El Capítulo Provincial terminó, pero algunas de las experiencias vividas durante aquellos días permiten seguir preguntándose por el camino que comienza ahora.
Una de ellas fue el encuentro de los capitulares con miembros de las distintas realidades de la Familia Agustino-Recoleta. Jóvenes, laicos y religiosos pudieron encontrarse, escucharse y poner en común diferentes maneras de vivir un mismo carisma.
Entre quienes participaron estuvieron Lucas y Gabriel, miembros de las Juventudes Agustino-Recoletas (JAR), y Rosana y Gustavo, de la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta. Los cuatro, procedentes de comunidades de Brasil, compartieron ante la cámara cómo vivieron aquella experiencia.
Sus testimonios no pretenden representar todas las voces presentes en el encuentro. Son cuatro miradas concretas que, sin embargo, permiten descubrir algunos de los frutos de aquella jornada: comunión, escucha, participación y el deseo de seguir construyendo juntos la vida de la Provincia.
Descubrir que el carisma nos une
Para Lucas, miembro de la Comunidad Sinaí de las JAR de Leblon, en Río de Janeiro, participar en este espacio significó, ante todo, descubrir otras realidades.
El encuentro le permitió conocer mejor tanto a las Juventudes Agustino-Recoletas como a la Fraternidad Seglar y acercarse a personas que viven el mismo carisma en lugares diferentes. También supuso una oportunidad para conocer a más religiosos y ampliar los vínculos dentro de la Provincia.
En medio de esa diversidad, Lucas destaca una experiencia que va más allá de las distancias geográficas: «Aunque estén lejos, vivimos juntos este corazón agustiniano».
Sus palabras apuntan a una de las experiencias centrales de la espiritualidad agustiniana: reconocerse parte de una comunidad que supera las fronteras de cada grupo o lugar concreto. La distancia existe, pero también existe un carisma compartido capaz de crear comunión.
Gabriel, miembro de la comunidad JAR Tabor de Leblon, pone el acento precisamente en esa dimensión comunitaria. Para él, participar significó poder escuchar lo que otros tenían que decir, colaborar en la celebración de la Eucaristía y, sobre todo, compartir la vida con los hermanos.
Cuando escuchar también es abrir espacio
La participación de los laicos adquirió también un significado especial durante el encuentro.
Rosana, miembro de la Fraternidad Beata Vicenta de San José y Compañeros Mártires, en Río de Janeiro, interpreta la convocatoria como un signo de la importancia que la Provincia concede a la integración de las diferentes vocaciones que forman parte de la Familia Agustino-Recoleta.
Para ella, contar con un espacio dentro del Capítulo fue algo «muy especial y muy significativo», porque manifestó una apertura concreta hacia los laicos agustinos recoletos.
No se trataba únicamente de estar presentes. La posibilidad de encontrarse con los capitulares, compartir experiencias y expresar la propia realidad convertía aquella presencia en una experiencia de escucha.
Rosana resumió el sentido de ese camino recurriendo a una expresión profundamente agustiniana: continuar avanzando «con una sola alma y un solo corazón dirigidos hacia Dios».
También Gustavo, miembro de la Fraternidad Seglar de Cachoeiro de Itapemirim, en Espírito Santo, destacó precisamente esa oportunidad de tomar la palabra.
Desde su experiencia, el encuentro permitió que los laicos pudieran «hablar un poco de su realidad como laicos». Una afirmación sencilla que revela uno de los desafíos que acompañan el camino de una Familia religiosa: crear espacios donde las distintas formas de vivir el mismo carisma puedan escucharse y enriquecerse mutuamente.
Después del Capítulo, esperar los frutos
El XXXVIII Capítulo Provincial concluyó, pero el discernimiento realizado durante aquellos días está llamado a traducirse ahora en decisiones, proyectos y formas concretas de vivir la misión.
Por eso, los testimonios de estos cuatro participantes no hablan únicamente de lo que ocurrió. También miran hacia aquello que puede venir.
Gustavo define lo vivido como «un tiempo de gracia para toda la Orden» y expresa su esperanza en los frutos que pueda suscitar el Espíritu Santo, especialmente para la Provincia Santo Tomás de Villanueva.
Quizá ahí se encuentre una de las claves para leer hoy aquel encuentro.
La participación de jóvenes y laicos no termina cuando acaba una jornada ni cuando se clausura un Capítulo. La comunión experimentada necesita convertirse en camino; la escucha, en diálogo permanente; y los espacios compartidos, en una forma cada vez más natural de reconocerse miembros de una misma Familia.
Lucas, Rosana, Gabriel y Gustavo son cuatro de las personas que participaron de aquella experiencia. Cuatro voces brasileñas entre muchas otras que forman la Provincia y que recuerdan que el carisma agustino recoleto se vive desde vocaciones, edades, comunidades y países diferentes.
Ahora comienza el tiempo de los frutos.






