Educación y Juventud
Los misioneros vieron en la educación una vía de promoción de la dignidad. Crearon las primeras escuelas, lucharon contra el analfabetismo, establecieron espacios de ocio sano… La primera banda de música infanto-juvenil data de 1927 y para 1932 ya habían creado y gestionaban seis escuelas. En 1936 en Lábrea asistían a 90 alumnos.
El 1 de enero de 1937 las Misioneras Agustinas Recoletas abren la escuela femenina Nuestra Señora de la Consolación, que en 1938 tiene 97 alumnas. En 1942 Isidoro Irigoyen comienza a enseñar en su casa a los niños de Canutama y en 1957 inaugura el edificio escolar, para lo que inventa una máquina de ladrillos. En 1951 el recoleto Luis Montes construye la primera escuela de Pauiní y en 1964 los recoletos Vitório Cestaro y Augusto Novacki reciben madera de la Prelatura para construir una casa para los misioneros en Tapauá, pero deciden usarla para poder abrir la primera escuela.
En 1949 se abre en Lábrea el Educandário Santa Rita, desde 1954 gestionado por las Misioneras Agustinas Recoletas; en 1959 cuentan con 150 alumnos, 40 internos. Añaden en 1965 la alfabetización de adultos y el Atelier Santa Rita, con aulas de corte y costura y reparto de lo producido a los desfavorecidos.
En 1967 la Prelatura abre y encarga a los Maristas la primera Secundaria, San Agustín. Se completa así la infraestructura de todos los niveles educativos no superiores. En 1989 se transfiere a la Secretaría de Educación del Estado de Amazonas, pero dirigida por los Maristas, que añaden un polideportivo y formación profesional de carpintería.
En 1974, recién estrenada la hermandad entre la Prelatura de Lábrea y la Diócesis de Vitoria por la Conferencia Episcopal brasileña, un equipo de voluntarios de Vitória ofrece cursos de peluquería, estética, costura, cocina y primeros auxilios.
Ese mismo 1974 llegan a Tapauá los Maristas para gestionar la escuela urbana y asesorar en las escuelas rurales. Así, en 1975 hasta diez maristas atienden en la misión a 650 alumnos. En1984 la Prelatura educaba a 3.000 alumnos. Desde entonces va disminuyendo la responsabilidad según el Estado y los Municipios asumen su obligación.
Muchos misioneros agustinos recoletos han sido profesores de la red pública de enseñanza. Las escuelas completaban sus cuadros con docentes con titulación universitaria y los religiosos lograban contacto con toda la juventud local, ofreciendo un testimonio de compromiso y profesionalidad también a los no católicos.
En 1992 la mayoría de los ribereños y de los mayores de 40 años eran analfabetos y unos 600 niños y niñas seguían sin estar escolarizados. En 1996 el agustino recoleto Domingos Saladaga asume en Tapauá la coordinación municipal del proyecto del Gobierno Federal “Alfabetización solidaria”, centrado en los ribereños.
En 1993 la Prelatura señala a los menores de edad como prioridad pastoral. Crea los Centros Esperanza (Lábrea, 1994; Tapauá, 1998; Pauiní, 2001), espacios de ocio sano, aprendizaje y zona segura para medio millar de menores cada año. En Tapauá las Oblatas de la Asunción inauguran el Hogar del Niños y del Adolescente Hermana Rosa (LACIR), con talleres socioeducativos; y desde 2021 existe el Proyecto Gabriela de las Hermanas Josefinas en Belo Monte y Foz de Tapauá.
Desde finales de 2014 La Prelatura colabora con la Asociación de Padres y Amigos de Personas con Necesidades Especiales (APAE). Busca reforzar la educación especial, la eliminación de toda discriminación y la exigencia de políticas públicas para el colectivo.
Además de los edificios propiamente escolares, la Prelatura ha levantado centros polideportivos para una vida más sana y mejor socialización con valores.
Salud
Al menos desde 1932 está documentada la distribución de medicinas por parte de la Prelatura con la colaboración de Propaganda Fide, la Santa Infancia de París y varios ministerios recoletos de Venezuela. La mortalidad infantil era desesperante: el 50% de los nacidos no llegaban a superar los siete años de edad. El 44% de los fallecidos en la ciudad de Lábrea en 1962 fueron menores.
La Prelatura fue la única institución que veló por la salud pública hasta 1969. Se construyeron ambulatorios donde atendían los religiosos y se repartían medicinas con recursos de Adveniat (Alemania), Cáritas Estados Unidos y del programa Alianza para el Progreso de Estados Unidos; en 1964 fueron más de cien toneladas por valor de 8.650 dólares. El primer hospital de Lábrea (1969), aunque tuvo desde el inicio gestión pública, fue financiado por Misereor (Alemania) con un proyecto de los misioneros.
El agustino recoleto Jesús Fernández quedó en la memoria de Pauiní por su atención a los partos. Y en Pauiní y Tapauá, en los años 70, los recoletos gestionaron los servicios de salud municipales. Durante todo el siglo XX el libro Donde no hay médico estaba en los barcos de los misioneros para orientarlos en esta tarea en todas las zonas rurales.
Desde 1973 la Diócesis hermana de Vitoria ha colaborado en la atención médica con voluntarios y recursos. En la actualidad lo hace a través del barco hospital Laguna Negra, financiado en España en el año 2013 y gestionado por la Comunidad Epifanía, que organiza la campaña anual de visita a comunidades ribereñas e indígenas.
Un hito fue la atención a los hansenianos, obligados a vivir en barrios separados y con la entrada prohibida en comercios y bancos. En 1986 la Prelatura impulsa el Movimiento de Rehabilitación de Hansenianos (Morhan) y busca recursos para infraestructuras y dispensarios. Lograron apoyos de la Superintendência do Amazonas y de Alemania. Hoy Morhan se autogestiona y cuenta con apoyos de la Prelatura y la ONG Comité Ipiranga.
De 1993 una misionera agustina recoleta hizo un curso para implantar la Pastoral de la Infancia, que atiende a embarazadas y menores de 0 a 6 años. En siete años ya tenía 270 líderes y atendía 3.300 familias. Joyce Terezinha, enfermera de Vitoria, la llevó a toda la Prelatura entre 1998 y 2005. La medición y pesaje de los niños (“fiesta de la vida”), la formación en salud preventiva, los cuadernos de seguimiento y sus protocolos supervisados por la autoridad sanitaria salvaron miles de vidas.
En Pauiní, con la colaboración de Manos Unidas (España) y las Franciscanas de Manaos, se abrió en 2003 una farmacia natural gestionada por esta Pastoral. Las familias aprenden a luchar contra la desnutrición con productos y recetas locales y de bajo coste. En Tapauá llevaron un proyecto parecido las Oblatas de la Asunción.
La atención a los dependientes químicos se ha forjado desde 2006. Actualmente lo coordina la Pastoral de la Sobriedad. La Prelatura cuenta con un espacio de atención propio en zona rural integrado en la red Fazenda Esperança, de nombre San Agustín.
En 2008 comienza en Canutama la Pastoral de los Adultos Mayores. Extendida a toda la Prelatura, se organiza mediante visitas domiciliares a las personas de más de 60 años, comprobando si están acompañados y qué necesidades tienen.
En 2020 un proyecto de la Prelatura financia dos incubadoras para los hospitales municipales de Lábrea y Tapauá, material de urgencia para la emergencia de la COVID y un programa de entrega de filtros de potabilización a comunidades rurales.
Los misioneros han solido formar parte del Consejo de Salud de los municipios, aunque todavía puede hacerse mucho más en incidencia política. En Tapauá y Lábrea el 5% de los ingresos parroquiales van a un Fondo de Solidaridad para emergencias.








