El 19 de agosto, fiesta de san Ezequiel Moreno, el convento noviciado de los Agustinos Recoletos en Monteagudo (Navarra) se viste de gala en homenaje y honra del misionero, obispo y especial protector de los pacientes de cáncer, san Ezequiel Moreno, especialmente ligado a este lugar en vida y hoy centro de devoción y divulgación.
En Monteagudo el santo aprendió a buscar a Dios; años después, fue prior del convento y formador de misioneros; desde Monteagudo salió para reimplantar la Recolección Agustiniana en Colombia, al convento regresó para su entrega definitiva a Dios y aquí descansan sus restos y puede visitarse un memorial para conocerlo mejor.
A los 120 años del fallecimiento del santo, dos obispos visitaron a su hermano en el episcopado: el obispo auxiliar de Getafe (Madrid), José María Avendaño; y el obispo emérito de Alajuela (Costa Rica), el agustino recoleto Ángel San Casimiro. El templo estaba lleno en el contexto de las fiestas patronales locales de san Roque.
“Vengo con un motivo de gozo y vengo a pedir la intercesión de san Ezequiel y a dar gracias a Dios por su vida”. Avendaño habló sobre Ezequiel como testigo coherente y creíble: “¿Qué fue lo que sostuvo la vida de este hombre? ¿Qué secreto había en el corazón de Ezequiel Moreno para vivir con tanta intensidad su vocación religiosa, misionera y episcopal, y para afrontar finalmente la enfermedad y la muerte con fe?”.
La enfermedad ocupó un lugar destacado en la reflexión. Tras meses sufriendo y varias intervenciones quirúrgicas muy dolorosas, Ezequiel regresó a Monteagudo desahuciado por la medicina para terminar sus días junto a la Virgen del Camino. El predicador se refirió entonces a su propia experiencia: “Yo también hablo desde la experiencia. Desde el primer momento me encomendé a san Ezequiel. (…) Si tenemos que superar la enfermedad, que nos ayude a superarla; y, si no, que nos dé paz para vivirla”.
La Iglesia, recordó el obispo, está llamada a permanecer junto a quienes sufren, es más creíble cuando está “junto a la cama del enfermo, junto a una familia que espera un diagnóstico, junto al que atraviesa meses de tratamiento”. Y se dirigió a los enfermos: “No estáis solos. Cristo está con vosotros. Y cuando quizá no podáis rezar, dejad que otros recen por vosotros (…) La fe no consiste en no tener miedo; consiste en poder decir en medio del miedo: Señor, estoy en tus manos”. Y pidió que con los enfermos haya “menos discursos y más presencia; menos explicaciones y más ternura; menos prisas y más escucha”, porque “la mejor homilía es simplemente no abandonar a quien sufre”.
En Monteagudo residen quince jóvenes que pocos días antes comenzaron su experiencia de noviciado en la vida consagrada agustino-recoleta. El obispo les invitó a cuidar la vocación que Dios hace nacer en sus corazones y a no distraerse de esa llamada. Y destacó un texto del santo que los novicios cantarían después en la comunión con música de Javier Royo, cuya frase principal es “Yo te amo, Jesús”.
Por último, Avendaño resumió el legado de san Ezequiel en mantener siempre tres dimensiones: un corazón agustiniano que busque a Dios; un corazón misionero que anuncie a Cristo; un corazón de pastor que se acerca a las heridas de la humanidad.
El convento recoleto fue durante todo el día un lugar de acogida para cuantos querían encomendarse al santo. Al final del día se proyectó el documental “La forja de un santo”, biopic del santo recoleto.




















