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Profesión solemne de tres agustinos recoletos en Totonicapá

Fray Edgar, Fray José Abelardo y Fray Jorge emitieron sus votos solemnes en Totonicapán, Guatemala. Revive la crónica y la homilía de esta celebración de la OAR.
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Con el majestuoso y concurrido marco de la Cocatedral de San Miguel Arcángel, la Provincia Nuestra Señora de la Candelaria vivió el pasado 12 de septiembre el segundo gran momento de gracia del año. Los religiosos guatemaltecos Fray Edgar Alexander Hernández Xuruc, Fray José Abelardo Batz Baquiax y Fray Jorge Carlos Racancoj Chaj emitieron su profesión solemne, consagrando definitivamente sus vidas al servicio de Dios en la Orden de Agustinos Recoletos.

La solemne Eucaristía fue presidida por el prior provincial en funciones, Fray José David Niño Gómez, quien, en un acto que corona su periodo de animación provincial, tuvo la inmensa alegría de recibir los votos perpetuos de los tres jóvenes religiosos. La celebración contó con la concelebración de Monseñor Mario Molina, obispo emérito de la Arquidiócesis de Los Altos Quetzaltenango-Totonicapán, y del secretario y vicario provincial, Fray Juan Pablo Martínez Peláez. Asimismo, el prior provincial electo, Fray Héctor Manuel Calderón, acompañó este momento histórico fungiendo como testigo de las profesiones.

El presbiterio se vio enriquecido con la presencia de otras figuras clave para la comunidad, como Fray Juan Carlos Andújar Garcés, delegado provincial; Fray Valerio Baines Sanz, prior del Teologado en España; y Fray Max Ojeda, párroco de la cocatedral. Familiares, amigos, religiosos de diversas comunidades de Guatemala y una ferviente feligresía parroquial llenaron el templo para ser testigos de esta entrega radical.

Construir sobre la roca y dar frutos de Evangelio

Durante su profunda homilía, Fray José David Niño Gómez reflexionó sobre los tres pilares leídos en la Palabra: anunciar el Evangelio con entrega, demostrar la fe mediante frutos concretos y construir la existencia sobre la roca firme de Cristo. Recordando a San Pablo, exclamó: «¡Pobre de mí si no proclamo el Evangelio!», recordando a los nuevos profesos que la evangelización no es una actividad secundaria, sino la razón profunda de sus vidas.

El prior provincial subrayó el verdadero significado de los consejos evangélicos que los tres frailes abrazaron para siempre:

  • La castidad no como ausencia de amor, sino como un testimonio de un corazón entregado de manera indivisa a Dios, capaz de un amor universal y generoso.

  • La pobreza como la libertad para servir, renunciando a vivir atados a los bienes, al poder o al reconocimiento personal.

  • La obediencia como una fidelidad activa a la voluntad de Dios, que implica escuchar, discernir y llevar la Palabra a la práctica con responsabilidad.

Tres historias, un mismo llamado

En un emotivo mensaje personal, Fray José David se dirigió a cada uno de los religiosos recordando los orígenes de su vocación: A Fray Edgar Alexander le recordó cómo la voz de Dios resonó por primera vez durante un encuentro de monaguillos que se transformó en una convivencia vocacional. A Fray José Abelardo le destacó cómo el testimonio, la entrega y el servicio de los frailes que conoció fueron el motor que lo impulsó a ingresar al postulantado. A Fray Jorge Carlos, le hizo memoria de sus 14 años en el seminario San Agustín, donde la vida de los sacerdotes lo inquietó, siendo el sacramento de su Confirmación el momento que cuestionó definitivamente su seguimiento a Jesucristo.

La celebración culminó en un ambiente de profunda acción de gracias a Dios, a los formadores y a las familias de los religiosos. La Orden encomienda el ministerio de Fray Edgar, Fray José Abelardo y Fray Jorge a la intercesión de la Virgen María, San Miguel Arcángel y San Agustín, pidiendo que la luz del Evangelio ilumine siempre sus sendas.

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