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De san Ezequiel al continente digital: una misma misión

El Sínodo Misionero Agustino Recoleto mira a sus raíces y al continente digital para renovar el fuego y descubrir nuevos caminos de misión.
sinodo misionero

La segunda mañana de trabajo del Sínodo Misionero Agustino Recoleto invitó a los sinodales a mirar hacia la historia para preguntarse por el presente y el futuro de la misión. Mons. Alejandro Castaño propuso recuperar el testimonio de los grandes referentes misioneros de la tradición agustiniana; después, los participantes compartieron un nuevo momento de escucha en el Espíritu. La jornada matinal concluyó con dos videomensajes que ampliaron el horizonte de la misión: los jóvenes de las JAR expresaron su disponibilidad para compartirla y Mons. Lucio Ruiz invitó a los Agustinos Recoletos a evangelizar también en el «continente digital».

Una historia que sigue encendiendo la misión

Mons. Alejandro Castaño fue el encargado de abrir la reflexión de la segunda mañana del Sínodo. Su intervención partió de la historia evangelizadora de la Iglesia en América y del papel desempeñado en ella por los religiosos y misioneros.

Para ello recordó unas palabras de san Juan Pablo II con ocasión del quinto centenario de la evangelización de América: «Esta obra de evangelización en Latinoamérica ha sido, en gran parte, fruto de vuestro servicio misionero».

Desde esa mirada histórica, Mons. Castaño propuso a los sinodales varios referentes capaces de iluminar el discernimiento que estos días se está realizando en Río de Janeiro: santo Tomás de Villanueva, san Alonso de Orozco y san Ezequiel Moreno, sin olvidar también la figura de san Juan de Sahagún.

No todos pudieron realizar personalmente el deseo de partir hacia las nuevas tierras, pero en ellos estuvo presente una profunda inquietud evangelizadora. Sus vidas permiten comprender un proceso histórico y espiritual que terminaría formando parte de la identidad de la propia Recolección Agustiniana.

«Hemos escuchado muchas veces que la recolección se hizo misión», recordó Mons. Castaño.

Santo Tomás de Villanueva desarrolló su misión como pastor en una Iglesia necesitada de una profunda renovación; san Alonso de Orozco hizo de la predicación uno de los grandes ejes de su vida y terminó convirtiéndose en una referencia evangelizadora en el Madrid de su tiempo. En ellos, explicó el obispo agustino recoleto, estaba ya presente el fuego que posteriormente aparecería con especial intensidad en la figura de san Ezequiel Moreno.

«Siento que el Señor me llama allí»

Precisamente san Ezequiel ocupó un lugar destacado en la reflexión. Mons. Castaño recordó su llegada a Colombia y su decisión de recuperar la presencia misionera de los Agustinos Recoletos en territorios que habían vivido años de enormes dificultades.

Su figura permite contemplar una misión marcada por el sacrificio, los viajes, las dificultades materiales y la incertidumbre, pero, sobre todo, por la convicción de estar respondiendo a una llamada de Dios.

«Siento que el Señor me llama allí», recordó Mons. Castaño citando una de las expresiones que mejor sintetizan la experiencia misionera del santo agustino recoleto.

San Ezequiel Moreno y los religiosos que compartieron aquella aventura evangelizadora se convirtieron así en parte de un patrimonio misionero que, más de un siglo después, continúa interpelando a la Orden.

Para Mons. Castaño, recordar estas historias no significa simplemente volver la mirada hacia un pasado glorioso. La memoria tiene sentido cuando permite preguntarse por la misión que corresponde asumir hoy.

«Nuestra Orden y nuestras Provincias tienen que recuperar el sentido misionero, el sentido del sacrificio», afirmó.

Ese impulso, añadió, debe ayudar a «reanimar el espíritu, el fuego» que convirtió a tantos religiosos en apóstoles, algunos mediante su acción directa y otros mediante su profundo deseo de anunciar el Evangelio.

Escuchar lo que el Espíritu dice hoy

Tras la intervención de Mons. Alejandro Castaño, los sinodales participaron nuevamente en la dinámica de escucha en el Espíritu, uno de los elementos fundamentales del método de trabajo de este Sínodo Misionero Agustino Recoleto.

Fue un espacio para hablar desde la propia experiencia, escuchar a los demás y compartir con libertad aquello que cada participante percibe que el Espíritu está suscitando a partir de las reflexiones de estos días.

Por su propia naturaleza, se trata de un momento íntimo de discernimiento sinodal. Por este motivo, las intervenciones personales de los participantes no serán difundidas en redes sociales ni en los medios de comunicación de la Orden.

El proceso, sin embargo, desembocará en unas conclusiones que recogerán el camino realizado durante estos días. Al finalizar el Sínodo se compartirá un documento que permitirá conocer los principales frutos del discernimiento y las llamadas que los sinodales hayan reconocido conjuntamente.

Una misión que se comparte

La mañana terminó abriendo todavía más el horizonte de la misión. Los sinodales recibieron primero un videomensaje preparado por jóvenes de las Juventudes Agustino Recoletas (JAR)de diferentes lugares del mundo. En él expresaron su disponibilidad para participar y compartir la misión de la Familia Agustino Recoleta.

El mensaje puso sobre la mesa una de las cuestiones que atraviesan estos días de reflexión: la misión no puede entenderse únicamente como una tarea de los religiosos, sino como una llamada que puede ser compartida con los diferentes miembros de la Familia Agustino Recoleta.

Después llegó una segunda invitación, esta vez para dirigir la mirada hacia una de las nuevas fronteras de la evangelización.

Mons. Lucio Ruiz, secretario del Dicasterio para el Servicio de la Caridad y responsable del acompañamiento de los misioneros digitales desde la Santa Sede, envió un videomensaje a los participantes del Sínodo.

Partió del lema que acompaña el Año Misionero Agustino Recoleto, tomado de san Agustín: «Anunciad a Cristo donde podáis».

Mons. Ruiz quiso detenerse precisamente en una palabra: «dónde».

«Ser misioneros significa también preguntarnos continuamente dónde están hoy las personas, dónde buscan, dónde se encuentran, dónde expresan sus preguntas, sus heridas, sus esperanzas y también su búsqueda de Dios», explicó.

Uno de esos lugares es hoy el mundo digital. Millones de personas desarrollan allí una parte significativa de su vida, construyen relaciones, buscan respuestas y expresan sus inquietudes. Algunas de ellas, señaló Mons. Ruiz, «quizá nunca entrarían por la puerta de una iglesia, pero sí pueden encontrarse con un cristiano en una pantalla».

Por ello invitó a reconocer el entorno digital como un auténtico espacio para la misión. Pero esta presencia, advirtió, no puede reducirse simplemente a ocupar las redes sociales. El desafío es mucho más profundo:

La pregunta es cómo llevar allí a Cristo, cómo llevar allí la riqueza de vuestro carisma, vuestra espiritualidad agustiniana, vuestra búsqueda de la verdad, vuestra vida comunitaria y esa inquietud de san Agustín por buscar a Dios y acompañar al ser humano en su búsqueda.

De este modo, lanzó dos preguntas directamente a los participantes:

¿Cómo podemos anunciar a Cristo donde las personas están hoy? ¿Cómo podemos ser misioneros agustinos recoletos también en el continente digital?

La espiritualidad agustiniana puede ofrecer, señaló, algunas respuestas especialmente significativas para este nuevo territorio: escucha, acompañamiento, comunidad, búsqueda de la verdad y encuentro con Dios.

Así concluyó una segunda mañana que comenzó mirando hacia los misioneros que precedieron a la Orden y terminó dirigiendo la mirada hacia nuevas fronteras.

De santo Tomás de Villanueva, san Alonso de Orozco y san Ezequiel Moreno al continente digital, permanece una misma pregunta para los sinodales: dónde y cómo anunciar hoy a Cristo.

Y permanece también la invitación de san Agustín que Mons. Lucio Ruiz dejó resonando entre los participantes: Anunciad a Cristo donde podáis.

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