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“Acompañar a la gente es la huella más profunda de la Familia Agustino-Recoleta tras un siglo en la Amazonia”

El obispo agustino recoleto Santiago Sánchez (Cortes, Navarra, España, 1957) ha compartido en el día de la patrona de la Parroquia de Nuestra Señora de Buenavista de Getafe (Madrid, España) el centenario de los Agustinos Recoletos en su Prelatura de Lábrea (Amazonas, Brasil).
Santiago Sánchez, obispo agustino recoleto de la Prelatura de Lábrea, Amazonas, Brasil.

¿Cuál ha sido la huella de los Agustinos Recoletos en Lábrea?

Nuestros misioneros agustinos recoletos llevan cien años en la misión amazónica de Lábrea y quienes estamos ahora recogimos el relevo de cuantos ya han pasado por allí durante ese siglo.

Creo que la huella principal que la Familia Agustino-Recoleta ha dejado allí es su presencia constante con el pueblo. El pueblo amazonense está olvidado, alejado de todo; y la presencia de alguien que viene de fuera es muy importante para ellos.

Claro que hemos hecho muchas cosas más, pero pienso que la huella principal es estar siempre presentes en su lucha diaria, en su vida cotidiana. Sería relativamente fácil llegar y simplemente cumplir una tarea, e irse. Lo realmente difícil es permanecer ante tantas dificultades. Nuestros misioneros y misioneras siempre lo han hecho.

¿Cómo han evolucionado los misioneros en estos cien años?

Creo que el principal cambio ha sido el sabernos adaptar a los tiempos; sorprende decir que las dificultades, los problemas, son los mismos. Con motivo del centenario hemos podido leer y conocer mejor esas crónicas que fueron dejando los obispos y misioneros del pasado a partir de los libros de cosas notables comunitarios o de sus memorias.

Resulta que tenían los mismos problemas y desafíos que los misioneros de hoy. Lo que hemos tenido adaptado es la forma de resolverlos, según avanzaban los tiempos. Al principio, por ejemplo, se usaba un barco de remos, y ahora hay embarcaciones grandes y pequeñas con buenos motores, podemos desplazarnos de modo más rápido y seguro.

En cuanto a los medios de evangelización, al principio era únicamente la palabra, ni siquiera la escrita, dado los índices enormes de analfabetismo. Ahora, por el contrario, incluso podemos valernos de los vídeos o las redes sociales.

Al principio prácticamente no había tiempo para hacer los sacramentos y preparar a las personas para el Matrimonio o la Comunión el Bautismo: era llegar y celebrar. Ahora, por el contrario, contamos con la catequesis y los catequistas, desarrollamos la pastoral desde la perspectiva de la evangelización más que desde la sacramentalización.

¿Qué es lo que más le conmueve de la fe del pueblo en Lábrea?

Lo que más me conmueve, sin duda, es su hambre de Dios. Y en ese sentido, hacemos lo que podemos, porque siempre ha existido esa especie de competición por parte de los pastores evangélicos y ahora, sobre todo, las comunidades neopentecostales. Ellos no se cuestionan mucho la preparación de sus pastores, y los ponen por todas partes.

La Iglesia Católica, por el contrario, cuenta con menos personas y menos tiempo para cada comunidad, pero creo que la gente valora la calidad de nuestra presencia. Nos hablan continuamente de su alegría que tienen cuando nosotros los visitamos.

Tienen verdadera hambre y sed de Dios, son muy religiosos por naturaleza. Buscamos alimentar esa fe, pero mi gran pena es la falta de misioneros. Animo a todos a escuchar la voz de Dios, que nos llamó y ahora nos llama desde Amazonas.

¿Qué desafíos y qué programa de futuro tiene la Prelatura?

El principal desafío es la falta de misioneros, y hago un apelo para que los misioneros sean realmente misioneros, no gente aventurera que quiere “hacer una experiencia”. Necesitamos permanecer con el Pueblo de Dios. En tiempos de cambios y de mucha prisa, contraponemos nuestra presencia constante, nuestra rutina de no abandonarlos.

Esto no solo es clave en la misión, lo es para toda vida. No está de moda la perseverancia en la familia o en el trabajo… Pero la misión nos pide perseverar, estar al lado de quien lo necesita sin mirar al reloj ni sentirse agobiado por la rutina.

Para el futuro de la Prelatura y de toda la Amazonia, lo mejor es que se cumplan esos sueños de los que habla el Papa Francisco en Querida Amazonia; y los cuatro son muy importantes: el social, el cultural, el ecológico y el eclesial.

Hay demasiada injusticia, mucha pobreza y abandono. Buscamos una Iglesia más comprometida. Tampoco hemos venido a imponer desde fuera nuestra cultura o idiosincrasia; hemos de vivir, promover y valorizar la propia cultura amazónica.

Ecología integral es preservar este paraíso en el que Dios nos colocó y el mundo asalta y hiere con su contaminación, con la búsqueda desenfrenada de lucro. Y por último, ser una Iglesia sinodal: trabajar juntos, caminar juntos.

¿Cómo podemos colaborar con los misioneros?

Lo que hemos celebrado ahora en Getafe, tan lejos del Amazonas, es una de las maneras. He venido aquí a manifestar y anunciar la misión en esta Iglesia de retaguardia. Ojalá sigan aquí rezando por nosotros y colaborando.

En la vanguardia necesitamos de la retaguardia. Y sí, también en esto, todos, aquí y allí, caminemos juntos, apoyémonos juntos, sinodalmente.

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