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“Nunca olvidaré la mirada de esas niñas. Quería pasarles mi energía y mi confianza para que sueñen muy alto y sean las personas que quieran ser”

Alberto Collantes (Madrid, 1986) es cámara de Radiotelevisión Española (RTVE) y lleva más de 15 años grabando, entre otras, las imágenes de “Pueblo de Dios”, programa documental sobre el trabajo socioevangelizador de la Iglesia Católica. Acaba de visitar los proyectos sociales de los Agustinos Recoletos en el Amazonas y Ceará (Brasil).
Visita al Amazonas de Alberto Collantes, cámara de televisión..

Las televisiones públicas europeas suelen reservar espacios para contenidos de tipo espiritual como parte de su misión de reflejar la diversidad de la sociedad. Dado que el Catolicismo tiene mucho peso histórico, cultural y social en España, la televisión pública nacional emite los domingos por la mañana programación sobre la Iglesia Católica.

El programa “Pueblo de Dios” acerca a la sociedad, con formato documental, el trabajo social y humanitario de organizaciones católicas, la vida de sus comunidades urbanas y rurales, los proyectos solidarios y de cooperación internacional, la tarea con los más vulnerables, la lucha contra la pobreza, o la atención a poblaciones migrantes, enfermos o personas sin hogar…

Alberto Collantes es cámara de RTVE y desde hace más de 15 años está en los títulos de crédito de “Pueblo de Dios”. Durante dos semanas del pasado mes de abril ha grabado en los proyectos socioevangelizadores de los Agustinos Recoletos en Amazonas y en Ceará, en Brasil.

En Fortaleza, la capital cearense, Alberto ha retratado la realidad del Hogar Santa Mónica, proyecto que acoge a niñas y adolescentes enviadas por las autoridades competentes tras haber sufrido en sus contextos de origen abusos, violencia, explotación sexual comercial, abandono o cualquier conculcación de sus derechos.

¿Qué te contó el Hogar Santa Mónica a través del visor de la cámara?

Mi primera impresión fue muy dura, porque al empezar a grabar a las niñas se sentía su tristeza y su necesidad de cariño. Sus miradas cuentan que su alma está rota y sienten necesidad de entender su realidad.

No fue fácil porque no podía grabar sus caras para respetar su anonimato y así poder cuidar de ellas. La cámara me ayudó a comprender su realidad y el sufrimiento que han vivido en silencio, sin apoyo de sus seres queridos.

Las niñas se comportaban con mucho miedo y era complicado conseguir su confianza. Se ve en sus miradas y en sus silencios que han sufrido mucho. Por ejemplo, hemos conocido a una niña que nunca había jugado con muñecas, convertida en adulta sin haber sido verdaderamente una niña. La cámara me sirvió de puente para ganarme su confianza enseñándole las imágenes que grababa y dándole a entender que venía a contar su realidad, pero sin enseñar al mundo su rostro, protegiendo su intimidad.

Le puse todo mi amor y creatividad para sacar esa realidad de una forma delicada y poética.

¿Qué emociones te inundaron durante la grabación?

En dos momentos no pude contener las lágrimas. La primera fue por sentir empatía con Luisa, la directora del Hogar, que narraba su realidad de una forma maravillosa. Es una persona con una sonrisa única, una mirada llena de luz y un corazón que no le cabe en el pecho. Ojalá existieran muchas más Luisas en el mundo para proteger y defender los derechos de niños y adolescentes.

También lloré cuando una de las niñas nos contó su realidad: sus padres la metieron en la prostitución para comprar droga. Sentí un gran dolor en mi corazón, porque por desgracia en mi familia hemos tenido problemas con la heroína y sé, en primera persona, lo que se sufre por culpa de la droga. Ojalá hiciera daño solo a quien la consume y no también a cuantos rodean al dependiente químico.

Grabar en el Hogar Santa Mónica ha dejado huella en mi corazón, porque las miradas de esas niñas nunca podré olvidarlas. Espero que esta situación mejore y estas criaturas tan vulnerables nunca vuelvan a pasar por esto.

También destaco el caso de Larissa, una antigua beneficiaria. Para mí ha sido muy importante porque he visto en su mirada y en su corazón que el Hogar Santa Mónica salvó su vida y le dio herramientas para volver a creer en ella misma y ser la persona tan maravillosa que se ha convertido.

Al despedirnos, regalé a Larissa mi braga de cuello, un objeto con un significado importante para mí, pues me ayuda a creer en mí mismo. Quería pasarle mi energía y mi confianza en este detalle y dejarle un recuerdo para que siempre sueñe muy alto y sea la persona que quiera ser.

¿Qué palabras añadirías a las imágenes que has grabado del Hogar Santa Mónica?

En el Hogar Santa Mónica se respira amor, y en las cuidadoras se nota lucha y entrega incondicional para ayudar a las beneficiarias en todas las situaciones. Los trabajadores son maravillosos, hacen lo imposible para que las niñas sientan que están en su casa.

La psicóloga, la pedagoga o las educadoras sociales luchan, enseñan y dan esperanza a estas personitas para que vuelvan a confiar en ellas mismas y sueñen con una vida mejor. Entre todos ellos cosen el alma de estas niñas, que llega destrozada. Hacen que vuelvan a creer en sí mismas y no se sientan culpables por lo sufrido. Les dan esperanza y ganas de volver a vivir.

Si tuviera que definir el Hogar Santa Mónica con una sola de las imágenes que he grabado, sería la sonrisa de Luisa, una mujer excepcional en todos los sentidos. Es el lugar más maravilloso que he conocido nunca. Sus trabajadores dan su vida por recomponer las vidas de estas niñas que vienen con el cuerpo y el alma destrozados.

Y también es un lugar diferente a cuantos he visitado antes por la fuerza de las beneficiarias que, a pesar de haber perdido su infancia, en este lugar vuelven a ser niñas, una cosa que nunca debieron perder. Gracias al Hogar Santa Mónica salvan su vida y vuelven a creer en ellas mismas y a soñar muy alto.

¿Qué buscas y deseas conseguir al grabar esas imágenes que otros verán?

Siempre intento contar una historia, según el guion o la causa que representan, dándole un toque artístico y centrándome en sacar imágenes bonitas y con una luz increíble. Tengo la responsabilidad de decir la verdad con mis imágenes y nunca juzgar a quienes grabo…

Intento darle mucho amor a cada proyecto y aprender mucho de las personas que retrato y que me dejan entrar en sus vidas. Doy gracias a Dios por dejarme estar en estos lugares increíbles y conocer personas maravillosas. El Hogar Santa Mónica, por ejemplo, ha sido AMOR con mayúsculas. Y me gustaría que el espectador sintiese ese amor tan grande que les dan todos los días a estas niñas que tanto lo necesitan.

Es una labor maravillosa. El amor que he recibido allí es inexplicable. Y me llevo mi corazón lleno de sonrisas y de enormes abrazos. Este lugar tan especial siempre tendrá un cachito de mi corazón.

Tras visitar estas misiones de la Familia Agustino-Recoleta en Brasil, ¿qué crees que aportan?

Vivir esta experiencia en las misiones y proyectos sociales de la mano de los propios Agustinos Recoletos ha sido maravillosa. He aprendido mucho de ellos, sobre todo de su sentido de comunidad y de su deseo de estar siempre al lado de los más vulnerables, ayudándolos a caminar, dándoles las herramientas para que luchen y vivan con dignidad, para que sean personas libres.

Definiría a esta familia religiosa, a la que no había conocido antes, con las palabras de Esperanza y Familia.

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