El Sínodo Misionero Agustino Recoleto ha llegado este jueves a uno de los momentos decisivos de su camino. Después de varios días dedicados a escuchar, compartir experiencias y reconocer juntos las llamadas que surgen de la realidad misionera de la Orden, los sinodales han celebrado la última iluminación de la etapa de escucha, dirigida por fray Simón Puertas, prior provincial de la Provincia Santo Tomás de Villanueva.
Su intervención estuvo dedicada al cuarto bloque del Instrumentum laboris: “Formación, economía evangélica y conversión misionera”, iluminado por las palabras de Jesús junto al pozo de Sicar: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió» (Jn 4,34).
¿Quién cuida al que cuida?
Fray Simón comenzó planteando una pregunta que atraviesa buena parte de lo escuchado durante estos días: “¿Quién cuida al que cuida?”. La misión puede estar sostenida muchas veces por personas sobrecargadas, que acompañan, sirven y responden a innumerables necesidades, pero que no siempre encuentran espacios donde compartir cómo están.
La reflexión recordó que cuidar a quienes sirven no es un añadido a la misión, sino una condición para que pueda mantenerse viva. Sin oración, fraternidad y espacios para detenerse ante Dios, el cansancio puede terminar debilitando el sentido mismo del servicio.
La imagen de Jesús cansado junto al pozo permitió profundizar todavía más en esta realidad: la misión no nace únicamente de nuestras fuerzas. Fray Simón puso también la mirada en el cántaro que la samaritana abandona después de encontrarse con Jesús. De ahí surgió una pregunta para toda la Asamblea: qué hacemos por fidelidad al carisma y a la misión y qué mantenemos simplemente porque “siempre se ha hecho así”.
Cuidado, bienes y formación permanente
La iluminación puso sobre la mesa cuatro tensiones concretas surgidas durante el proceso de escucha: el cansancio; la relación entre cuidado y ardor misionero; la economía evangélica; y la formación permanente.
Sobre el cuidado de las personas, fray Simón invitó a no enfrentar descanso y entrega. “Cuidado y ardor, ternura y sacrificio, no son contrarios; pero sostenerlos juntos exige discernimiento, no bandos”, señaló.
Especial atención recibió la relación de los religiosos con los bienes. Según explicó, fue uno de los asuntos que obtuvo menos respuestas durante la escucha previa al Sínodo. La cuestión económica, recordó, no puede entenderse únicamente como una responsabilidad administrativa: detrás de cada recurso existe también una responsabilidad evangélica y una oportunidad para amar.
También llamó a recuperar la formación permanente como una dimensión que acompaña toda la vida religiosa y misionera, evitando instalarse en la idea de que después de muchos años “ya se sabe suficiente”.
Frente a estas tensiones, la iluminación propuso tres direcciones para el discernimiento: cuidar la vida de las personas antes que las tareas sin perder la disponibilidad misionera; vivir una relación sobria, transparente y solidaria con los bienes; y asumir con valentía la conversión que exige la misión.
“La conversión misionera pasa del miedo a la confianza”, recogió fray Simón de una de las aportaciones realizadas durante la escucha. Una conversión que puede exigir decisiones concretas y, en ocasiones, dolorosas.
De la escucha al discernimiento
Terminada la iluminación, los sinodales comenzaron un nuevo diálogo en el Espíritu, dando espacio a la oración, la escucha y la palabra compartida.
La sesión concluyó con una serie de saludos que hicieron presente a distintos miembros de la Familia Agustino Recoleta en el camino sinodal. Los participantes escucharon los mensajes enviados por las Monjas Agustinas Recoletas de Lodwar, en Kenia, y de Morelia, en México; las Fraternidades Seglares Agustino Recoletas de México; el vicario de Venezuela, fray Alfredo Sánchez; y el equipo de comunicación de la Curia General.
Con esta sesión concluye la fase de iluminaciones que ha acompañado la etapa de escucha del Sínodo Misionero Agustino Recoleto. Esta tarde los sinodales mantendrán la última conversación en el Espíritu por círculos menores, un último espacio para compartir y discernir antes de entrar en una nueva fase.
Mañana comenzará la etapa de votación del documento final del Sínodo, en la que todo lo escuchado, orado y compartido durante estos días comenzará a concretarse en el texto que recogerá el discernimiento de la Asamblea sinodal.





