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Jesús Pérez, el recoleto centenario: “Escribir y formarme siempre me dio alegría y felicidad”

El 1 de junio de 1926 nació en Corella (Navarra, España) el agustino recoleto Jesús Pérez Grávalos. Al cumplir cien años ha recibido un sentido y querido homenaje en Querétaro (México), donde actualmente vive.
Jesús Pérez, OAR.

Agustino recoleto desde 1942 y sacerdote desde 1949, fray Jesús Pérez Grávalos disfruta de su larga vida rodeado de su comunidad en Querétaro (México) y de tantas personas que lo recuerdan por haber disfrutado de su servicio pastoral o de su acompañamiento como miembros de las Fraternidades Seglares Agustino-Recoletas.

Jesús entró en el Colegio Apostólico San José de Lodosa (Navarra, España) en 1937, con once años. Su tío Pablo Grávalos, agustino recoleto, y su abuela (su madre, Felipa, pasó por una enfermedad paralizante durante muchos años) le llevaron al seminario menor de los Agustinos Recoletos.

Tras finalizar su formación en los conventos de Monteagudo (Filosofía y Noviciado) y Marcilla (Teología), Jesús fue enviado a México, donde desde 1949 ha llevado a cabo la mayor parte de su vida comunitaria y ministerial, con dos breves paréntesis en España (1984-1985 en Marcilla, mientras escribía un libro, y 1988-1989 en la Parroquia Santa Mónica de Zaragoza). Tres cuartas partes de su vida (75 años) han sido en México.

Allí ha servido en la Ciudad de México (San Lorenzo, Colonia del Valle, 7 años), San Felipe del Progreso (Estado de México, 2 años), Piedras Negras (Tlalixcoyan, Veracruz, 3 años), San Pío X (Querétaro, 2 años trabajando y 6 como residente), Veracruz (4 años), Czestochowa (Naucalpan, Estado de México, 2 años), Patrocinio San José (Ciudad de México, 6 años), Churubusco (Ciudad de México, 8 años), Avante (Ciudad de México, 32 años) y Hospitales (Ciudad de México, 2 años). Durante doce años ha ejercido el servicio de prior de la comunidad donde habitaba.

De entre sus formadores, Jesús recuerda con especial cariño a Serafín Andía, una persona muy devota, que él define como un santo. “Era muy atento para corregir y enseñar, para que tuviésemos las mejores cualidades como personas. Era para todos nosotros un verdadero formador espiritual”, dice Jesús de él.

Lo que más agradece Jesús de sus 71 años de vida ministerial es el trabajo desarrollado junto a movimientos laicales como los Cursillos de Cristiandad y las Jornadas de Vida Cristiana y, muy especialmente, la Fraternidad Seglar Agustino-Recoleta. Este servicio le llevó muy pronto por los caminos de la formación autodidacta y la edición de libros.

“Creo que la formación era uno de nuestros puntos débiles en aquel tiempo. Cuando me enviaron a Piedras Negras, una misión rural y mestiza, casi recién ordenado, no sabía ni qué decirles, no tenía materiales formativos sobre la región y sus habitantes, tuve que ir haciéndome con su cultura y costumbres de cero”.

Elaboró materiales para celebraciones litúrgicas (Cuaresma, Pascua, Corpus) y, como él dice, “yo mismo me enriquecía elaborándolos, crecía mi propio espíritu agustiniano. Mi deseo siempre ha sido difundir y promover la espiritualidad agustiniana y el compromiso apostólico según san Agustín. Era nuestro sello, lo que podíamos transmitir mejor”.

Y, como él mismo dice, “la gente comenzó a responder, pedían más, en nuestras comunidades se quería conocer a san Agustín, pero no había ningún material, no había nada. Por eso me animé a elaborarlos: una introducción a las Confesiones, la explicación de la Regla de Vida de las Fraternidades, de su naturaleza y fines, sobre la vocación, el carisma, la misión y el compromiso, la vida espiritual y apostólica, la historia de los ministerios recoletos en México…”.

Jesús se reconoce inquieto para leer y escribir, y ya antes de ordenarse había quedado en segundo lugar en concursos literarios latinos o había publicado algunos libros catequéticos, como el que se usó durante años en la Parroquia de Santa Mónica de Zaragoza con 42 temas y preguntas para niños de Primera Comunión. “Dábamos los temas y en la siguiente catequesis los niños tenían que traer las preguntas respondidas en casa con ayuda de sus padres, para involucrarlos”.

Jesús siempre se ha sentido orgulloso por “husmear mucho en los libros de san Agustín. Considero muy importante que se forme en el cariño hacia su pensamiento pero, por encima de la teología, debe estar la vivencia, la experiencia de esa fraternidad real”.

La Familia Agustino-Recoleta ha dado un gran impulso a las Fraternidades y a los materiales formativos, a los encuentros, reuniones o retiros conjuntos. Pero antes, recuerda, “no existían actividades ni materiales organizados para todos, cada uno tenía que hacerlo de cero y por su cuenta. En eso se ha avanzado mucho”.

Otro encargo que recuerda desafiante fue la frecuente predicación a monjas contemplativas Agustinas Recoletas en sus monasterios de clausura: “Debía hacer sermones más profundos, tenía que prepararlos especialmente. Y pude reunir bibliografía y materiales, y fui escribiendo en cuadernos muchos temas que ampliaron lo que yo sentía como mi propia obligación de formarme”.

Jesús ha elaborado hasta 15 volúmenes de diverso tamaño y alcance con temas, sermones, hagiografías, pautas para celebraciones concretas, los salmos, la vida de san Agustín y su conversión, santa Mónica (este con cuatro ediciones)…: “Escribir me ha dado siempre mucha alegría y felicidad”.

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