JAR llevan misión y esperanza a Cafayate
La misión no comenzó cuando los jóvenes llegaron a Cafayate. Comenzó cuando dijeron “sí”. Veinticinco integrantes de las Juventudes Agustino Recoletas (JAR) dejaron sus hogares para vivir una experiencia misionera en la Prelatura de Cafayate, en la provincia de Salta. Lo hicieron con un lema sencillo y exigente: “Anuncien a Cristo donde puedan”.
En el tradicional visiteo casa por casa, el anuncio tomó forma concreta. Las puertas que se abrían revelaban historias de lucha, fe y esperanza. María Paz, joven JAR de Santa Fe, lo resume así:
“No fuimos solo a llevar algo. Fuimos a encontrarnos. Y en cada casa entendimos que Dios ya estaba allí antes que nosotros.”
El Evangelio se compartió desde la cercanía. Escuchar, bendecir, rezar juntos. La misión se volvió encuentro.

El rostro de Cristo en los más frágiles
Los jóvenes también visitaron el hogar de ancianos y el hospital local. Allí comprendieron que muchas veces el anuncio cristiano consiste simplemente en estar.
Entre palabras de consuelo y celebraciones de la Eucaristía, la experiencia se volvió más profunda.
“Aprendimos que acompañar no es decir mucho, sino permanecer. Y en ese permanecer, Cristo se hace presente”, compartió María Paz.
En el contacto con los más frágiles, la misión dejó de ser actividad para convertirse en revelación: Cristo se deja encontrar en el hermano.
Una juventud que comunica y siembra esperanza
La presencia misionera se extendió también a la radio local “La Sentadita”, donde los jóvenes compartieron el carisma agustiniano, hablando de interioridad, comunidad y búsqueda de Dios.
Los niños ocuparon un lugar especial en el merendero “San Francisco” y en el “Parque de la Familia”. Juegos, catequesis y conversaciones sencillas sembraron alegría en medio del verano cafayateño.
“Descubrimos que anunciar a Cristo también es jugar, escuchar y mirar a los ojos. La misión cambió nuestro corazón antes que el de los demás.”
La experiencia recordó que evangelizar no es imponer, sino proponer desde la alegría.
Caminar juntos como Iglesia
Uno de los momentos más significativos fue la jornada de retiro juvenil, animada tanto por matrimonios de la Fraternidad Seglar como por los propios misioneros. Allí se percibió un profundo deseo de comunidad y compromiso cristiano.
La misión culminó con una peregrinación junto a los vecinos, acompañando a la Virgen del Rosario hasta la Catedral, donde se celebró la Eucaristía de clausura.
El agradecimiento se extendió al pueblo de Cafayate por su hospitalidad generosa y especialmente a Darío Rubén Quintana, obispo prelado de Cafayate, por su cercanía y acompañamiento.
Cuando la misión transforma el corazón
Para los jóvenes JAR, la experiencia dejó una huella imborrable. No fue solo una actividad de verano, sino un tiempo de gracia.
“La misión no es solo anunciar; es dejar que el encuentro te cambie por dentro.”
Porque cuando el anuncio nace del encuentro, la misión deja de ser un evento y se convierte en experiencia viva de Iglesia que camina unida, incluso entre montañas.




