Treinta y cuatro sinodales llegados de distintas misiones y presencias de la Familia Agustino Recoleta han comenzado en Río de Janeiro el Sínodo Misional. Fray Miguel Ángel Hernández, prior general, los invitó a vivir estos días desde la escucha: “Estamos aquí para escucharnos y, sobre todo, para escuchar lo que el Espíritu tiene que decirle a la Orden a través de los misioneros”.
La llama ya está encendida. Misioneros llegados de distintos lugares del mundo agustino recoleto se encuentran desde este viernes en Río de Janeiro para vivir una experiencia de fraternidad, oración, escucha y discernimiento que quiere reavivar el fuego misionero de toda la Familia Agustino Recoleta.
El Sínodo Misional Agustino Recoleto comenzó a las 19:30 horas con el rezo de las vísperas. La oración, el canto de la Salve y el Ioseph marcaron el inicio de unos días en los que 34 sinodales compartirán experiencias, desafíos, intuiciones y sueños nacidos en los diferentes lugares donde la familia religiosa desarrolla su misión.
No se trata únicamente de hablar sobre las misiones. La intención es escuchar lo que Dios está diciendo hoy a la Orden desde ellas.
“Escuchar lo que el Espíritu quiere decirle a la Orden”
Después de la oración y de compartir la cena, los participantes celebraron el acto de bienvenida. Fray Ismael Xuruc, responsable de la organización del Sínodo, invitó inicialmente a los participantes a presentarse brevemente, haciendo visible desde el primer momento la diversidad de países, culturas y realidades misioneras reunidas en Río de Janeiro.
Tras las palabras de bienvenida de fray Simón Puertas, prior provincial de Santo Tomás de Villanueva, tomó la palabra el prior general de la Orden de Agustinos Recoletos, fray Miguel Ángel Hernández.
Sus palabras situaron desde el comienzo el sentido profundo de la Asamblea Sinodal: escuchar.
“El sínodo es un espacio y una experiencia de escucha de unos a otros. Estamos aquí para escucharnos y, sobre todo, para escuchar lo que el Espíritu tiene que decirle a la Orden a través de los misioneros”.
Fray Miguel Ángel planteó entonces una pregunta que acompañará el discernimiento de estos días: “¿Qué nos quiere decir el Espíritu a la Orden desde esta voz tan reconocida y querida, que es la voz de los misioneros?”
El Prior General quiso dejar claro también el afecto y el reconocimiento de toda la Orden hacia quienes desarrollan su vocación en contextos misioneros: “Que sepáis que en la Orden os queremos, os apreciamos y contamos mucho con vosotros”.
Para fray Miguel Ángel, poder escuchar directamente sus experiencias constituye también una oportunidad para su propio servicio como Prior General. Después de finalizar su visita de renovación en Guatemala y antes de continuar hacia Colombia y Venezuela, quiso permanecer durante toda la Asamblea Sinodal en Río de Janeiro.
“Va a ser una riqueza muy grande para mí, como prior general, escuchar así de primera mano la voz de los misioneros”, aseguró.
Una llama que quiere extenderse a toda la Familia
El Sínodo no comienza de cero. Durante los últimos meses se ha desarrollado un amplio proceso de preparación y consulta que ha permitido elaborar el Instrumentum laboris que acompañará el discernimiento.
El Prior General agradeció especialmente el trabajo realizado por fray Ismael Xuruc y recordó que este proceso previo ha buscado dar voz no solamente a quienes trabajan directamente en las misiones, sino al conjunto de la Familia Agustino Recoleta: religiosos, religiosas, laicos, miembros de las Juventudes Agustino Recoletas y de las Fraternidades Seglares, entre otros.
La expectativa de que estos días sirvan para reavivar la llama misionera se percibe también entre quienes han llegado hasta Río de Janeiro.
Fray Sergio Pérez García, misionero en Brasil de la Provincia San Nicolás de Tolentino, espera que sea, ante todo, “un encuentro de hermanos” en el que compartir “la alegría de ser recoletos”, pero añade un deseo todavía más profundo: “Dejarme renovar por el Espíritu Santo ante este llamado que nos hace”.
Desde Indonesia ha llegado fray Russel Lapidez, misionero de la Provincia San Ezequiel Moreno. Para él, participar en el Sínodo supone “un gran honor y una oportunidad maravillosa para conocer a otros misioneros religiosos en la Orden”. Su deseo es que la experiencia “enriquezca en gran medida” su vocación misionera.
Fray Gerardo Rimarachín, misionero en Chota, Perú, de la Provincia Santo Tomás de Villanueva, espera que el encuentro fortalezca la fraternidad y la dedicación pastoral y, especialmente, que contribuya a “seguir despertando en los jóvenes el espíritu misionero, dispuestos a compartir la fe en las periferias”.
Desde la misión de Casanare, en Colombia, fray Fredy Bedoya, de la Provincia Nuestra Señora de la Candelaria, lo resume con una expresión profundamente sinodal: “Espero que caminemos juntos”.
“Estamos en casa, estamos en familia”
La bienvenida de la comunidad anfitriona estuvo a cargo de fray Simón Puertas, quien invitó a los participantes a vivir estos días sin excesivos protocolos y desde la fraternidad propia de quienes comparten una misma vocación.
“Entre hermanos estamos en casa, estamos en familia”, afirmó. Para el Prior Provincial de Santo Tomás de Villanueva, esa confianza debe permitir “compartir desde el corazón” y hacer del Sínodo una verdadera experiencia de encuentro y discernimiento.
“Muchos hermanos, hermanas y miembros de la familia tienen una gran expectativa de lo que vamos a vivir aquí estos días”, recordó, expresando su deseo de que “el Espíritu reanime la misión en nuestra Familia Agustino Recoleta”.
Durante la bienvenida, fray Ismael Xuruc presentó también la aplicación digital del Sínodo Misional, desarrollada conjuntamente por la Oficina de Comunicación de la Orden de Agustinos Recoletos y el Secretariado General de Apostolado Ministerial y Misional. La herramienta acompañará a los sinodales durante las jornadas, facilitando el acceso a horarios, documentos, materiales y contenidos necesarios para el desarrollo de la Asamblea.
La primera jornada terminó como había comenzado: poniendo en el centro la fraternidad y la misión.
Desde ahora, los 34 sinodales comienzan un camino de oración, escucha y discernimiento. Proceden de lugares diferentes, hablan lenguas distintas y desarrollan su ministerio en contextos muy diversos, pero llegan a Río de Janeiro con una misma pregunta: ¿qué quiere decir hoy el Espíritu a la Orden a través de sus misioneros?
Durante los próximos días, esa escucha buscará convertirse en discernimiento y el discernimiento en impulso. Una oportunidad para volver al corazón de la misión y reavivar juntos un fuego que no puede quedarse en Río de Janeiro, sino que está llamado a extenderse por toda la Familia Agustino Recoleta.






