Fray Miguel Ángel Hernández abrió en Madrid el tiempo especial por el centenario de la consagración de la Orden a Nuestra Señora de la Consolación. El Prior General propuso a toda la Familia Agustino Recoleta una jaculatoria para estos meses: “Madre de la Consolación, haznos instrumentos del consuelo de Dios”.
La Familia Agustino Recoleta comenzó este 4 de septiembre, solemnidad de Nuestra Señora de la Consolación, un tiempo especial para preparar el centenario de la consagración de la Orden a esta advocación mariana. El Prior General, fray Miguel Ángel Hernández, presidió la celebración en la parroquia Nuestra Señora de la Consolación, en el madrileño barrio de la Estrella, e invitó a toda la Orden a redescubrir el consuelo recibido de Dios para convertirse, a su vez, en instrumento de consuelo para los demás.
La Eucaristía contó con la presencia de más de 30 Agustinos Recoletos, 5 Misioneras Agustino Recoletas y reunió a cerca de un centenar de laicos vinculados a diferentes ministerios de los Agustinos Recoletos en España. Religiosos, Fraternos Seglares, Madres Monicas, Jóvenes JAR, familias del Colegio Agustiniano de Madrid y laicos comenzaron así juntos unos festejos que quieren extenderse mucho más allá de Madrid: allí donde está presente la Orden, la Familia Agustino Recoleta está llamada a renovar su confianza en María y a vivir bajo su amparo.
“Madre de la Consolación, haznos instrumentos del consuelo de Dios”
La celebración tuvo como uno de sus momentos centrales la homilía del Prior General. Fray Miguel Ángel Hernández recordó que la Consolación no es simplemente “un nombre bonito que hemos recibido de nuestra tradición recoleta”, sino una experiencia profundamente cristiana: todos necesitamos ser consolados y el verdadero consuelo procede de Dios. María es quien conduce hacia ese consuelo y hacia su Hijo.
A partir de esta idea, el Prior General presentó la jaculatoria que quiere que acompañe a la Familia Agustino Recoleta durante este tiempo especial:
“Madre de la Consolación, haznos instrumentos del consuelo de Dios”.
Una oración breve que resume el sentido que se quiere dar al centenario. No se trata únicamente de acudir a María para pedir consuelo, sino de permitir que el consuelo recibido transforme la manera de relacionarse con los demás.
“Dios nos consuela para que podamos convertirnos en instrumentos de su consuelo”, afirmó fray Miguel Ángel Hernández. Por eso, explicó, “no recibimos para guardar, recibimos para entregar”: quien ha experimentado el consuelo de Dios está llamado a acercarse también al dolor de los demás.
El Prior General explicó precisamente así el significado de la jaculatoria: “No dice solamente: ‘Consuélanos’. Dice: ‘Haznos instrumentos’”. La propuesta para este centenario es pasar de ser únicamente destinatarios del consuelo de Dios a convertirse también en sus servidores.
Aprender de María a permanecer junto al que sufre
Para explicar qué significa consolar, fray Miguel Ángel Hernández dirigió la mirada hacia el Calvario. El Evangelio de la solemnidad presenta a María junto a la cruz de Jesús, una escena que permite comprender de manera especialmente profunda el título de Madre de la Consolación.
“María permanece”, destacó el Prior General. Ante el sufrimiento de su Hijo no aparecen respuestas ni explicaciones, sino su presencia. “Hay momentos en la vida en los que eso es exactamente lo que significa consolar: estar”. Estar junto a quien sufre, incluso cuando las palabras resultan insuficientes y no es posible solucionar aquello que provoca el dolor.
Esta actitud tiene consecuencias concretas para la Familia Agustino Recoleta. Una familia consagrada a María, señaló, “no puede ser una familia cerrada sobre sí misma”, sino un lugar donde quien llega cansado pueda descansar, quien está herido encuentre acogida, quien ha perdido la esperanza pueda recuperarla y los jóvenes se sientan acompañados.
Así, la devoción a Nuestra Señora de la Consolación se convierte también en una llamada a la misión: ser presencia, acompañar, permanecer y llevar a otros el consuelo que primero se ha recibido de Dios.
Cien años bajo el amparo de Nuestra Señora de la Consolación
La celebración de Madrid abre el camino hacia un aniversario especialmente significativo para los Agustinos Recoletos. En 1926, el beato Vicente Soler, entonces Prior General, puso a la Orden bajo la protección de Nuestra Señora de la Consolación. Desde entonces, generaciones de agustinos recoletos, religiosas, laicos, jóvenes, familias, misioneros y personas vinculadas a la Familia Agustino Recoleta han caminado bajo su protección.
Cien años después, la intención no es limitarse a recordar aquel acontecimiento histórico.
“Una consagración no es solamente algo que sucedió una vez”, recordó fray Miguel Ángel Hernández. Es “una relación que se vive”, “una confianza que se renueva”, “una pertenencia que se hace vida” y “una misión que se actualiza”.
Por eso, aunque los festejos han comenzado en Madrid, la invitación del Prior General se dirige a toda la Familia Agustino Recoleta en el mundo. Durante los próximos meses, las distintas presencias de la Orden están llamadas a caminar juntas hacia la renovación de aquella consagración y a volver la mirada hacia María como Madre de la Consolación.
El objetivo, señaló el Prior General, no será simplemente llegar al final de este tiempo y pronunciar de nuevo una fórmula, sino permitir que María ocupe “un lugar más profundo” en la vida y aprender de ella “a escuchar, a confiar, a permanecer, a acompañar y a llevar consuelo”.
Un camino que comienza con una oración sencilla y que, desde Madrid, quiere resonar ahora en cada comunidad y ministerio de los Agustinos Recoletos en el mundo:
“Madre de la Consolación, haznos instrumentos del consuelo de Dios”.






