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“‘Fray, no se duerma, no se duerma’: los seglares nos interpelan y siembran inquietud, búsqueda, alegría y celebración”

Durante la celebración del 129º Capítulo Provincial, conversamos con el agustino recoleto Sergio Sánchez (Tlalnepantla, Estado de México, México, 1961) sobre pasado, presente y futuro de la formación permanente.
Sergio Sánchez, agustino recoleto.

¿Por qué es tan necesaria la formación permanente en la vida consagrada?

Desde hace décadas hay más conciencia de que la formación debe ser permanente y continua, que es para toda la vida y de todas las dimensiones. El concepto vendría a coincidir con formación integral. Un documento muy significativo recuerda que en cada etapa de la vida hemos de saber cómo ser, cómo amar y cómo servir.

Necesitamos atender esas grandes áreas o dimensiones de nuestra formación. En épocas pasadas una preocupación importante era la formación intelectual. Con los estudios, se pensaba, tenías todo arreglado. Hoy sabemos que lo más importante es lo humano y lo carismático, las capacidades de saber vivir en comunidad y de prestar un servicio de calidad.

Además, toda formación requiere de su contexto, debe responder a los desafíos de su momento. Nuestros retos de hoy no son los mismos del Vaticano II o del siglo XX. Nuestra sociedad y nuestro tiempo tienen los suyos propios.

En siglos pasados los religiosos éramos la gente más preparada, incluso más autorizada en ciertos ambientes. Hoy somos, simplemente, uno más; y, en muchos aspectos, menos preparados que los seglares. Si no estamos al día, no responderemos a esa misión recibida.

Diría, por último, que hay relación entre satisfacción y realización personal y formación permanente, no solo por un aspecto de autorrealización o autorreferencia, sino por sintonía y resonancia con el ambiente vital que nos rodea hoy.

¿Qué valoración haces de las experiencias, metodologías y acciones de formación permanente que proponen los Agustinos Recoletos a sus religiosos?

En este Capítulo y en las encuestas que hacemos se nos dice que la formación permanente funciona, hay cierta satisfacción general sobre ella. Realmente le hemos puesto un poquito de atención, aunque aún no sea toda la que requiere.

Algunos factores nos han ayudado. Así, trabajamos en equipo en el ámbito de toda la Orden, como pidió y estableció el último Capítulo general. La formación permanente es una línea transversal y sus actividades se organizan para todos.

Como representante de la Provincia de San Nicolás de Tolentino en ese equipo, la Provincia me ha liberado y puedo moverme para atender las ofertas y las demandas que hacen las comunidades. Otros miembros del equipo no están liberados y puedo decir que hay, incluso, quienes llevan sobrecargas extra.

En los encuentros de formación por franjas de edad pido a los participantes que se hagan eco de esta experiencia tan rica. Durante tres semanas hay un trasiego humano, espiritual, carismático, comunitario y festivo. Hay contenidos, pero a final de cuentas la verdadera riqueza es escuchar a tus hermanos cómo viven su propia vocación.

¡Ojalá pudiesen participar todos! El reto es la continuidad, no basta despertar un fuego que después no se alimenta, no se cuida, esa continuidad hace que la formación sea realmente continua.

El Capítulo general recogió una inquietud: que la formación permanente tocase de verdad el corazón e incidiese en la vida diaria, en lo que realmente interesa a la persona en la etapa que vive, en sus tareas, crisis, desafíos reales. Esta formación por etapas quiere responder de verdad a la realidad del religioso en su momento vital.

Además contamos con nuevos medios que nos permiten agrandar la experiencia. Ya preparamos encuentros virtuales previos de quienes participarán para conocernos antes, expresar inquietudes, expectativas, y no empezar de cero.

El Capítulo general nos propuso también la metodología de la indagación apreciativa. En vez de repetir de modo cansino lo que está mal, o que no hay nada que hacer, o que nuestros objetivos son inalcanzables, ¿por qué no partir de lo que sí tenemos, por qué no observar cómo vive la gente que aprecio, que nos da vida, y cultivarlo? Esta metodología facilita la elaboración del Proyecto de vida y misión comunitario y suscita un ambiente positivo de satisfacción, alegría, de apoyo mutuo en lo común.

Frente al cansancio o el derrotismo, ¿formación permanente?

Creo que priorizamos la actividad, la acción, el hacer sobre el ser. Y, cuando se descuida el ser, aquello que nos nutre, que nos da energía, nos cansamos. Y buscamos pretextos como que somos pocos, que no tenemos tiempo para nutrirnos. Sin generalizar, creo que hay cierta dejadez y cuesta participar en retiros, ejercicios espirituales, encuentros de etapa e incluso en cosas tan satisfactorias como salir de paseo, tener nuestra sobremesa, esparcimiento comunitario, falta compartir con alegría lo que vivimos, los logros que conseguimos, las resonancias de la gente que nos cuenta que ha encontrado vida en nosotros o en nuestro ministerio. Y así perdemos la capacidad de contagiarnos unos a otros lo que el Señor hace en nuestro servicio.

En los encuentros de etapa hay mucho de narrar la vida, como cuando uno te dice que “volvería a ser agustino recoleto”. Cuando me preguntan si no me canso de tanto retiro, encuentro, grupo, respondo que siento esa alegría de dejarme interpelar por las ganas de la gente de encontrarse con Dios y de crecer. Para mí es una gozada encontrarme con estos grupos que voy acompañando.

La rutina mina y cansa. ¿Por qué no darnos la oportunidad de explorar nuevos espacios y horizontes? Hay alegría y encuentro con Dios, hay contagio de belleza vital, hay vibración con las cosas de Dios. No soy ingenuo, todos tienen dificultades y problemas. Pero precisamente compartirlos en ambientes de crecimiento y confianza ayuda mucho.

Me llaman mucho la atención los estudios publicados sobre religiosos y sacerdotes quemados. Aprendamos a ventilar y airear un poquito la vida; narremos lo que vivimos en espacios de confianza, incluso para decir: “Mira, estoy cansado, estoy harto”. Eso ya quita presión y tensión.

Organizamos un taller sobre cómo liderar desde la confianza, que es donde crecemos como personas, desde donde narrar la vida y sentirse querido al compartir limitaciones. Y cuando son acogidas por otros, nos sentimos apreciados y fortalecidos.

¿Qué aportan y enseñan los seglares a los religiosos?

La coordinación de tareas sobre carisma y formación con los laicos está bien coordinada por el Consejo general. Su representante está muy involucrado y su reflexión y cercanía nos ayudan a remar juntos. En este equipo hay muchos seglares y nos interpelan: “No te duermas, fray, no te duermas”. Recogen y hacen resonar esas inquietudes y ese deseo de vivir algo más. Se percibe en ellos inquietud, búsqueda, alegría, celebración.

En este cuatrienio hubo un parteaguas, el encuentro internacional de las Fraternidades Seglares Agustino-Recoletas que tuvo lugar en Río de Janeiro (Brasil). Muchos nos contaron que sus expectativas eran casi raquíticas, muy pequeñas, pero al ver cómo vibraba otra gente surgió el deseo de compartir y crecer con todos.

Hemos preparado nuevos materiales para responder a sus inquietudes y preguntas. Y nos dicen que desean que los tengamos en cuenta. Son ese brote verde y tierno que hace realidad lo que decía el Papa Francisco de poner el carisma en las manos de los laicos. Y presumen de ese carisma incluso más que muchos consagrados.

Un caso curioso es la Asociación de Madres de Santa Mónica. Ya fui responsable de ellas hace 20 años, pero no hicimos nada. Y en cuanto se les atiende un poquito, responden enormemente. Qué madre no tiene ese instinto de cuidar, ese cuidado. Basta decirles: “Oye, nos juntamos para orar y que sientas que no estás sola en esa”.

Ni siquiera hay se les pide mucho, basta una misa cada 27 de mes, una oración, no hace falta mucha estructura. Pero ellas responden con un bonito sentido de pertenencia y muchos pequeños signos que nos podemos ofrecer mutuamente. Para ellas es gloria.

Carecíamos de orientaciones para ellas, había quedado atrás aquella iniciativa original del fundador. No pretendemos encasillarlas ni crear grandes estructuras. Por ejemplo, en breve publicaremos para ellas un oracional que les va a dar mucha alegría, oraciones cotidianas y otras para circunstancias diversas, una novena, una hora santa agustiniana. No queremos escatimar en “invertir” en ellas, porque son importantes para nosotros y viceversa.

¿Y qué es lo que nos devuelven? Resulta que todo fraile que acompaña a Fraternidades Seglares, a Madres de Santa Mónica, vive satisfecho su vocación y su carisma. Pareciera que nosotros damos, cuando en realidad los seglares nos ayudan a traducir nuestro propio yo. Personalmente, yo nunca me había imbuido tanto de textos espirituales. Acepto todas las peticiones que me llegan, me obligan a empaparme. Y puedo hablarles de mi vida cotidiana desde las claves de lo espiritual. Nos ayudamos mutuamente.

¿Qué le dirías a cuantos necesitan un empuje para vivir la formación permanente?

Que no perdamos la oportunidad. Es feo decirlo, pero cierto: la gente paga por participar en la formación. Y a los frailes se nos pone en bandeja esa riqueza, posibilidades, materiales, lo mejor que tenemos, nuestra gente más preparada y más carismática, que suscitarán en ellos la vivencia de su vocación.

No pierdan la oportunidad de dejarse tocar el corazón, la vida, de ayudarse a despertar ese primer amor que los animó y que todavía se puede realizar y compartir. Una de las constantes positivas en las evaluaciones es el aspecto de convivencia, de compartir logros, desafíos, dificultades. Siempre escuchan algo que, al final, tiene que ver con su propia vida. Incluso está el incentivo de ir a lugares fuera de su ambiente cotidiano y conocer más la Orden.

Y los que ya participan, que anuncien y digan lo bien que lo pasamos. Esto no va de análisis de la realidad, sino de cómo vivo y cómo crecer para ser fiel a la misión que el Señor me ha encomendado. Ojalá no haya que suspender más programaciones por falta de quórum, a mayor participación se asegura una riqueza mayor.

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