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«Buscamos a Dios juntos, siempre juntos»: el prior general celebra a san Agustín en Las Rozas

El prior general celebra a san Agustín en la casa de formación de Las Rozas y centra su homilía en la búsqueda de Dios, la fraternidad y el acompañamiento.
San Agustin 2026

La búsqueda de Dios, la vida fraterna y el acompañamiento centraron la homilía pronunciada ante los diez formandos de la comunidad, una veintena de sacerdotes y miembros de la Fraternidad Seglar.

«Buscamos a Dios juntos, siempre juntos»: el prior general celebra a san Agustín en Las Rozas

El prior general celebró la solemnidad de Nuestro Padre san Agustín en la Casa de Formación San Agustín de Las Rozas de Madrid, perteneciente a la Provincia de San Nicolás de Tolentino. En su homilía presentó al santo como un buscador incansable de la verdad y exhortó a los jóvenes religiosos a dejarse acompañar, vivir la fraternidad y prepararse para entregar la vida.

La celebración reunió a los diez formandos de la comunidad y a una veintena de sacerdotes, entre frailes agustinos recoletos y sacerdotes diocesanos cercanos a la casa. También participaron miembros de la Fraternidad Seglar vinculada a esta comunidad.

Entre los concelebrantes se encontraban don César Vázquez, vicario parroquial de San Miguel Arcángel de Las Rozas, parroquia a la que pertenece la comunidad religiosa, y don Jesús González Alemany, vicario episcopal de la Vicaría VII del Arzobispado de Madrid.

San Agustín, un hombre que nunca dejó de buscar

«Agustín fue, ante todo, un hombre que buscó», afirmó el prior general al comienzo de la homilía. Buscó la felicidad, la verdad, el sentido de su vida y aquello que pudiera llenar de alegría y paz su corazón.

San Agustín buscó en la filosofía, la astrología, la elocuencia, el éxito, el reconocimiento, las relaciones, el placer y el conocimiento. Muchas propuestas le prometieron la felicidad, pero ninguna consiguió darle descanso.

«Y quizá ahí comienza la grandeza de Agustín: nunca dejó de buscar», señaló el prior general. Incluso cuando se equivocaba o recorría caminos que más tarde descubriría que no eran los suyos, continuaba buscando. Aunque se alejara de Dios, Dios no dejó de trabajar en él.

Finalmente comprendió que aquello que buscaba fuera se encontraba más cerca de él que él mismo. Descubrió que Dios llevaba mucho tiempo esperándolo en lo más profundo de su corazón.

Aprender a desear a Dios

El prior general puso el deseo en el centro de la experiencia espiritual de san Agustín. El santo fue un hombre de grandes deseos, pero tuvo que aprender a purificarlos y orientarlos correctamente.

«No basta con desear mucho, hay que aprender a desear bien; hay que aprender qué es lo que merece ser deseado», explicó.

El corazón humano puede alcanzar el éxito, acumular conocimientos, recibir afecto y emprender numerosos proyectos y, sin embargo, continuar vacío. San Agustín descubrió que existía un deseo más profundo que todos los demás: «el deseo de Dios».

Cuando ese deseo encontró su verdadero destino, toda su vida comenzó a ordenarse. La experiencia agustiniana invita así a buscar la verdad con un corazón inquieto y a reconocer que solamente Dios puede responder plenamente a los anhelos más profundos del ser humano.

«Lo buscamos juntos, siempre juntos»

El encuentro con Cristo no convirtió a san Agustín en un hombre aislado, sino que lo condujo hacia los hermanos. Su experiencia de Dios estuvo siempre acompañada por una profunda experiencia de comunión.

Inspirado en la primera comunidad cristiana de Jerusalén, san Agustín propuso una vida común sostenida por la escucha de la Palabra, la Eucaristía, la oración, la fraternidad, el compartir los bienes y la preocupación por los demás.

El prior general recordó que ser agustino recoleto implica una manera concreta de vivir y buscar a Dios: «Lo buscamos en la oración, en la Eucaristía, en la Palabra, en las dificultades de la vida comunitaria, pero lo buscamos juntos, siempre juntos».

La celebración de la solemnidad de san Agustín en Las Rozas fue una expresión de esta comunión. Formandos, religiosos, sacerdotes diocesanos y miembros de la Fraternidad Seglar se reunieron como una sola familia para celebrar al padre espiritual de la Orden.

Perseverar en medio de las dificultades

La perseverancia fue otro de los temas centrales de la homilía. El prior general recordó que san Agustín «no fue un santo construido de una pieza», sino que su camino estuvo lleno de búsquedas, dudas, luchas, errores, decisiones y conversiones.

Precisamente por eso, su experiencia continúa resultando cercana. San Agustín no habla desde la perfección de quien nunca encontró dificultades, sino desde la vida de una persona que «no dejó de caminar» y que tuvo que levantarse muchas veces.

A la luz del Evangelio, el prior general recordó las palabras de Jesús: «Yo soy la puerta» y «Yo soy el buen Pastor». Agustín llamó a muchas puertas hasta encontrar a Cristo, el pastor que lo conoce, lo ama, lo conduce y lo acompaña.

«Agustín buscaba la verdad y terminó descubriendo que la Verdad tenía un rostro: el rostro de Cristo», afirmó.

Dejarse acompañar para acompañar

El acompañamiento ocupó una parte destacada de la reflexión. El prior general recordó que san Agustín no llegó solo hasta Cristo, sino que Dios se sirvió de personas concretas para conducirlo.

Su madre Mónica, Ambrosio, Simpliciano, Alipio, sus amigos y la propia Iglesia acompañaron sus búsquedas y lo ayudaron a discernir el camino.

«Agustín fue un hombre acompañado. Y precisamente porque se dejó acompañar, pudo convertirse después en un hombre capaz de acompañar a otros», explicó el prior general.

Siguiendo el ejemplo de Jesús, Buen Pastor, el acompañamiento cristiano no consiste en controlar, dominar o crear dependencia. «Acompañar es dar la vida. Es escuchar. Es caminar al lado. Es tener paciencia. Es ayudar a discernir», señaló.

También significa corregir cuando sea necesario, esperar cuando todavía no ha llegado el momento y alegrarse cuando el otro crece. «El verdadero acompañante no conduce hacia sí mismo, conduce hacia Cristo», subrayó.

Un mensaje especial para los jóvenes formandos

Al final de la homilía, el prior general dirigió unas palabras especiales a los jóvenes profesos simples de la Casa de Formación San Agustín.

«Queridos jóvenes, profesos simples, no tengáis prisa por llegar», les pidió. Los animó a aprender a caminar, escuchar, dejarse ayudar, conocer su propio corazón, buscar a Dios y vivir con los hermanos.

Llegará el día, añadió, en el que otras personas necesitarán recibir de ellos aquello que ahora están recibiendo de sus formadores, acompañantes y hermanos de comunidad.

El prior general recordó que esta etapa no tiene como única finalidad prepararlos para ejercer un ministerio. Su propósito más profundo es «prepararos para entregar la vida: como Cristo, como Pablo, como Agustín».

La celebración concluyó con una invitación a recuperar el deseo de Dios, perseverar cuando el camino se hace difícil, vivir la fraternidad y «dejarnos acompañar para poder acompañar» a las personas que el Señor confíe a cada uno.

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