El obispo agustino recoleto invitó a los participantes del Sínodo Misionero Agustino Recoleto a afrontar el cansancio y las dificultades de la misión desde la esperanza cristiana y con la mirada puesta en la eternidad.
Una misión que no termina en las realidades de este mundo
“Tenemos que volver nuestra mirada hacia el cielo”. Con esta invitación, Mons. Alejandro Castaño quiso recordar a los participantes del Sínodo Misionero Agustino Recoleto, que se celebra en Río de Janeiro (Brasil), cuál es el horizonte último desde el que el cristiano está llamado a comprender su vida y su misión.
Durante la celebración de la Eucaristía, el obispo agustino recoleto partió de los textos proclamados en la liturgia para invitar a los presentes a levantar la mirada hacia “una realidad superior” que permita comprender de una manera diferente las dificultades de la vida cotidiana.
“Triste sería nuestra condición si solo pensáramos en lo que tenemos o confesamos de Jesús en este mundo, y si nuestra vida no tuviera un carácter trascendental”, afirmó.
Para Mons. Castaño, la esperanza en la eternidad no significa olvidar la realidad humana. Al contrario, recordó cómo los religiosos que nos precedieron supieron mantener la mirada puesta en Dios mientras asumían las exigencias concretas de sus ministerios.
Nuestros “hermanos mayores”, explicó, fueron “hombres de fe, de esperanza”, muchas veces cargados por el peso de sus trabajos, pero capaces de seguir esperando en Jesucristo, “no solo hombre y revelador del Padre, sino también Dios mismo”.
Cuando pesan los años y los ministerios
Mons. Alejandro Castaño dirigió también una palabra especialmente cercana a los religiosos y religiosas que experimentan el cansancio propio de los años, las responsabilidades pastorales o las dificultades que acompañan el servicio cotidiano.
“Nos cansan a veces las circunstancias propias de la vida. Nos doblegan los años. Nos pesan los ministerios que a veces se nos dan”, reconoció.
Es precisamente en esos momentos, señaló, cuando resulta necesario regresar a aquello que sostiene la vocación: “volver nuestra mirada hacia el cielo, hacia las enseñanzas de la Iglesia, hacia las verdades de la Escritura”.
Desde ahí formuló una de las afirmaciones centrales de su homilía: Jesucristo “no solamente es un Dios que ama, sino un Dios que redime”.
La vida religiosa y misionera adquiere así un horizonte que supera los resultados inmediatos, los éxitos pastorales o las dificultades de cada jornada. La esperanza cristiana permite descubrir que la misión tiene como destino último la comunión definitiva con Dios.
Mons. Castaño recordó en este sentido el testimonio de generaciones anteriores de religiosos, cuya vida estuvo marcada por sacrificios, trabajos y contrariedades, pero también por la certeza de que les esperaba “una vida mejor”.
El Sínodo, una oportunidad para revisar la misión
El obispo agustino recoleto vinculó esta mirada hacia la eternidad con el trabajo que estos días desarrollan los participantes del Sínodo Misionero Agustino Recoleto.
El encuentro, explicó, permite revisar las misiones y preguntarse cómo se está realizando actualmente la tarea evangelizadora, pero debe conducir también a una reflexión más profunda sobre quién sostiene verdaderamente esa misión.
Este encuentro no solamente nos llena de esperanza; nos lleva a repasar qué son nuestras misiones, cómo lo hacemos, sino también a profundizar aún más y en saber que es el Dios de la eternidad y de la vida aquel en quien creemos, a quien amamos y a quien servimos.
Por eso, Mons. Castaño animó a los participantes a perseverar en el ministerio recibido y a seguir construyendo una Iglesia conforme a la voluntad de Dios.
La homilía terminó convertida en una oración por todos los que han recibido la responsabilidad de anunciar el Evangelio:
“Que el Señor nos dé la gracia para perseverar hasta el último momento en el ministerio que Él nos ha confiado”.
Y dejó a los sinodales una última mirada hacia el horizonte de toda misión cristiana: “Que el Señor fortalezca nuestro caminar y que, en compañía de nuestros hermanos, proclamemos siempre que la gloria del Señor es nuestra mira definitiva”.
La homilía completa de Mons. Alejandro Castaño puede verse en el canal de YouTube de los Agustinos Recoletos.






