Del encuentro personal a la misión
La misión cristiana no nace de una estrategia ni de una tarea encomendada desde fuera. Nace del encuentro con Jesucristo. Esta fue una de las principales convicciones que acompañó el Retiro de la Fraternidad Seglar Agustino Recoleta (FSAR), celebrado del 29 al 31 de mayo en Cajamarca.
Bajo el lema del Año Misionero de los Agustinos Recoletos, «Anuncien a Cristo donde puedan», treinta y cuatro participantes procedentes de Lima, Arequipa, Chiclayo, Chota y Cajamarca compartieron jornadas de oración, silencio, reflexión y fraternidad.
A lo largo del retiro, los asistentes profundizaron en las figuras de la Samaritana y María Magdalena, dos mujeres que representan de manera ejemplar el itinerario de todo discípulo: encontrarse con Cristo, dejarse transformar por Él y convertirse en testigo de su presencia.
La Samaritana, después de escuchar a Jesús junto al pozo, abandonó el cántaro que había llevado consigo y corrió a compartir la noticia con su pueblo. María Magdalena, tras encontrarse con el Resucitado, recibió el encargo de anunciar a los discípulos que el Señor vivía. Ambas descubrieron que quien ha experimentado el amor de Dios no puede guardarlo para sí mismo.
Una espiritualidad que se convierte en testimonio
Desde la espiritualidad agustiniana, el anuncio del Evangelio comienza siempre en el interior del corazón. San Agustín comprendió que nadie puede comunicar aquello que no ha experimentado primero como gracia y encuentro.
Por ello, el retiro no estuvo centrado únicamente en la formación doctrinal o en las actividades programadas, sino en favorecer espacios de escucha, oración y discernimiento que ayudaran a los participantes a reconocer la acción de Dios en sus propias historias.
Las reflexiones compartidas permitieron descubrir que la misión no se limita a los grandes proyectos evangelizadores. También se vive en la familia, en el trabajo, en la comunidad, en la amistad y en cada lugar donde una persona puede convertirse en signo de esperanza para los demás.
En un mundo marcado con frecuencia por la indiferencia, el individualismo y el cansancio espiritual, la experiencia recordó que el primer anuncio sigue siendo el testimonio de una vida transformada por Cristo.
Una familia que camina unida
Uno de los aspectos más significativos del encuentro fue la participación activa de los jóvenes del Movimiento JAR, quienes colaboraron en la animación de las dinámicas, los cantos, los momentos de integración y la organización logística del retiro.
Su creatividad estuvo presente en los símbolos utilizados durante esos días, especialmente en la imagen del cántaro de la Samaritana, que acompañó diversas actividades y ayudó a expresar el camino interior que los participantes estaban recorriendo.
La convivencia entre miembros de la FSAR, Madres Mónicas y jóvenes JAR permitió experimentar la riqueza de una misma familia espiritual que comparte el carisma agustino-recoleto desde diferentes vocaciones y estados de vida.
Al concluir el retiro, los participantes regresaron a sus comunidades con una certeza renovada: la misión comienza allí donde una persona se deja encontrar por Cristo.
Como la Samaritana y María Magdalena, también ellos fueron enviados a anunciar con alegría una noticia que sigue transformando vidas: Cristo vive y continúa llamando a hombres y mujeres a ser testigos de su amor en el mundo.




