Hay momentos en los que el silencio también forma parte de una conversación.
Así transcurren muchas de las jornadas del XXXVIII Capítulo Provincial de la Provincia Santo Tomás de Villanueva. Después de cada intervención llegan unos segundos de pausa. Nadie responde de inmediato. Algunos toman notas. Otros vuelven la mirada hacia los documentos que tienen delante. Hay quienes simplemente escuchan.
No es un silencio incómodo. Es el tiempo necesario para que la palabra del hermano encuentre espacio.
Quizá ahí comienza verdaderamente un Capítulo Provincial.
Mientras las comisiones avanzan en su trabajo y los capitulares continúan discerniendo los caminos que marcarán el futuro de la Provincia, empieza a hacerse visible un fruto que no aparece en las votaciones ni en los documentos: una comunidad que aprende a escucharse para buscar, juntos, la voluntad de Dios.
Esa impresión también se percibe en las conversaciones mantenidas con cuatro padres capitulares. Aunque provienen de países distintos y pertenecen a generaciones diferentes, sus testimonios convergen en una misma certeza: el futuro de la Provincia no se construye desde la imposición de ideas, sino desde la comunión.
Una fraternidad que nace de la escucha
Quienes observan el desarrollo del Capítulo podrían pensar que las largas sesiones están ocupadas únicamente por informes, análisis y propuestas. Sin embargo, quienes las viven desde dentro describen otra realidad.
Lo primero que aparece no son las decisiones, sino la fraternidad.
Fr. Luis González lo resume con una imagen sencilla, pero profundamente reveladora: “hay corazones abiertos a la escucha”. No se trata únicamente de oír lo que cada uno piensa, sino de interesarse sinceramente por la realidad que viven los hermanos en las distintas comunidades de la Provincia.
Ese clima de confianza permite que religiosos con trayectorias muy distintas compartan preocupaciones, desafíos e ilusiones con libertad. También explica que una Provincia presente en varios países pueda sentarse alrededor de una misma mesa para mirar el futuro sin dejar de reconocer la riqueza de su diversidad.
No es casualidad que, de los veintinueve capitulares, trece tengan menos de cincuenta años. La presencia de religiosos jóvenes, junto a quienes llevan décadas de vida consagrada, hace visible un relevo generacional que no rompe con la historia, sino que la prolonga. La experiencia ofrece profundidad; la juventud aporta nuevas sensibilidades. Ambas se necesitan para seguir escribiendo el futuro de la Provincia.

Escuchar al hermano para escuchar al Espíritu
Si hubo una idea que atravesó todas las entrevistas fue la convicción de que el discernimiento comienza mucho antes de cualquier votación.
Comienza cuando cada hermano deja espacio para la voz del otro.
La frase de Fr. Bruno D’Andrea resume con claridad esa experiencia:
“Escuchar al hermano creo que es la mejor forma de escuchar lo que nos dice el Espíritu.”
No es una afirmación improvisada. Detrás de ella hay una forma de comprender el Capítulo. Cada religioso llega representando una comunidad concreta, una realidad pastoral distinta, desafíos propios y también esperanzas. Escuchar esas experiencias significa ampliar la propia mirada y descubrir que Dios también habla a través de la historia de los demás.
Por eso la oración ocupa un lugar tan importante durante estos días. No como un momento separado del trabajo, sino como el fundamento que sostiene cada diálogo y cada decisión.
El futuro no pertenece a nuestras ideas, sino al proyecto de Dios
Las respuestas cambian cuando se pregunta qué esperan encontrar al terminar el Capítulo.
Ya no hablan de reuniones.
Hablan de comunidades.
Hablan de misión.
Hablan de esperanza.
Quizá la respuesta más elocuente sea la de Fr. Danilo De Souza, quien participa por primera vez en un Capítulo Provincial.
“No quiero que se haga mi voluntad; quiero que Dios haga su proyecto para nuestra Provincia.”
En esa frase se concentra buena parte del espíritu que atraviesa estos días.
El verdadero éxito del Capítulo no dependerá únicamente de las decisiones que se aprueben, sino de la capacidad de convertirlas en vida: comunidades más fraternas, religiosos más disponibles para la misión y una Provincia capaz de responder, con creatividad y fidelidad, a los desafíos que plantea el mundo de hoy.
Por eso varios capitulares coinciden en un mismo deseo: que lo vivido estos días permanezca mucho después de que termine el Capítulo.
Un camino que continúa con toda la Provincia
Ninguno de los entrevistados entiende que el Capítulo pertenezca únicamente a quienes participan en él.
Al contrario.
Todos hablan de quienes acompañan desde las comunidades, las parroquias, los colegios, las fraternidades seglares, la JAR, las Madres Mónicas y tantos lugares donde el carisma agustino recoleto sigue dando vida.
Fr. Hoimer Hinostrosa lo expresa mirando más allá de estos días de trabajo.
“Todo el desarrollo de este Capítulo es fruto de la escucha en los informes, los debates, las decisiones y las deliberaciones. El único fin es responder, desde nuestro carisma, a las necesidades que vive el mundo de hoy.”
Quizá esa sea la mejor manera de comprender lo que está sucediendo.
Mientras continúan las sesiones capitulares, el futuro de la Provincia empieza a tomar forma no solo en los documentos que se aprobarán al finalizar el encuentro, sino también en una convicción compartida: que la experiencia y la juventud pueden caminar juntas, que el discernimiento exige escuchar antes que responder y que la misión solo se renueva cuando toda una Provincia decide volver, una vez más, a poner a Cristo en el centro.




