Religiosos agustinos recoletos procedentes de seis países participan en un encuentro de Formación Permanente que se celebra en la Casa de la Recolección, en Ahuatepec (Morelos, México). La experiencia, enmarcada en el itinerario Peregrinos al servicio de la Iglesia, combina formación integral, convivencia fraterna y profundización espiritual desde la inspiración agustiniana.
Un encuentro internacional al servicio de la vocación
La Casa de la Recolección, situada en la localidad de Ahuatepec, en el estado mexicano de Morelos, acoge durante estos días a un grupo de religiosos agustinos recoletos de entre 40 y 55 años, procedentes de México, Brasil, Colombia, España, Costa Rica y Estados Unidos. El encuentro forma parte del proceso de Formación Permanente de la Orden de Agustinos Recoletos, orientado a acompañar y fortalecer la vivencia vocacional en esta etapa de la vida religiosa.
Esta etapa del itinerario formativo se inscribe en el marco del programa Peregrinos al servicio de la Iglesia, que articula las distintas fases de la formación permanente en la Orden, y se inspira en la expresión de san Agustín: «Haz que me acuerde de ti» (De Trinitate 15,51), como llamada a renovar la memoria de Dios en el camino personal y comunitario.
Formación integral de la persona
Durante la primera semana del encuentro, del lunes 12 al viernes 16 de enero, los participantes contaron con la presencia del P. José Víctor Orón, religioso escolapio, quien acompañó el proceso formativo con diversas reflexiones centradas en el desarrollo integral de la persona.
A lo largo de las sesiones se abordaron temas vinculados a la persona, la norma, la regla, la relación entre la “cosa” y el sentido de la vida, así como la desafección y otros desafíos propios de la madurez humana y vocacional. Las exposiciones y dinámicas ofrecieron espacios de reflexión personal y diálogo comunitario, favoreciendo una lectura creyente de la propia historia y del momento vital que atraviesan los religiosos.
La huella agustiniana en Morelos
El sábado 17 de enero, bajo la orientación del P. Gabriel García, OAR, los participantes realizaron un recorrido por la Ruta de los conventos agustinos en varios municipios del estado de Morelos: Tlayacapan, Atlatlahucan, Totolapan y Yecapixtla.
Estos antiguos monasterios, verdaderos tesoros del patrimonio histórico y espiritual de México, conservan en los muros de sus claustros y templos la memoria viva de la presencia agustiniana y del anuncio del Evangelio a lo largo de los siglos. La visita permitió profundizar en la historia evangelizadora de la Orden y fortalecer el vínculo entre pasado y presente en la misión de la Iglesia.
Fraternidad y experiencia compartida
Más allá de las actividades formativas y culturales, el encuentro está siendo también un espacio privilegiado de convivencia fraterna. En distintos momentos, los religiosos han compartido no solo las diferencias geográficas y culturales propias de sus países de origen, sino también las experiencias personales y comunitarias que los unen como miembros de la Iglesia Católica y como profesos en la familia agustino recoleta.
Estos espacios de diálogo y escucha han favorecido un clima de confianza y comunión, reforzando el sentido de pertenencia a la Orden y la corresponsabilidad en la misión común.
Celebración y encuentro con la Iglesia local
El domingo 18 de enero, tras la celebración de la Eucaristía en la casa religiosa de las Agustinas Recoletas, los participantes realizaron un breve recorrido por las céntricas calles de Cuernavaca, entrando en contacto con la vida y el entorno de la Iglesia local.
Un areópago para renovar la misión
El encuentro de Formación Permanente está siendo vivido por los participantes como un auténtico areópago de encuentro personal y comunitario con el Señor, un espacio que la Orden de Agustinos Recoletos ofrece para renovar la vocación, fortalecer la fraternidad y reavivar el servicio a la Iglesia.
En este camino, los religiosos encomiendan estos días de formación y convivencia a la protección de la Virgen de Guadalupe, pidiendo su intercesión para que el encuentro dé frutos de fidelidad, comunión y entrega generosa en la misión.



