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«El faro debe permanecer encendido»: la nueva misión de cinco jóvenes recoletos

Cinco agustinos recoletos reciben el lectorado y acolitado en Madrid. El Prior Provincial recuerda que lo esencial es el encuentro con Jesucristo.
Acolitados 2026

La Provincia San Nicolás de Tolentino celebró en Madrid la institución de cinco religiosos como lectores y acólitos. Fray Carlos González Castellanos les recordó que lo esencial del ministerio no está en las formas externas, sino en un corazón transformado por Jesucristo.

La imagen de un faro apagado en medio de una tormenta fue el punto de partida de una profunda reflexión sobre la vocación y el servicio a la Iglesia. Con esta historia, fray Carlos González Castellanos, prior provincial de la Provincia San Nicolás de Tolentino, invitó a cinco jóvenes agustinos recoletos a cuidar lo verdaderamente esencial de su vida religiosa: el encuentro personal con Jesucristo.

La exhortación tuvo lugar el pasado sábado 31 de octubre, durante la celebración de la colación de los ministerios laicales del lectorado y el acolitado, en la Casa de Formación San Agustín de Las Rozas de Madrid. Una docena de religiosos procedentes de las comunidades de Madrid acompañaron a los cinco frailes en este momento de su itinerario formativo.

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Un faro que nunca debe quedarse sin luz

Durante su homilía, el Prior Provincial compartió la historia de un joven encargado de mantener encendido un faro en una isla rocosa. Su responsabilidad era garantizar que los barcos pudieran navegar sin peligro durante la noche.

El muchacho, generoso y dispuesto a ayudar, comenzó a repartir entre sus vecinos el aceite destinado al faro. Unos lo necesitaban para iluminar sus casas; otros, para sus embarcaciones o para cocinar. Hasta que una noche de tormenta se quedó sin combustible. El faro permaneció apagado y tres barcos naufragaron.

Cuando su superior le pidió explicaciones, el joven respondió que había compartido el aceite por generosidad. Entonces recibió una enseñanza decisiva:

«Las luces que encendían esas personas eran luces importantes, pero la luz que a usted le encargué, la del faro, era esencial, era vital».

Con este relato, fray Carlos quiso recordar a los nuevos lectores y acólitos que, en medio de las numerosas tareas y responsabilidades de la vida religiosa, existe una prioridad que nunca puede descuidarse: mantener viva la relación con Dios.

«Hay un elemento que es esencial, que es fundamental para que realicen este servicio de manera profunda, y es tener una experiencia de Dios, tener una experiencia profunda de Jesucristo», insistió.

El Provincial subrayó que solo un encuentro capaz de transformar el corazón permite ejercer cualquier ministerio con verdadera caridad. La historia del faro se convirtió así en una invitación a todos los religiosos a no perder de vista aquello que da sentido a su consagración.

Lo esencial no está en las formas, sino en el corazón

Uno de los momentos más significativos de la homilía llegó cuando fray Carlos advirtió del riesgo de confundir la belleza exterior de la liturgia con la profundidad espiritual del ministerio.

«Lectorado y acolitado no son títulos honoríficos, tampoco son premios por un buen comportamiento, y aún menos son escalones en la carrera del sacerdocio», afirmó.

Con un tono cercano, recordó que la buena presencia, las vestiduras litúrgicas, la correcta proclamación de las lecturas o la pulcritud en el servicio del altar son aspectos importantes que deben cuidarse. Sin embargo, ninguno constituye lo fundamental.

«¿Qué es lo esencial? La experiencia de Jesucristo».

Dirigiéndose a los nuevos lectores, explicó que proclamar la Palabra exige mucho más que buena dicción o una voz clara. Requiere conocerla, estudiarla, meditarla y, sobre todo, permitir que transforme la propia vida.

«Cuando tengan un encuentro vivo con la Palabra, ahí sí su proclamación de la Palabra va a ser distinta», señaló.

A los nuevos acólitos les recordó que servir en el altar significa acercarse al Dios que alimenta y da vida. La Eucaristía debe convertirse en una fuente permanente de renovación interior que se traduzca en caridad hacia los demás.

El Prior Provincial resumió esta actitud con una expresión que atravesó toda su homilía: «Hacer las cosas con amor y porque se encontró de verdad con el Dios del amor».

Cinco religiosos enviados a servir a la Iglesia

Durante la celebración recibieron el ministerio del lectorado los frailes Erick Francisco Jiménez Picado, Randall Mauricio López Delgado y Hediney Ferreira de Sousa. A ellos se les confió especialmente la proclamación de la Palabra de Dios en la asamblea litúrgica.

En el rito de institución, cada uno recibió el libro de las Sagradas Escrituras, acompañado de la exhortación a transmitir fielmente la Palabra para que sea cada día más viva y eficaz en el corazón de las personas.

Por su parte, fray Benito Vergara Castillo y fray David Suárez Villalobos fueron instituidos acólitos, asumiendo el servicio del altar y las responsabilidades propias de este ministerio, especialmente vinculadas a la Eucaristía.

Ambos recibieron la patena con el pan destinado a la celebración eucarística, como signo del servicio que la Iglesia les encomienda.

La celebración constituyó un nuevo paso en el proceso formativo de estos cinco agustinos recoletos, acompañados por sus hermanos de comunidad y por la Provincia.

Al concluir su reflexión, fray Carlos volvió a insistir en aquello que debe sostener toda vocación, más allá de las responsabilidades, los ministerios o las formas externas:

«Esto es lo vital, el encuentro con Jesucristo. Lo demás son consecuencias».

Una enseñanza que trasciende la celebración y se convierte en un consejo para toda la vida religiosa: cuidar cada día el aceite de la oración, de la Palabra y de la Eucaristía, para que el faro de la propia vocación nunca deje de iluminar.

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