El Sínodo Misionero Agustino Recoleto concluye sus trabajos en Río de Janeiro con la aprobación del documento final y un mensaje dirigido a toda la Familia Agustino Recoleta: “La misión no es una geografía. Es nuestra identidad”.
A las 17:00 horas de Río de Janeiro, la Asamblea del Sínodo Misionero Agustino Recoleto votó los últimos puntos del documento final. Terminaban así varios días de escucha, diálogo en el Espíritu, testimonios y discernimiento compartido sobre el presente y el futuro de la misión en la Orden.
El documento aprobado por los sinodales será dado a conocer próximamente a toda la Familia Agustino Recoleta. Mientras llega ese momento, la Asamblea ha querido compartir un primer mensaje, titulado “Un fuego recibido, un fuego que avivar”, que recoge algunas de las convicciones fundamentales surgidas durante estos días.
El texto fue redactado por fray Joseph Sonibari, Hna. Sandra Maldonado, MAR, y fray Alessandro Moreira, a partir de la experiencia y el discernimiento de la Asamblea Sinodal Misionera.
No se trata únicamente de una despedida. El mensaje plantea una pregunta que traslada ahora el Sínodo desde Río de Janeiro hasta cada comunidad de la Familia Agustino Recoleta: “¿Qué va a cambiar en nuestra vida, en nuestras comunidades y en nuestra Orden después de este Sínodo?”
La misión comienza en un corazón inquieto
El mensaje comienza recordando el origen del encuentro. Convocados por el Prior General y el Secretariado General de Apostolado misional y ministerial, y en cumplimiento de la Decisión D.9 del 56.º Capítulo General de 2022, llegaron al Sítio Santo Agostinho 36 religiosos, religiosas y laicos procedentes de siete países de misión y en representación de 16 comunidades misioneras.
Pero el texto va más allá de las cifras y vuelve a las raíces de la propia Recolección. Los sinodales recuerdan que aquella inquietud inicial por vivir con “mayor austeridad, profundidad y autenticidad” terminó abriéndose a los pueblos, las fronteras y la evangelización.
Por eso, una de las afirmaciones centrales del mensaje es que la misión no puede entenderse como una actividad más dentro de la vida de la Orden:
“La misión no comenzó simplemente cuando alguien cruzó un océano. Comenzó mucho antes: cuando un corazón se dejó inquietar por Dios y por las necesidades de los demás”.
Santo Tomás de Villanueva, san Alonso de Orozco, san Juan de Sahagún y san Ezequiel Moreno aparecen en el texto como testigos de una historia en la que misión y carisma no pueden separarse.
Esta mirada conduce también a reconocer la vulnerabilidad de quienes evangelizan. El mensaje habla sin miedo del cansancio, los errores, las fragilidades y la necesidad de aprender a pedir ayuda. “Somos frágiles. Nos cansamos, nos equivocamos, nos quebramos”, reconocen los sinodales, antes de recordar que precisamente en esa realidad Dios puede manifestar su grandeza.
De ahí nace también una llamada al cuidado de la vida comunitaria: saber contar con el hermano, pedir relevo cuando faltan las fuerzas y construir comunidades capaces de escuchar y sostener. Para los sinodales, esa vida fraterna solamente puede sostenerse desde “la vida interior y en el encuentro con el Señor”.
“La misión debe darnos vida, no quitárnosla”
Entre las convicciones que deja el Sínodo hay una especialmente significativa:
“La misión debe darnos vida, no quitárnosla”. Mensaje_del_Sinodo_Misionero_ES
El mensaje conecta esta afirmación con la necesidad de cuidar a todos aquellos que participan en la misión y dedica una atención particular a los laicos. No son entendidos como una ayuda secundaria para las obras apostólicas, sino desde la corresponsabilidad:
“Ellos no son simplemente colaboradores ni mano de obra pastoral. Son hermanos y corresponsables de la misión”.
Los sinodales encuentran una imagen de esta misión vulnerable en el encuentro de Jesús con la samaritana. Jesús llega cansado al pozo, sin una estrategia ni siquiera un cubo para sacar agua y, sin embargo, desde allí transforma una vida. “La misión no nace de nuestra fuerza. Muchas veces nace precisamente allí donde nuestra fuerza se acaba”, afirma el mensaje.
“Todos somos misioneros”
El mensaje final amplía además el significado de la palabra misionero. La misión no pertenece exclusivamente a quienes han sido enviados a lugares geográficamente lejanos.
La Asamblea recuerda a quienes viven en las fronteras, pero también a quienes permanecen en sus comunidades; a quienes pueden desplazarse y a quienes ya no pueden hacerlo; a quienes anuncian, acompañan y sirven; y a quienes sostienen silenciosamente la misión mediante su oración. De manera especial, el texto menciona a los hermanos mayores y enfermos.
La conclusión se expresa en una frase sencilla:
“Todos somos misioneros cuando ponemos nuestra vida a disposición de Dios”.
Por eso, uno de los desafíos que deja el Sínodo es conseguir que la experiencia de las misiones no permanezca escondida. Los sinodales piden que entre “en nuestras conversaciones, en nuestras comunidades, en nuestra formación y en el corazón de nuestras nuevas generaciones”.
También llaman a contar las historias misioneras. No para construir figuras idealizadas, sino para que los jóvenes puedan descubrir que entregar la vida por el Evangelio continúa teniendo sentido:
“Necesitamos contar nuestras historias misioneras. No para fabricar héroes inalcanzables, sino para que nuestros jóvenes puedan descubrir que entregar la vida, salir de sí mismo y aventurarse por el Evangelio sigue siendo algo hermoso, valioso y posible”.
El discernimiento realizado durante estos días queda condensado finalmente en una afirmación llamada a prolongarse más allá de Río de Janeiro:
“La misión no es una geografía. Es nuestra identidad”.
Un agradecimiento antes de la clausura
Después de la votación del documento final, fray Ismael Xuruc tomó la palabra para agradecer el trabajo de quienes han participado y hecho posible el Sínodo.
En primer lugar, agradeció al Prior General, fray Miguel Ángel Hernández, su presencia y su implicación constante en el proceso sinodal, así como el servicio realizado como moderador durante las sesiones.
También expresó su gratitud a los misioneros, que viajaron hasta Río de Janeiro desde diferentes lugares para poner sus experiencias, dificultades, esperanzas y testimonios al servicio del discernimiento común.
Fray Ismael agradeció igualmente a Mons. Alejandro Castaño su presencia y acompañamiento durante el encuentro; a fray René González, por encargarse de la logística; y a fray Jesús Emmanuel Mendoza, por asumir la responsabilidad de la Secretaría del Sínodo.
El agradecimiento se extendió a fray Alfonso Dávila, director de Comunicación de la Orden, por el apoyo logístico y comunicativo del encuentro, y a Vanessa Pagiola, por su colaboración en comunicación y en la traducción al portugués de los documentos utilizados durante el Sínodo.
Fray Ismael terminó sus palabras volviendo nuevamente a los misioneros y agradeciéndoles su entrega cotidiana al servicio de la Iglesia y de los pueblos en los que la Familia Agustino Recoleta está presente.
Con la votación ha terminado el trabajo de la Asamblea, pero todavía queda el último acto del encuentro. En las próximas horas, el Prior General presidirá la Eucaristía de clausura, con la que concluirá formalmente el Sínodo Misionero Agustino Recoleto.
El mensaje enviado a toda la Familia Agustino Recoleta termina poniendo este camino bajo la intercesión de la Madre de la Consolación, patrona de la Orden y “primera misionera”, y pidiendo que ayude a todos a “avivar el fuego recibido”.






