San AgustĆn y la oración cristiana
Este artĆculo explica quĆ© enseƱa san AgustĆn sobre la oración en la Carta a Proba (Carta 130), considerada uno de los textos fundamentales de la espiritualidad agustiniana.
Los temas principales son:
- San AgustĆn explica el Padrenuestro.
- Cómo aprender a orar segĆŗn san AgustĆn.
- QuƩ debemos pedir cuando rezamos.
- La perseverancia en la oración.
- QuƩ significa orar sin cesar.
- La confianza en Dios cuando la oración parece no ser escuchada.
- La Carta a Proba como tratado sobre la oración cristiana.
- La espiritualidad de san AgustĆn.
- La enseƱanza de los Padres de la Iglesia sobre el Padrenuestro.
Personajes principales: san AgustĆn de Hipona, Proba, san Cipriano.
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ĀæQuĆ© enseƱa san AgustĆn sobre la oración? Descubre cómo el obispo de Hipona explica el Padrenuestro, la perseverancia y la confianza en Dios en la Carta a Proba.
Fray Enrique Eguiarte, OAR, uno de los mayores especialistas contemporĆ”neos en san AgustĆn, nos introduce en la Carta a Proba, considerada por muchos estudiosos como el gran tratado agustiniano sobre la oración. A travĆ©s de este texto, el obispo de Hipona explica cómo aprender a orar, quĆ© debemos pedir a Dios, por quĆ© el Padrenuestro es el modelo de toda oración cristiana y cómo vivir una relación confiada con el SeƱor incluso cuando parece guardar silencio. DiecisĆ©is siglos despuĆ©s, sus enseƱanzas siguen iluminando el camino de quienes desean profundizar en la vida espiritual.
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Introducción
Lee la Carta a Proba
Dentro de la vasta producción literaria de san AgustĆn, el obispo de Hipona no dedicó ninguna obra especĆfica a tratar sistemĆ”ticamente la oración. Esto no significa, sin embargo, que este tema ocupara un lugar secundario en su pensamiento o que careciera de importancia para Ć©l. Al contrario, como sucede con otros grandes asuntos de la vida espiritual y cristiana, sus enseƱanzas sobre la oración aparecen dispersas a lo largo de numerosas obras, donde vuelven una y otra vez con notable profundidad.
Con todo, existe un escrito que bien podrĆa considerarse el autĆ©ntico ātratado agustiniano sobre la oraciónā: la Carta 130. En ella, san AgustĆn aborda de manera casi exclusiva esta cuestión, reflexionando sobre quĆ© es la oración, cómo debe hacerse, cuĆ”ndo orar y cuĆ”l es su verdadero sentido en la vida del creyente.
La carta estĆ” dirigida a Proba, una noble matrona romana, viuda y perteneciente a una de las familias mĆ”s influyentes del Imperio. San AgustĆn la invita a descubrir en su propia condición de viudez āmarcada por la ausencia, la fragilidad y la experiencia de la desolaciónā una ocasión privilegiada para abrir el corazón a Dios. La verdadera oración, explica el obispo de Hipona, nace precisamente del reconocimiento de nuestra necesidad de Dios y del profundo deseo de amarle y dejarnos amar por Ćl.
A pesar de haber sido escrita hace mĆ”s de mil seiscientos aƱos, esta carta conserva una sorprendente actualidad. Vivimos en una sociedad en la que, junto al ruido y la dispersión, crece tambiĆ©n el anhelo de Dios, la bĆŗsqueda de sentido, el deseo de interioridad y la necesidad de espacios de silencio y contemplación. Con un lenguaje sencillo y profundamente humano, san AgustĆn ofrece en estas pĆ”ginas orientaciones de extraordinaria riqueza para aprender a orar, volver al propio corazón y entablar un diĆ”logo vivo y transformador con Dios.
ĀæQuĆ© enseƱa san AgustĆn sobre la oración?
1. Orar desde la fragilidad para poner la esperanza en Dios
Desde el inicio de la carta, san AgustĆn hace ver a Proba que la oración es la respuesta del creyente ante las incertidumbres de la vida. Gracias a ella, la persona puede cimentar su existencia en Aquel que verdaderamente puede darle firmeza frente a los vaivenes de este mundo: Dios. El obispo de Hipona advierte tambiĆ©n del peligro de poner la esperanza en los bienes pasajeros de la tierra. La oración, por el contrario, nos invita a esperarlo todo de Dios, abriendo el corazón con confianza al encuentro cercano con el SeƱor.
AdemĆ”s, la oración nos ayuda a utilizar con sabidurĆa los bienes de este mundo. El ser humano no ha sido creado para instalarse definitivamente en esta tierra, como si fuera su residencia permanente, sino para vivir como peregrino en camino hacia la ciudad de Dios. La oración eleva la mirada del creyente y le recuerda que su destino no termina en esta vida, sino que culmina en la comunión eterna con Dios. Por ello, hemos de aprender a orar desde nuestra propia fragilidad, elevando el corazón hacia los bienes eternos y poniendo en ellos toda nuestra esperanza.

2. ¿Qué debemos pedir cuando rezamos?
En esta carta, san AgustĆn recuerda una de las obras que mĆ”s influyó en su juventud: el Hortensio de Cicerón. En ella habĆa descubierto una verdad fundamental: todos los seres humanos buscan la felicidad. TambiĆ©n el cristiano, cuando ora, pide a Dios una vida feliz, una existencia en la que no falten la salud, la amistad y los bienes necesarios para vivir.
Sin embargo, san AgustĆn comprende que estos bienes, aun siendo legĆtimos y necesarios, pertenecen Ćŗnicamente a nuestra condición de peregrinos en este mundo y no constituyen el fin Ćŗltimo de la existencia humana. Por ello insiste en que la principal petición de la oración debe ser el don de la perseverancia: permanecer fieles a Dios cada dĆa para alcanzar la vida verdadera, la felicidad plena y eterna que consiste en vivir para siempre con Ćl en el Reino de los cielos.
No estĆ” mal pedir los bienes materiales, pues tambiĆ©n forman parte de las necesidades de la vida presente. Lo importante es que nuestra oración no se detenga en ellos, sino que se eleve hacia el Bien supremo, que es Dios mismo. Pedir el don de la perseverancia para alcanzar la vida eterna es, para san AgustĆn, la petición mĆ”s importante que puede brotar del corazón del creyente.
3. Cómo orar siempre: el deseo de Dios nunca se apaga
San AgustĆn, al igual que los demĆ”s Padres de la Iglesia, afronta una de las grandes cuestiones planteadas por san Pablo cuando exhorta a los cristianos de Tesalónica: āOrad sin cesarā (1 Tes 5,17). ĀæCómo es posible cumplir este mandato?
La respuesta de san AgustĆn es profundamente sencilla y, al mismo tiempo, de una enorme riqueza espiritual: se ora sin interrupción cuando el corazón permanece habitado por un deseo constante de Dios. Quien anhela continuamente el Reino de los cielos y descansa interiormente en la esperanza de Dios, no deja nunca de orar, aunque estĆ© ocupado en sus tareas cotidianas.
Por eso invita al creyente a mantener vivo durante toda la vida un santo deseo de Dios, un deseo que le recuerde constantemente su condición de peregrino y le impida dejarse seducir por los bienes pasajeros de este mundo hasta olvidar los bienes eternos.
Para alimentar ese deseo, san AgustĆn recuerda la prĆ”ctica de los monjes de Egipto, que repetĆan con frecuencia breves oraciones llenas de fervor y afecto. Son las llamadas jaculatorias: plegarias sencillas, pero intensas, que mantienen vivo el recuerdo de Dios en medio del trabajo y de las ocupaciones diarias. Estas breves invocaciones renuevan el deseo del Reino y evitan que el corazón se enfrĆe o se distraiga entre las preocupaciones de la vida material.

4. El Padrenuestro: la oración que JesĆŗs enseñó segĆŗn san AgustĆn
No podĆa faltar, en un escrito dedicado a la oración, un comentario al Padrenuestro. San AgustĆn dedicó numerosas pĆ”ginas a explicar la oración enseƱada por Cristo y, en esta carta, ofrece una sĆntesis de sus principales enseƱanzas.
El obispo de Hipona invita a rezar el Padrenuestro con atención, recogimiento y afecto, de manera que cada una de sus peticiones transforme la vida de quien la pronuncia. No se trata de una fórmula para repetir mecÔnicamente, sino de una escuela donde el corazón aprende a dirigirse a Dios con confianza filial.
En este punto, san AgustĆn se sitĆŗa tambiĆ©n dentro de la gran tradición de la Iglesia del norte de Ćfrica. Un siglo antes, san Cipriano habĆa escrito un cĆ©lebre tratado sobre la oración del SeƱor que ejerció una notable influencia sobre el pensamiento agustiniano.
El Padrenuestro enseƱa al creyente a orar con las tres virtudes teologales āla fe, la esperanza y la caridadā y constituye el resumen mĆ”s perfecto de todo aquello que debemos pedir a Dios. Es, por tanto, la oración por excelencia y el modelo de toda plegaria cristiana.
5. Cuando Dios parece no responder a nuestras oraciones
San AgustĆn es plenamente consciente de que, en ocasiones, Dios no concede aquello que le pedimos. Sin embargo, esto no significa que permanezca indiferente a nuestra oración o que deje de escucharla. El obispo de Hipona estĆ” convencido de que Dios nunca niega lo que verdaderamente necesitamos para alcanzar la salvación eterna.
Con frecuencia, lo que nosotros consideramos imprescindible para nuestra vida presente no coincide con aquello que Dios, en su sabidurĆa y amor de Padre, sabe que realmente nos conviene. Por eso, cuando una petición parece quedar sin respuesta, san AgustĆn invita a no perder la confianza. Nuestra oración ha sido escuchada, aunque la respuesta de Dios no coincida con nuestros deseos o expectativas.
A veces pedimos con una fe todavĆa inmadura; otras veces, aquello que solicitamos podrĆa alejarnos del bien mayor que Dios quiere regalarnos. En cualquier caso, el creyente estĆ” llamado a abandonarse con serenidad en las manos del Padre, convencido de que Ćl nunca deja de cuidar de sus hijos.
De este modo, san AgustĆn presenta dos actitudes inseparables en la vida de oración: la confianza absoluta en la bondad de Dios y la perseverancia paciente del creyente. Quien permanece fiel en la oración termina descubriendo que Dios siempre responde, aunque muchas veces lo haga de un modo distinto del que nosotros habĆamos imaginado.



