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“Los empobrecidos son un lugar teológico, Lábrea forma parte de la geografía religiosa del encuentro y seguimiento de Cristo”

El agustino recoleto Luis Antonio Fernández Aguado (Amayuelas de Abajo, Palencia, España, 1963) es misionero en Lábrea (Amazonas, Brasil) y ha participado en el último Capítulo de la Provincia.
Luis Antonio, misionero agustino recoleto.

Tras cien años de historia común entre los Agustinos Recoletos y la Amazonia brasileña, ¿qué representa esta misión para la Familia Agustino-Recoleta?

Llevo ya 27 años en esta Prelatura de Lábrea, en el Amazonas brasileño, cumpliendo el sueño de ser misionero que ya tenía desde niño. Creo que esta misión representa un gran desafío por sus características de aislamiento y sus dimensiones geográficas, por tantas particularidades eclesiales, sociales, culturales o ecológicas.

Es una de las regiones brasileñas con mayor índice de pobreza. Como seres humanos, como consagrados y como misioneros agustinos recoletos, Lábrea nos desafía porque hemos de superar aquí la tentación de “ir por el lado fácil”. A mí esta misión me ha enriquecido como ser humano, como persona y como consagrado.

Lábrea es una Iglesia muy viva por su propuesta de evangelización, su sentido de opción por los pobres y de liberación, por las Comunidades Eclesiales de Base. La gente pobre es aquí la protagonista, y toda esta visión se ha reforzado con el Sínodo de la Amazonia.

Espero que la Familia Agustino-Recoleta continúe apostando por Lábrea. A causa del Centenario he tenido que estudiar su historia, e impresiona mucho el ejemplo de muchos misioneros recoletos que me precedieron y que supieron combinar plenamente su ser agustinos recoletos y ser misioneros apasionados.

Destaco a uno de los primeros, fray Ignacio Martínez, quien con su juventud y reconociendo los enormes desafíos que tenía delante, no ahorró en su entrega. Parece a veces que algunos de mis hermanos agustinos recoletos perciben Lábrea como un problema, pero yo la veo como una solución y como algo que nos desafía a ser mejores.

En Lábrea es necesario tener una fuerte espiritualidad: pero eso no va precisamente en contra de ser agustino recoleto; también se necesita ser de fuerte carácter comunitario, pero el misionero, cuando se enfrenta a grandes distancias y a muchos días separado de sus hermanos en la selva, se sabe en misión en nombre de su comunidad. Ni siquiera es algo nuevo o propio de Lábrea: todo agustino recoleto hace su tarea ministerial en nombre de su comunidad.

¿Qué le dirías a un religioso que necesite reavivar su espíritu misionero o al que no le parezca atractivo una misión como la amazónica?

Si alguien tiene, por ejemplo, miedo de los bichos o de las enfermedades de la selva, pues esto forma parte de la misión. He estado en dos misiones, en Sierra Leona y en la Amazonia, y ya me avisaron que iría a padecer malaria. Claro que hay que cuidarse y protegerse, pero hay modos de enfrentar y superar eso, cada vez más fácilmente.

También hay que perder el miedo a otra cultura. La misión me ha enriquecido humanamente; estar en contacto con los empobrecidos, enriquece. Nos dan mil vueltas en valores evangélicos, como la confianza plena en Dios. Nosotros lo tenemos todo solucionado y allí ves una fe increíble en gente en situación de pobreza extrema, con dificultades familiares y de todo tipo. Y su fe los lleva a seguir adelante.

En la misión es cotidiano el compartir, la solidaridad, la resiliencia, una riqueza impresionante. También hay testimonios enormes de espiritualidad y de coraje evangélico, de quienes por ejemplo viven amenazados por denunciar los atentados contra la Casa Común, contra los pueblos originarios o la dignidad de todos.

La misión, en fin, me ha enriquecido como persona y como cristiano; y sin duda como religioso. Pienso, por ejemplo, que ese contacto continuado con los empobrecidos es un caso claro de “geopolítica religiosa”. La misión es el lugar natural ya no del agustino recoleto, sino de la vida consagrada.

La vida consagrada es seguir el modo de vida de Jesús en este mundo. Él fue pobre y quiso llegar a todos. Pues bien, la misión es un marco, lugar evangélico para el seguimiento de Jesús.

En la misión nunca se excluye a nadie. Tras 27 años entre ellos, puedo decir que los empobrecidos nos descolocan, nos sacan de cuajo de nuestra autorreferencialidad (y creo que los Agustinos Recoletos somos demasiado autorreferenciales), nos llevan a defender la Casa Común, la ecología y el amor a los hermanos y a la Creación.

¡No tengamos miedo a la misión! ¡Es un gran enriquecimiento vivir en ella!

¿Qué ha dejado en ti este centenario?

Mucho agradecimiento. Estamos agradecidos a los misioneros que pasaron antes que nosotros, y los de ahora también. Sigamos adelante con esta misión, asumamos sus desafíos, acojamos las enseñanzas del Sínodo de la Amazonia, apostemos por esta visión integral de la evangelización que reflejan los sueños del papa Francisco en su encíclica Querida Amazonia.

La Amazonia nos enseña que todo está unido: lo eclesial, lo cultural, lo ecológico, lo social, la evangelización, las pequeñas comunidades y las comunidades eclesiales de base, la defensa de la vida en todas sus dimensiones.

A todos los involucrados en esta misión, religiosos y laicos, ¡ánimo y adelante, sigamos enfrente!

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