La versión en portugués de Vatican News dedica una entrevista a Victoria Bar, miembro de la Comunidad de Madres Cristianas Santa Mónica de Río de Janeiro. Su testimonio muestra cómo la oración, la formación y la vida compartida ayudan a las madres a acompañar con esperanza el camino de sus hijos.
Con motivo de la memoria litúrgica de santa Mónica, la edición portuguesa de Vatican News ha publicado una entrevista realizada por la periodista Poliana Ferreira a Victoria Bar, madre de cinco hijos y miembro de la Comunidad de Madres Cristianas Santa Mónica en Río de Janeiro, Brasil.
La conversación presenta la espiritualidad y el funcionamiento de las conocidas como Madres Mónicas, mujeres que, siguiendo el ejemplo de la madre de san Agustín, se unen para rezar por la fe y la vida de sus hijos y de sus familias.
Dos generaciones de Madres Mónicas
La relación de Victoria con la espiritualidad agustiniana comenzó en 1994, cuando ingresó en el Colegio San Agustín de Leblon. Años después, su familia se trasladó a Barra da Tijuca y comenzó a frecuentar el Colegio San Agustín–Novo Leblon.
Fue entonces cuando su madre, Adriana, entró a formar parte de la Comunidad de Madres Cristianas Santa Mónica. Victoria, por su parte, participó en las Juventudes Agustino Recoletas (JAR), donde fue creciendo su vinculación con el carisma agustiniano.
Con el paso del tiempo, al casarse y convertirse también en madre, Victoria descubrió que aquella comunidad que había conocido a través de su propia madre tenía ahora mucho que ofrecerle. Su director espiritual, fray Francisco José Ariza Bertos, la animó a formar junto con algunas amigas un nuevo coro de Madres Mónicas. Tras completar la preparación, recibieron la imposición de las medallas en 2016.
La historia de Adriana y Victoria representa así dos generaciones de mujeres unidas por una misma misión: confiar a Dios la vida de sus hijos mediante una oración perseverante.
Una madre reza cada día por todos los hijos
En la entrevista, Victoria explica que cada coro está formado tradicionalmente por siete madres. Cada una asume un día de la semana para rezar por todos los hijos del grupo, de manera que la oración se mantenga viva todos los días.
Esta dinámica ofrece a las madres la certeza de que sus hijos están siendo presentados continuamente ante el Señor, incluso en aquellos momentos en los que las preocupaciones o las obligaciones cotidianas dificultan la oración personal.
Pero las Madres Mónicas son mucho más que un grupo de oración. Entre ellas se crea una verdadera comunidad en la que pueden compartir las alegrías, preocupaciones y dificultades de la maternidad. La formación también ocupa un lugar central, con encuentros para conocer mejor a santa Mónica, la vida de san Agustín y la espiritualidad agustiniana.
En Barra da Tijuca, la comunidad celebra habitualmente su eucaristía mensual el día 27, en recuerdo de la fiesta de santa Mónica, que la Iglesia conmemora cada 27 de agosto. Antes de la celebración se ofrece un espacio formativo para las participantes.
La oración que sostiene la maternidad
Como madre de cinco hijos, Victoria presenta la maternidad como un gran tesoro confiado por Dios. Educar, señala, no consiste únicamente en preparar buenos ciudadanos, sino también en ayudar a crecer a hombres y mujeres de bien, capaces de afrontar los desafíos del mundo desde la fe.
Santa Mónica se convierte para ella en un modelo de esperanza y perseverancia, especialmente durante la adolescencia de sus hijos, cuando las madres descubren que no pueden estar presentes en todos los momentos ni evitar todas las dificultades.
En esas circunstancias, la oración permite confiar en que Dios sigue acompañando a cada hijo. El ejemplo de la madre de san Agustín recuerda que ninguna plegaria ofrecida con amor es inútil: «Es imposible perder a un hijo después de tantas lágrimas».
Un regalo recibido el día de santa Mónica
Victoria comparte también con Vatican News una experiencia especialmente significativa. Durante la semana 34 de su primer embarazo sintió que algo no iba bien. Aunque no existían señales evidentes, acudió al hospital y los médicos comprobaron que el bebé estaba sufriendo. Fue necesario practicar una cesárea de urgencia.
El niño nació con vida, pero tuvo que permanecer ingresado en cuidados intensivos. Victoria también atravesó un parto difícil y necesitó una transfusión de sangre. Tras recibir el alta, regresó a casa sin el hijo que tanto había esperado, mientras continuaba visitándolo y rezando para poder llevarlo pronto con ella.
La respuesta llegó el 27 de agosto, fiesta de santa Mónica, cuando su hijo recibió el alta hospitalaria. Desde entonces, esa fecha tiene para Victoria un doble significado: celebra a la santa que inspira su maternidad y agradece nuevamente la vida de su primogénito.
Al finalizar la entrevista, Victoria reconoce que, si pudiera encontrarse con santa Mónica, antes que formularle una pregunta querría abrazarla y agradecerle su ejemplo de fe. Solo después le confiaría una inquietud que resume la búsqueda de tantas madres cristianas: «¿Estoy en el camino correcto?».
La entrevista completa, realizada por Poliana Ferreira, puede leerse en la versión en portugués de Vatican News, medio al que agradecemos la información y los testimonios recogidos en este artículo. Los Agustinos Recoletos agradecemos al medio de comunicación oficial del Vaticano que se haya hecho eco de este ministerio en un día tan especial para toda la familia agustiniana.





