Skip to content Skip to sidebar Skip to footer

¿Quién es San Óscar Romero?: el obispo mártir que recordó el Papa León XIV en la Misa Crismal

San Óscar Romero, arzobispo mártir de El Salvador, fue recordado por el Papa en la Misa Crismal como testigo de entrega total a Dios y al pueblo. Su figura, profundamente vinculada a la experiencia de los Agustinos Recoletos, sigue iluminando la misión pastoral y evangelizadora de la Iglesia.
Monseñor Óscar Romero

Con motivo de la referencia del Papa León a san Óscar Romero en la homilía de la Misa Crismal celebrada en la basílica de San Pedro, desde Recoletos.org hemos conversado con fray Teodoro Baztán, religioso agustino recoleto de la Provincia de Nuestra Señora de la Candelaria, quien tuvo el honor de conocer personalmente al santo apenas tres meses antes de su muerte. Su testimonio directo nos acerca a la humanidad, la valentía y la profunda entrega pastoral del arzobispo mártir de El Salvador.

Un mártir recordado en el corazón de la Iglesia

En la Misa Crismal celebrada en la basílica de San Pedro, el Papa León ha querido poner ante los sacerdotes del mundo la figura luminosa de san Óscar Romero. No lo ha hecho desde la nostalgia, sino desde la actualidad de su testimonio. Recordando unas palabras escritas un mes antes de su martirio, el Santo Padre ha subrayado la profundidad espiritual de un pastor que vivió en total abandono en Dios:

“Me basta para estar feliz y confiado saber con seguridad que en él está mi vida y mi muerte…”.

No es solo una frase. Es un programa de vida. Romero no improvisa su entrega en el momento final: la ha ido tejiendo día a día en la fidelidad, en la oración y en el contacto real con su pueblo.

Su martirio, acontecido mientras celebraba la Eucaristía, no es un accidente trágico, sino la culminación de una existencia ofrecida. Como Cristo, dio la vida por su pueblo.

Un pastor cercano al pueblo: la memoria viva de un Recoleto

La figura de san Óscar Romero no es ajena a la historia y misión de los Agustinos Recoletos. Fray Teodoro Baztán, religioso de la Provincia Nuestra Señora de la candelaria, tuvo la gracia de conocerlo personalmente en 1980, mientras servia como Prior Provincial de la entonces Provincia Nuestra Señora de la Consolación, apenas tres meses antes de su asesinato.

El encuentro tuvo lugar en el hospital donde vivía el arzobispo, rodeado de enfermos y religiosas, en una vida austera y profundamente evangélica. Aquel espacio no era solo residencia: era signo de su opción preferencial por los pobres. Allí oraba, preparaba sus homilías y recibía a los pobres, a los perseguidos y a quienes buscaban consuelo.

Gracias a la mediación de fray Fermín Moriones, también agustino recoleto, fray Teodoro pudo conversar durante más de una hora con Romero. No fue una conversación superficial: hablaron de la situación del país, del sufrimiento del pueblo, del compromiso de la Iglesia y de la evangelización en contextos de injusticia.

“Tengo miedo, pero daría la vida por los pobres”

Uno de los recuerdos más significativos que conserva fray Teodoro Baztán es la sinceridad desarmante de Romero. Le confesó sin rodeos: tenía miedo a la muerte. Pero ese miedo no lo paralizaba. Al contrario, lo situaba en la verdad de su condición humana.

Vivia entregado a su Pueblo y confiado en el amor de Dios:

“No me importaría morir por el pueblo reprimido y machacado, por los más pobres”.

No es el lenguaje de un héroe abstracto, sino el de un pastor que conoce a su pueblo, que lo ama y que se sabe responsable de él.

Un día entre campesinos: la alegría del Evangelio

Durante aquella visita, Romero invitó a fray Teodoro a acompañarle a una comunidad campesina. El trayecto, realizado en un jeep junto a jóvenes catequistas, no estaba exento de riesgo. El contexto de violencia hacía temer encuentros con la guerrilla.

Sin embargo, lo que vivieron fue una auténtica fiesta. El pueblo se alegraba de tener a su pastor. La Eucaristía se convertía en celebración de vida, en medio de la pobreza y la incertidumbre.

Romero se mostraba cercano, sencillo, atento. Escuchaba a todos, anotaba, acogía el dolor de las madres, las historias de violencia, las heridas abiertas de su pueblo. Y todo eso lo llevaba después al púlpito.

La homilía como conciencia de un pueblo

Uno de los rasgos más impresionantes del ministerio de san Óscar Romero era su predicación. Como recuerda fray Teodoro:

“Su homilía dominical se escuchaba en todos los rincones del país; y también en los cuarteles; y en las mansiones de los mandamases”.

No era una predicación genérica, ni edulcorada. Era concreta, encarnada, profética. Denunciaba la injusticia, nombraba el sufrimiento, exigía justicia y anunciaba el Evangelio con fuerza.

El país se detenía para escucharle. Porque en su voz resonaba algo más que opinión: era la voz de los pobres, la voz de la Iglesia, la voz del profeta.

Un testimonio que interpela hoy a la Iglesia

El Papa León ha querido traer a Romero al presente porque su figura sigue siendo necesaria. En un tiempo donde la tentación puede ser la comodidad o la neutralidad, el arzobispo mártir recuerda que el pastor está llamado a dar la vida.

Su muerte durante la Eucaristía no es solo un dato biográfico: es una clave teológica. Romero muere en el altar porque había hecho de su vida una ofrenda. Como Cristo, su sangre se une al sacrificio redentor.

Para los Agustinos Recoletos, este testimonio tiene una resonancia especial. No solo por el encuentro histórico narrado por fray Teodoro Baztán, sino porque expresa una espiritualidad agustiniana: vivir en la verdad, amar sin medida, entregarse al servicio del pueblo.

La voz que no ha sido silenciada

Las balas que acabaron con su vida no han logrado apagar su voz. Como él mismo dijo:

“Si me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño”.

Y así ha sido. Su palabra sigue viva en la Iglesia, en la memoria de los pobres, en la conciencia de quienes buscan justicia. También en la Familia Agustino Recoleta, que reconoce en él a un testigo del Evangelio vivido hasta las últimas consecuencias.

Hoy, al recordarlo en la Misa Crismal, la Iglesia no mira al pasado. Se deja interpelar. Porque Romero no es solo un mártir de ayer: es una llamada para hoy.

“Su homilía dominical se escuchaba en todos los rincones del país; y también en los cuarteles; y en las mansiones de los mandamases”

Papa León XIV en Jueves Santo: “La misión cristiana comienza con el desprendimiento, el encuentro y la cruz”

Compartir:

Únete a nuestra newsletter