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Primera Vigilia Pascual del Papa León XIV: la luz que “expulsa el odio” y renueva el mundo

El Papa León XIV celebra por primera vez la Vigilia Pascual y bautiza a diez catecúmenos. Claves de su homilía con san Agustín en el centro.
Imagenes cedidas Vatican Media

En su primera Vigilia Pascual como Sucesor de Pedro, el Papa León XIV ha proclamado con fuerza que la Resurrección de Cristo “expulsa el odio” y abre caminos de paz para la humanidad. En una celebración marcada por la luz, el Bautismo de diez catecúmenos y la centralidad del pensamiento de san Agustín, el Santo Padre ha invitado a los cristianos a vivir el “aleluya” no solo con los labios, sino con la vida.

La primera Vigilia Pascual del Papa León XIV

La Basílica de San Pedro acogió una celebración de especial significado: la primera Vigilia Pascual presidida por el Papa León XIV. En el corazón de la noche santa, el Santo Padre proclamó con fuerza el núcleo de la fe cristiana: Cristo ha resucitado y su luz transforma la historia.

Desde el inicio de la homilía, retomando el Pregón pascual, el Papa situó el sentido profundo de la celebración:

«Esta noche santa […] expulsa el odio, trae la concordia, doblega a los poderosos».

No es solo una evocación litúrgica. Es la afirmación de que la Pascua actúa hoy, abriendo caminos de reconciliación, venciendo el mal y generando comunión.

El signo del Cirio pascual —del que todos reciben la luz— expresa esta verdad: una única luz que se difunde y convierte a la Iglesia en lámpara para el mundo.

San Agustín en el centro: una fe que se hace vida

En el núcleo de su predicación, el Papa León XIV situó la enseñanza de san Agustín, que ofrece una clave esencial para comprender la Pascua:

«Cantando con la vida el “aleluya” que proclamamos con los labios».

La Resurrección no puede quedarse en el ámbito de la celebración. Debe traducirse en vida concreta. El “aleluya” se convierte en existencia.

El Santo Padre subrayó también la dimensión eclesial del misterio pascual con otra expresión del obispo de Hipona:

«Muchos hombres y un hombre solo; muchos cristianos y un solo Cristo».

La Iglesia nace de la Pascua como comunión, como unidad en Cristo que abraza la diversidad.

Y de esa comunión brota la misión:

«Anuncia a Cristo; siembra […]. Esparce el Evangelio; lo que has concebido en tu corazón».

Tres claves de la homilía del Papa

1. La Pascua como nueva creación

 

El Papa propone una lectura de toda la historia de la salvación como un camino que culmina en la Resurrección. El mismo Dios que creó el mundo «sacando del caos el cosmos» recrea ahora la humanidad en Cristo.

La cruz revela el amor sin límites de Dios:

«¿Hay una caridad más grande, una gratuidad más total?».

La Pascua es el triunfo definitivo de la gracia sobre el pecado.

2. El amor de Dios vence el mal

 

En el relato evangélico, las mujeres ante el sepulcro encarnan la fe que vence el miedo. Allí descubren que:

(…) el amor de Dios es «más fuerte que cualquier poder del mal».

La piedra removida es el signo de esta victoria. Ninguna tumba puede encerrar la vida que viene de Dios.

Cristo resucitado abre siempre un horizonte nuevo.

3. Una misión para transformar el mundo

 

El Papa no elude la realidad de nuestro tiempo. Señala con claridad los “sepulcros” actuales:

«la desconfianza, el miedo, el egoísmo y el rencor», (…) así como «la guerra, la injusticia y el aislamiento entre pueblos y naciones».

Frente a ellos, el cristiano está llamado a actuar con la fuerza del Resucitado, viviendo y obrando con la gracia de Dios.

La Pascua es una tarea: remover piedras, construir paz, generar unidad.

Diez nuevos bautizados en la noche pascual

En esta celebración, el Papa León XIV administró el Bautismo a diez catecúmenos procedentes de distintas partes del mundo, signo visible de la universalidad de la Iglesia y de la fecundidad de la Pascua.

Como él mismo recordó:

«hoy renacen en Cristo para ser criaturas nuevas».

Estos nuevos cristianos representan a una Iglesia que sigue naciendo, que se renueva constantemente y que encuentra en la Pascua su fuente inagotable de vida.

La Pascua como tarea para hoy

La primera Vigilia Pascual del Papa León XIV no ha sido solo una celebración solemne, sino una llamada clara a vivir el misterio pascual en la vida cotidiana.

El Santo Padre invitó a no dejarnos paralizar por las “piedras” que pesan sobre nuestro tiempo, sino a removerlas con la fuerza del Resucitado, siguiendo el ejemplo de tantos hombres y mujeres que, a lo largo de la historia, han abierto caminos de bien.

En el centro permanece la enseñanza de san Agustín: vivir lo que creemos, anunciar lo que hemos recibido, cantar con la vida el aleluya pascual.

Porque solo así la luz de Cristo —encendida en la noche santa— podrá llegar a todos los rincones del mundo.

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