Tras 26 años de ministerio fuera de su país natal, Juan Carlos Avitia, vicario para México y Costa Rica de los Agustinos Recoletos, ha vuelto a su país de origen con el encargo de sus hermanos, confirmado en el último Capítulo Provincial, de animar la vida consagrada y gestionar las comunidades de su Orden en México (13) y Costa Rica (4).
Aprovechando su estancia en su tierra natal, el periódico Notidiócesis lo ha entrevistado, artículo después publicado en la red. Recuerda su historia vocacional, que comenzó a los 17 años con su ingreso en la casa de formación San Pío X de Querétaro y se confirmó con su profesión religiosa en 1996 y su ordenación sacerdotal el año 2000.
Juan Carlos habla de sus sentimientos porque, por primera vez, trabaja ministerialmente en su país, tras 26 años en Madrid, Valladolid y Zaragoza (España).
¿Cómo nació su vocación a la vida consagrada agustino-recoleta?
En mi Parroquia de la Natividad de María trabajaron durante muchísimo tiempo los Agustinos Recoletos. De niño y adolescente experimenté de ellos su cercanía y su carisma comunitario, hasta que me decidí más en serio a conocer su forma de vida.
En esa época la Familia Agustino-Recoleta estaba muy presente dentro la Prelatura de Madera, en Parroquias y templos que a lo largo de los años han ido pasando al clero local; hoy solo estamos en la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús de La Junta y la Parroquia de San Martín de Ciudad Cuauhtémoc, además de en dos comunidades dentro la Arquidiócesis de Chihuahua, en Cristo Sumo y Eterno Sacerdote de la capital y en San Juan Diego de Ciudad Delicias.
¿Cómo recibió el nombramiento de vicario para México y Costa Rica de su Orden?
Fue una mezcla de alegría, por saber que mis hermanos religiosos confían en mi, pero también de expectación ante la nueva responsabilidad. Es una misión complicada y necesitaré la fuerza de Dios y la luz del Espíritu Santo para desarrollarla. No obstante, predomina en mí un sentimiento de ánimo.
He sido elegido para este servicio en un momento en el que casi nadie quiere este tipo de responsabilidades y tareas de gobierno, ante tantos desafíos. Somos pocos religiosos para atender todos los ministerios en un clima social difícil para la evangelización.
Ahora debo servir a unos 70 religiosos distribuidos en 17 comunidades en México y Costa Rica. Me agrada estar en mi tierra y animar y coordinar esta labor en parroquias, colegios, obras sociales, en el trabajo con los pobres, en la promoción humana… Estamos para servir y continuar la obra evangelizadora allí donde la Iglesia nos necesita.
Al volver a mi tierra, he sentido una inmensa alegría. Yo deseaba volver aquí a trabajar, a evangelizar y a hacer mi servicio, aunque desde luego me lo había imaginado de otra manera. En el fondo siempre está esa alegría de que vuelvo a mi tierra, a mis raíces, y eso siempre es bonito. Aunque siempre he venido y nunca he estado desconectado del todo, no es lo mismo estar aquí presente de continuo en el país, plenamente insertado en su realidad.
También podré disfrutar de tener la familia más cerca, una experiencia nueva porque mi mamá ya está mayor y tendré más oportunidad de acompañarla, así como a mis siete hermanos.















