En este Octavario por la Unidad de los Cristianos, Fray Enrique Eguiarte nos invita a mirar hacia dentro: san Agustín enseña que no puede haber comunión auténtica sin unificación interior sanada por la gracia.
Unidad interior y unidad cristiana: san Agustín y la conversión del corazón
Para san Agustín el ser humano debe reconocer que en su interior se encuentra roto y fracturado por el pecado. Todo ser humano tiene una fractura interior y es preciso que comience primero a edificar la unidad en su propio corazón para que una vez unificado su propio ser por la acción de la gracia y dirigido hacia Dios, pueda comenzar a construir la unidad con aquellos que le rodean. La unidad seguirá siendo una utopía si cada creyente, si cada ser humano no comienza primero una labor de unificación personal interior, reconociendo sus propias fracturas y las divisiones que existen en su interior, y dejando que la fuerza sanadora y unificadora de la gracia de Dios actúe en su interior, para que una vez unificados sus deseos, sus afectos y orientados todos hacia Dios, pueda ser factor de unificación y unidad en la Iglesia. La unidad exige por tanto un trabajo individual y colectivo. Me unifico en mi interior para poder construir la unidad en la comunidad de la Iglesia. La unidad no se edifica con piezas fracturadas y rotas. La unidad se construye, con la ayuda de la gracia de Dios con piezas, con personas, que se han unificado en su interior y que pueden por ello edificar la unidad en la Iglesia, pues ellas mismas viven internamente integradas. Es preciso trabajar la unidad desde el corazón para poder después proyectarla a la Iglesia.



