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En la fiesta de san Nicolás, fray Carlos González propone tres faros: amor, pobres y conversión

En la fiesta de san Nicolás de Tolentino, fray Carlos González propone tres faros para el nuevo trienio 2026-2029: amor, pobres y conversión.
Fray Carlos González Castellanos, prior provincial de la Provincia San Nicolás de Tolentino, saluda al Santo Padre en su visita a España.

En la fiesta de san Nicolás de Tolentino, fray Carlos González Castellanos, prior provincial de la Provincia San Nicolás de Tolentino, propone tres faros para iluminar el nuevo trienio 2026-2029: vivir el mandamiento del amor, prestar una atención especial a los pobres y entrar decididamente en un proceso de conversión misionera y vocacional.

“Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas… Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor que estos” (Mc 12,30-31).

Con la alegría que Jesús resucitado me regala, quiero enviar un saludo cariñoso a todos los religiosos y laicos de la Familia Agustino Recoleta en la fiesta de san Nicolás de Tolentino, patrón de nuestra Provincia.

Como cada año, celebrar la fiesta de nuestro patrono es también una oportunidad para detenernos y agradecer a Dios providente todos los regalos que nos ha concedido. Han sido muchos y variados, y nos han nutrido en el seguimiento de Jesucristo, Dios compasivo y misericordioso.

Tenemos mucho que agradecer: los cien años de servicio misionero generoso y fiel en Lábrea; este año proclamado en la Orden como año misionero; los religiosos y laicos que se desgastan con pasión anunciando el amor de Jesucristo; el Sínodo misionero que se prepara en Río de Janeiro; las Asambleas zonales como ejercicio de diálogo y discernimiento; y el 129.º capítulo provincial, que nos ha impulsado a consolidar comunidades locales más fraternas y misioneras y a priorizar la pastoral vocacional.

Damos gracias también por el año jubilar en el que fuimos peregrinos de esperanza; por la nueva página web de la Orden; por nuestros hermanos que hicieron el viaje grande hacia la Casa del Padre; por la fidelidad de quienes celebraron sus 25 y 50 años de vida religiosa; por los 50 años de labor educativa del colegio Romareda; y por las 43 comunidades locales y los 268 religiosos que formamos actualmente la Provincia.

Y agradecemos especialmente la esperanza que representan los siete novicios reunidos en Monteagudo y los jóvenes de nuestras casas de formación; el carisma que compartimos con las religiosas agustinas recoletas de vida contemplativa y activa; los sueños, la creatividad y la pasión de las fraternidades seglares y de nuestros grupos juveniles; las Madres Cristianas Santa Mónica, que oran por sus hijos; y tantos otros beneficios que proceden del corazón compasivo de Dios.

Al comenzar este trienio 2026-2029, quisiera proponer tres faros que iluminen nuestro caminar: el mandamiento del amor, la atención especial a los pobres y el proceso de conversión.

El mandamiento del amor: hacer visible lo que Dios es

El amor mutuo forma parte de la esencia de Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. El núcleo del mensaje de las Sagradas Escrituras está precisamente ahí: Dios es amor y pone en práctica su proyecto de amor ilimitado en favor de la humanidad.

La encarnación de Jesucristo, su muerte en la cruz y su resurrección son el gran testimonio de ese amor.

San Nicolás de Tolentino fue un discípulo aventajado del maestro Jesucristo en la vivencia del mandamiento del amor. Mantuvo un trato cordial y prolongado con Dios en la Eucaristía y en la oración; fue afable, generoso y comprensivo con sus hermanos de comunidad; y se mostró caritativo, amable, delicado y bondadoso con las personas con las que se relacionaba, especialmente con los más necesitados.

El Evangelio nos muestra el estilo del amor de Dios y nos invita a hacerlo nuestro. Quien ama quiere arrastrar a todos al amor de Dios, porque el amor se contagia, se expande.

Dejar que los pobres toquen nuestro corazón

Los pobres fueron una opción fundamental de Cristo. Él les dio un lugar especial en su corazón. Como buen samaritano, implantó su Reino de amor atendiendo a enfermos, desorientados, pecadores, buscadores de la verdad y todo tipo de necesitados.

También san Nicolás aprendió desde niño esta forma de vivir. Sus padres, Amada y Compagnone, lo educaron en la práctica solidaria de dar limosna a los pobres. La caridad hacia los más necesitados se convirtió así en una actitud fundamental de su vida: atendía a enfermos, ancianos, abandonados y pobres porque quería ser fiel al corazón de Dios.

Hoy nosotros oramos y trabajamos por quienes viven en las periferias geográficas, existenciales y espirituales.

El amor a los pobres no es algo accesorio. Es una opción propia de quienes seguimos a Jesucristo desde cualquier carisma. Por eso, permitamos que los pobres toquen nuestro corazón.

Una conversión misionera y vocacional

El tercer faro es la conversión. Para realizar un verdadero proceso de conversión necesitamos la fuerza del amor, pero también acciones concretas inspiradas en los valores del Evangelio y capaces de romper nuestras actitudes egoístas.

La conversión tiene muchos caminos: es personal y comunitaria; pastoral, misionera, ecológica y vocacional. Pero quisiera que cuidáramos de manera especial dos dimensiones: la conversión misionera y la conversión a la cultura vocacional.

La conversión misionera nos pide disponer el corazón para ser más sensibles a quienes no conocen a Jesucristo o lo conocen pobremente. Nos impulsa a compartir los grandes valores de su Reino de amor y a convertirnos en misioneros del amor de Dios junto a aquellos hermanos que permanecen marginados de la riqueza económica, cultural, moral o espiritual.

La conversión a la cultura vocacional, por su parte, exige una opción valiente. Significa dedicar nuestro tiempo y nuestros talentos a acompañar a niños, adolescentes y jóvenes que están inquietos por el sentido de su existencia, que quieren vivir los valores cristianos y que buscan descubrir el estado de vida al que Dios los llama.

En esta fiesta, pidamos a san Nicolás de Tolentino su intercesión para que siga siendo la estrella que ilumine el caminar de nuestra familia.

Y pidamos a Jesucristo, maestro y Señor de Nicolás de Tolentino y también nuestro, que siga siendo para nosotros la fuente del amor y de la conversión que necesitamos para seguirlo.

Que Él nos ayude a apostar decididamente por comunidades locales fraternas y misioneras, comprometidas con la cultura vocacional, pobres y para los pobres.

Fray Carlos González Castellanos
Prior provincial de la Provincia San Nicolás de Tolentino

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