, a quien le gusta compartir momentos distendidos y fraternos. Sin embargo, llegó un momento en el que descubrió que estaba perdiendo precisamente esa alegría.

“Estaba perdiendo esa alegría, la alegría de vivir, de sonreír. No conseguía siquiera sonreír”, recordó.

Su testimonio llegó incluso a una confesión especialmente sencilla y sincera. Al ver a otras personas reír, sentía envidia porque él ya no era capaz de hacerlo. “Yo decía: ‘Ya no consigo sonreír’”.

No se trataba, por tanto, únicamente de cansancio. Era la experiencia de descubrir que las dificultades podían ir apagando interiormente aquello que durante tantos años había formado parte de su manera de vivir la vocación.

Una “decisión apasionada” por la vocación

La situación fue cambiando poco a poco. Fray Paulo explicó que comenzó a dar un nuevo sentido a aquello que estaba viviendo hasta comprender que tenía que tomar una decisión.

“Llegué al punto de decir: o hago una elección por esta vocación o voy a enfermar”.

Por eso, una palabra adquirió para él una fuerza especial: decisión.

“La decisión para mí es muy fuerte. Y cuando añado ‘apasionada’ es porque existe el deseo de vivir realmente una decisión apasionada, que me haga tomar el arado y seguir adelante, sin miedo”.

Una decisión que no significa la desaparición de las incertidumbres. El misionero brasileño reconoció ante los demás sinodales que sigue teniendo temores ante la nueva etapa que se abre en su vida y ante la nueva misión que deberá asumir.

“No estoy tranquilo. Tengo mis miedos y mis incertidumbres”, reconoció. Sin embargo, junto a ellos existe también “una confianza muy grande en la acción de Dios”.

Su deseo ahora es poner las preocupaciones en las manos del Señor y vivir desde Él aquello que venga: la familia, los problemas, las dificultades y también las nuevas responsabilidades que reciba a través de sus superiores.

“Me dio nuevamente la posibilidad de sonreír”

Al final de la homilía, fray Paulo convirtió su experiencia en acción de gracias. Precisamente el día de su cumpleaños, quiso agradecer no solamente el don de la vida y de la vocación, sino también haber recuperado algo que durante un tiempo creyó perdido.

“Quiero agradecer a Nuestro Señor que me haya dado nuevamente la posibilidad de sonreír y de tener esperanza para seguir adelante abrazado a Él”.

Y formuló una última petición: no caer en la tentación de mirar hacia atrás.

“Que Nuestro Señor me conceda la gracia de no tener la tentación de mirar atrás, de retroceder”.

En medio de un Sínodo Misionero Agustino Recoleto que está invitando a religiosos y laicos a preguntarse por la manera de renovar el impulso misionero de la Familia Agustino Recoleta, el testimonio de fray Paulo Alessandro puso rostro a una de las convicciones compartidas durante estos días: la misión también necesita cuidar el corazón del misionero.

Su cumpleaños terminó siendo, así, mucho más que una fecha para celebrar. Fue ocasión para agradecer una vida que vuelve a mirar hacia adelante, con miedos e incertidumbres, pero también con una decisión renovada: seguir caminando, abrazado a Dios, y volver a sonreír.

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