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Mons. Alejandro Castaño: «No podemos vivir de las añoranzas del pasado»

Mons. Alejandro Castaño abre el Sínodo Misionero llamando a recuperar la memoria de los misioneros para renovar la audacia evangelizadora de la Orden.
Asamblea sinodal

El obispo emérito agustino recoleto abrió la primera jornada del Sínodo Misionero con una llamada a recuperar la memoria misionera de la Orden para responder con audacia a los desafíos de la evangelización actual.

El Sínodo Misionero Agustino Recoleto ha comenzado en Río de Janeiro poniendo la mirada en las raíces de la propia vocación. Mons. Alejandro Castaño, OAR, fue el encargado de ofrecer la primera reflexión a los participantes, con una invitación clara: recordar la historia misionera de la Orden no para refugiarse en ella, sino para descubrir qué pide hoy el Evangelio a la Familia Agustino Recoleta.

«No podemos vivir de las añoranzas del pasado», afirmó el obispo agustino recoleto. La memoria, señaló a lo largo de su intervención, adquiere sentido cuando se convierte en impulso para continuar ofreciendo «el agua de la fe, el agua de la doctrina de la Iglesia, de la dignidad humana» a quienes la necesitan «aquí, allá y acullá».

«Somos una comunidad misionera»

Mons. Castaño recordó que la dimensión evangelizadora no es algo añadido a la identidad agustino recoleta, sino que pertenece a su propia vocación. «Nuestra comunidad tiene en sus constituciones una y otra vez el llamado a la evangelización, a la misionalidad. Somos una comunidad misionera. Lo decimos con orgullo», aseguró.

Para comprender esta identidad, invitó a regresar a los orígenes de la Recolección Agustiniana y recordó particularmente la experiencia surgida en el desierto de la Candelaria, en Colombia, a comienzos del siglo XVII.

Aquel deseo inicial de vivir con mayor austeridad y profundidad la vida religiosa terminó abriéndose también a la evangelización. Mons. Castaño recordó la figura de fray Mateo Delgado y la intervención del entonces provincial, Vicente Mallol, en la configuración de aquella experiencia recoleta.

Al recorrer los lugares donde estuvieron presentes aquellos primeros religiosos, explicó, sorprende especialmente «su capacidad de evangelización». La contemplación no los encerró en sí mismos, sino que terminó impulsándolos hacia los demás.

Esa historia, insistió, no pertenece únicamente al pasado. La misión ha acompañado a generaciones de agustinos recoletos que proclamaron el Evangelio «con la verdad de su vida y el testimonio de su apostolicidad».


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Una memoria que debe convertirse en misión

La reflexión de Mons. Alejandro Castaño se convirtió así en una invitación a mirar agradecidamente a tantos religiosos, religiosas y laicos que han entregado su vida a la evangelización. Muchos de sus nombres quizá no aparezcan en los grandes relatos, afirmó, pero sus vidas «están escritas en el libro de la providencia divina».

Su testimonio continúa siendo «una lámpara que ilumina», capaz de recordar a la Familia Agustino Recoleta que la misión sigue siendo una tarea del presente.

Por eso, el Sínodo Misionero no está llamado únicamente a producir propuestas. «Estamos aquí reunidos no solamente para proponer, sino también para convivir el espíritu misionero que ha hecho grande a nuestra comunidad», señaló Mons. Castaño.

Durante estos días, los participantes están llamados precisamente a discernir cómo fortalecer ese espíritu misionero y cómo encarnarlo en las nuevas realidades en las que está presente la Familia Agustino Recoleta.

Audacia para anunciar el Evangelio hoy

En la parte final de su intervención, Mons. Castaño dirigió la mirada hacia el futuro y pidió que religiosos, religiosas y evangelizadores sean capaces de vivir hoy con la misma audacia que caracterizó a quienes los precedieron.

Pidió especialmente que los jóvenes puedan encontrar en ellos «hombres y mujeres decididos a proclamar la verdad del Evangelio».

Para ello presentó a María, «Virgen de la Misión» y «Proclamadora del Reino», como modelo de audacia evangelizadora para el mundo actual.

La reflexión concluyó poniendo nuevamente en el centro a Cristo y recordando las palabras del Evangelio: «Yo soy el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida» y «El que tenga sed, que venga a mí y beba».

Tras sus palabras, fray Ismael Xuruc agradeció la intervención y destacó uno de los sentimientos que quedaban en los participantes al comenzar el camino sinodal: la «memoria agradecida» por todos aquellos misioneros que los han precedido.

Una memoria que, como recordó Mons. Alejandro Castaño, no puede convertirse en añoranza. El desafío del Sínodo será transformar esa herencia recibida en una nueva audacia para la misión.

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