La Oficina de Comunicación de la Orden de Agustinos Recoletos ha hecho entrega al prior general, fray Miguel Ángel Hernández, OAR, de un regalo por su cumpleaños el pasado 19 de enero: las primeras “gafas misioneras”. Con este gesto, compartido al inicio del Año Misional, se pone en marcha una campaña de comunicación que quiere ayudar a toda la Familia Agustina Recoleta a renovar su mirada y su disponibilidad para la misión.
No se trata de un objeto sin más, sino de un signo sencillo y replicable, pensado para impulsar una actitud interior: mirar la realidad con la mirada de Cristo. Una mirada que no se encierra en uno mismo, sino que se abre al prójimo, especialmente a quien camina a nuestro lado y a quien necesita acompañamiento, cercanía y anuncio del Evangelio.
Un regalo que inicia la campaña del Año Misional
La entrega de estas gafas al prior general marca el comienzo visible de la campaña. El gesto nace desde la comunicación institucional como una invitación para todos: comunidades, obras apostólicas, presencia educativa, jóvenes, fraternidades y laicos vinculados a la Orden. La propuesta es que, a lo largo del Año Misional, este signo pueda repetirse en distintos lugares y contextos, alimentando un lenguaje común para la misión: aprender a mirar de otra manera.
“Gafas para el corazón”
En sus palabras, fray Miguel Ángel Hernández subraya el sentido espiritual de la iniciativa. Las “gafas misioneras” remiten a una mirada que se educa con paciencia: poner a los otros en primer lugar, reconocer necesidades concretas y dejarse mover por la misericordia y la compasión. En esa línea, el prior general invitó a toda la Familia Agustina Recoleta a asumir este gesto como aprendizaje y hábito.
“Me gustaría invitaros a todos a que, en este Año Misional de la Orden, nos pongamos estas gafas misioneras. Con estas gafas, si uno se mira a sí mismo, no se encuentra: no te ves con ellas, porque miran en una sola dirección, hacia los lados —a aquellos que caminan con nosotros— y hacia delante —a aquellos que también están en nuestra vida y necesitan de nosotros—. No son gafas para mirarse a uno mismo; son gafas para mirar la realidad con los ojos de Cristo, con su mirada de misericordia y de compasión. Son gafas que sirven más para el corazón que para los ojos. Por eso invito a que, en este año, toda la Familia Agustina Recoleta —monjas, religiosas, religiosos, jóvenes, fraternidades, educadores, Mónicas— se ponga estas gafas, aprenda y se acostumbre a mirar con ellas, porque hace falta acostumbrarse: acostumbrarse a poner a los otros en primer lugar y a ver las necesidades de los otros antes de contemplar las nuestras. Os invito, entonces, a que tengamos este gesto y a que pueda repetirse en muchos lugares, contextos, situaciones y ambientes; que nos invitemos unos a otros a ponernos esas gafas de la misión, las gafas de la evangelización, capaces de detectar las necesidades de nuestros hermanos menos favorecidos, y que recordemos que Dios nos llama a anunciarlo allí donde nos sea posible.”
Una invitación a mirar y salir al encuentro
La campaña comienza con un mensaje claro: el Año Misional es una oportunidad para afinar la mirada y traducirla en cercanía, servicio y evangelización. Mirar con Cristo implica ver a los demás —y sus necesidades— con mayor verdad y compasión. Y, desde ahí, dar un paso al frente: acompañar, sostener, anunciar.
Con este primer gesto, recibido por el prior general como punto de partida, la Familia Agustina Recoleta queda convocada a ponerse las “gafas misioneras” y a hacer de esa mirada un estilo compartido: anunciar a Dios allí donde nos sea posible.



