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“Para comunicar nuestro carisma es necesario amar a la Familia Agustino-Recoleta, sentirse identificado y orgulloso de lo somos y hacemos”

El agustino recoleto Fernando Martín (Valladolid, España, 1976), en breve emprenderá un nuevo destino y encomiendas. Antes, hace balance de su tarea de coordinación de la comunicación en la web de la Provincia de San Nicolás de Tolentino.
Fernando Martín, agustino recoleto.

Seis años en Comunicación de la Provincia, ¿han sido una buena experiencia?

Para mí ha sido una bendición personal, y ojalá mi trabajo lo haya sido para todos. Conocer, escuchar o entrevistar a tantos religiosos y laicos me ha hecho sentirme más identificado y orgulloso de nuestra identidad, historia y vida. Agradezco a cuantos han atendido nuestras peticiones con esa generosidad y sinceridad de corazón.

Cuando entré en la por entonces Comisión de Comunicación y Publicaciones, mi actitud fue de escucha. Fui entendiendo las cosas y su porqué, quería aprender de lo que se había hecho. Cada testimonio, cada forma de proceder, cada persona que tuvo antes que yo estas responsabilidades tenía una experiencia que debía escuchar.

Heredé ese querer responder a necesidades reales. Los encargados anteriores se esforzaron con cariño, soportaron sinsabores, abrieron caminos y soluciones. Merecen todo el respeto de los que llegamos después.

Tu primera tarea fue el Centro Virtual San Ezequiel Moreno.

La Comunicación institucional de la Provincia trata de contar quiénes somos y qué hacemos. Pero este planteamiento, a priori, podría no conectar del todo con las inquietudes de la gente y lograr su atención. Me preocupaba responder a los interrogantes y necesidades vitales de la gente hoy.

Encaré algunas preguntas, como si realmente ayudamos a las personas con nuestro carisma y espiritualidad. Se habla mucho de acompañamiento, por ejemplo, pero pienso que lo que no tiene precio es acompañar en momentos críticos: un cáncer, el final de la vida, el dolor, la pérdida… ¿Podemos lograr que quienes sufren se sientan dignos, valiosos, amados, encuentren sentido y fe en un Dios que ama y cuida?

Se entiende mejor si intercambiamos “acompañamiento” por aliviar, serenar, dar firmeza, acercar a Dios como fuente de luz, sentido y felicidad. En esto, el Centro Virtual San Ezequiel Moreno tiene un potencial enorme desde dos pilares: interioridad y fraternidad. No lo veía como un tablón de anuncios donde colgar oraciones, sino como una plataforma para acompañar momentos muy vulnerables de la vida, con el testimonio cercano y real de san Ezequiel, que también pasó por esa noche oscura.

Desde septiembre de 2024 te centras en la página web. ¿Cómo lo has vivido?

La Iglesia, además de madre, es sabia. Cuando tuvo que decidir cómo comunicar el mensaje de Jesús, lo hizo con cuatro evangelios. No los unió en uno solo con un único estilo. Se valió de experiencias distintas, comunidades diferentes en cultura y tradición, lenguajes acomodados… Las mismas historias, pero con matices y narrativas propias.

Digo esto porque siento que la web provincial fue una forma de comunicar propia, nacida de la vida cotidiana, con secciones unas fijas y otras de actualización constante adaptadas a las circunstancias y necesidades, respetuosa y en comunión con la Orden, colaboradora, con un fondo de recursos con tantos años de historia, desde 2004.

La Iglesia sabe mucho de la vida y aprender de su sabiduría es fundamental. Comunicar en la Red es muy valioso. Transmitimos nuestro carisma y nuestra experiencia de fe y de vida común, la historia, espiritualidad, actualidad, todo, al servicio de todos.

Mientras gestioné la web quise dar más peso a entrevistas y testimonios, reflexiones agustinianas cada miércoles, a san Ezequiel cada día 19 de mes, a los testigos de nuestra historia que cumplían alguna efeméride… Tenemos mucho que aportar.

¿Qué te ha aportado esta tarea?

En cuanto al trabajo diario, ya he señalado la importancia de haber escuchado a tantas personas interesantes. La sabiduría de vida de los otros es un regalo inmenso. Pero quisiera destacar dos asuntos. El primero, la muy reciente experiencia de producción de los programas de Pueblo de Dios en Brasil, que comienzan a estrenarse mañana.

Me sorprendió mucho el cambio de guion que se produjo. Antes de ir se hizo un guion desde la teoría del despacho y del ordenador. Pero al llegar allí, los testimonios recibidos cambiaron el guion; entrevistador y entrevistados lloraron y se emocionaron. Era la esencia de lo que significa en profundidad la evangelización para la humanidad.

El otro asunto que me ha marcado profundamente ha sido enfrentarme a una pregunta concreta: ¿Qué es lo recoleto? Había una respuesta “intelectual” que hablaba de recogimiento, de ser “más amantes de la perfección”, de la Forma de Vivir de fray Luis de Léon… Pero para contar la realidad, me he acercado a las “personas recoletas”, religiosos y laicos, a su tarea, sus ministerios, sus misiones. He entendido por qué en solo una década aquellos frailes dados al recogimiento se hicieron misioneros.

También se me hacía insuficiente lo del “plus recoleto” o la “pasión recoleta”. ¡Hay tantos enamorados del seguimiento de Cristo! ¿Somos acaso los únicos que vivimos con pasión? Tras hablar, por este trabajo, con personas de larga trayectoria recoleta y enamorados del carisma, vienen a la mente otros conceptos, como reforma y respuesta.

Lo recoleto tiene que ver con responder a los desafíos de cada día. El modelo de vida de san Agustín respondía a su tiempo; la Recolección, al relajamiento volviendo la mirada al origen; la desamortización o la revolución filipina exigieron nuevas respuestas.

Hoy creo que la Recolección es un movimiento que representa el carisma agustiniano desde la respuesta a cada momento histórico. Después de estos seis años, he ganado en identificación y ganas de seguir haciendo camino, ahora en nuevas responsabilidades.

¿Qué piensas respecto al futuro de la comunicación de la Provincia?

Hablar del futuro no es fácil, pero creo tener claras dos cosas.

Primero, que lo técnico no es suficiente. La vida real es donde más se aprende y quien comunica no puede cansarse de crecer personal y espiritualmente. Hay que buscar cómo llegar a la gente, qué les podemos aportar, cómo proponerles un sentido nuevo desde nuestro carisma, ayudarles a crecer. Informar, sí, pero para algo: para dar sentido y paz con la Buena Nueva de verdad.

Lo segundo que tengo muy claro es que es necesario amar a la Familia Agustino-Recoleta, su carisma, sus frailes, sus monjas, sus religiosas, sus laicos, sus jóvenes. Este trabajo me ha movido a un agradecimiento continuo a Dios por el resto de mis hermanos, por sentirme identificado y orgulloso de lo que hacen todos.

Es bueno tener los mejores conocimientos, teóricos o técnicos; pero también y sobre todo se necesita transitar por la vida recoleta en su plenitud y dar los espacios, tiempos y oportunidades para que compartan su vida cuantos más sea posible.

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