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San Ezequiel vuelve a su parroquia de Calapan, convertida en catedral 150 años después

El santo recoleto es entronizado con una imagen con reliquia en la Catedral del Santo Niño de la nueva Diócesis de Calapan. San Ezequiel celebró allí su primera misa muy poco después de haber llegado como misionero a Filipinas desde España.
San Ezequiel Moreno vuelve a Calapan, Mindoro, Filipinas. Agosto 2026.

Con motivo de la erección de la Diócesis de Calapan (Mindoro, Filipinas), la comunidad del Noviciado San Ezequiel Moreno – Recoletos de Antipolo donó una reliquia de primera clase de san Ezequiel Moreno a la Catedral del Santo Niño, un acontecimiento para la nueva Diócesis y para la Familia Agustino-Recoleta. Ezequiel volvía a su primera comunidad parroquial, donde el 6 de junio de 1871 celebró su primera misa.

Llegó dispuesto a aprender tagalo con la ayuda de su hermano Eustaquio, que era vicario provincial de Mindoro (1870-1973). Durante los siguientes tres años (1873-1876) Ezequiel tuvo en Calapan el centro de su vida, donde no solo predicaba o celebraba los sacramentos: atendía emergencias, promovía nuevas misiones o se preocupaba por la situación de los manguianes, las ocho etnias indígenas de Mindoro, que mantienen aún hoy su propia lengua, escritura y costumbres.

Cuando llegó en marzo de 1873, Ezequiel tenía 27 años. Ya había conocido las primeras dificultades del Archipiélago filipino, pero Mindoro añadía desafíos: territorio extenso, población dispersa, aislamiento por ríos, pantanos y montañas, navegación complicada entre islas… Todo un aprendizaje para lo que vendría décadas después en Colombia, con problemas parecidos en cuanto al clima, transportes y apoyo a los misioneros.

Calapan era su base de operaciones. El 9 de mayo fue presentado como cura interino y desde el 14 de octubre amplió considerablemente sus tareas al ser nombrado vicario provincial y foráneo. Así fue hasta mediados de junio de 1876, hace justo 150 años.

Las dificultades de las comunicaciones se reflejan muy bien en las seis cartas que escribió desde Calapan. Antes de embarcarse era necesario consultar a los prácticos. La acción de corrientes, mareas y vientos podría impedir tanto la salida como el posterior regreso. No hacer bien el cálculo serían semanas más de ausencia o viaje.

En febrero de 1874 un baguio destruyó la iglesia de Naujan y dejó inhabitable la casa parroquial. Ezequiel habilitó una capilla provisional y planeó una nueva iglesia y una nueva casa parroquial de 17 varas por 13. No era una preocupación menor. Las infraestructuras eran necesarias para mantener la vida cristiana de toda la comunidad.

En 1875 Calapan sufrió temporales entre el 24 y el 31 de octubre con graves desperfectos en la techumbre de la iglesia, la sacristía y el convento. Ezequiel respondió de inmediato y con fondos de la iglesia compró nipa, caña y bejuco, pagó jornales, reparó los daños y mejoró la conservación futura eliminando tablas podridas y pintando todo el complejo.

Actuó antes de obtener la autorización y la curia no vio con buenos ojos que no presentase antes un presupuesto ni pidiese permiso. Ante un tejado que se caía, Ezequiel reparó primero y pidió permiso después; antepuso la necesidad de la comunidad a la burocracia con humildad, aceptando que no obró según lo estipulado.

Ezequiel en Calapan nunca estuvo recluido en casa. Visitaba las comunidades de Mindoro, participaba en las fiestas de los pueblos y hablaba con las autoridades civiles. El 18 de febrero de 1876 escribió un extenso informe sobre la necesidad de establecer más misiones en la isla, entre seis y ocho, al menos una en Santa Cruz, en Sablayan. Para que la misión fuera realmente eficaz, había que acercar más misioneros a la gente.

Enorme fue su preocupación por los manguianes. Ezequiel denuncia la explotación y engaños a los que eran sometidos. Considera que tiene una función de protección y de alertarles de los falsos contratos que en realidad los explotan. Busca vivir entre ellos, compartir sus dificultades, ayudarlos a organizarse. Intenta que valoren el fruto de su propio trabajo y eviten que otros se aprovechen de ellos. El misionero debe estar cerca de la gente y participar de sus problemas.

A mediados de junio de 1876 sale de Mindoro a otro destino. Había sido párroco, vicario foráneo, administrador, reconstructor y supervisor de obras, defensor de los vulnerables, organizador de ayuda tras emergencias climáticas y promotor de la presencia recoleta.

Las grandes responsabilidades que vendrían después a lo largo de toda su vida en tres continentes las cumplió desde ese mismo modo de entender la misión aprendido en Calapan: estar presente, resolver problemas, acompañar a los más vulnerables, apoyar a los misioneros y crear todas las condiciones para que la misión sea posible.

La recién creada Diócesis de Calapan cuenta con una población de poco más de un millón de habitantes, el 92% católicos. Tiene 25 parroquias, 54 sacerdotes diocesanos, 22 sacerdotes religiosos y 61 religiosas. La sede, Calapan, con 150.000 habitantes es la ciudad más poblada de Mindoro y de la nueva Diócesis. Está a unos 180 kilómetros de Manila. Aún hoy, para llegar a algunas comunidades, son necesarios desplazamientos de hasta tres horas por tierra y otras tantas de navegación.

Desde san Ezequiel Moreno, que inició aquí su vida misionera, generaciones de misioneros han garantizado la asistencia pastoral, la educación, el apoyo social, la defensa de la dignidad humana y la evangelización.

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