En este Octavario por la Unidad de los Cristianos, Fray Enrique Eguiarte nos acompaña con una lección pastoral de san Agustín: la unidad crece cuando hay escucha, paciencia y caridad en el diálogo.
Diálogo y unidad: san Agustín, los donatistas y la caridad ecuménica
San Agustín buscó continuamente el diálogo con los donatistas, con aquellos que pertenecían a la Iglesia cismática. Estaba siempre abierto a escuchar sus puntos de vista y a invitarlos a buscar juntos la verdad. Dialogar no significa ceder en los elementos esenciales de la fe o de la doctrina de la Iglesia, sino aprender a escuchar los puntos de vista de la otra persona, y ayudarle a ver las cosas desde otra perspectiva, para juntos poder llegar a la verdad y a la unidad. El diálogo implica saber escuchar, tener paciencia y respeto por la otra persona y sus ideas, pero ante todo, el diálogo implica caridad y amor. Solo desde la escucha abierta y confiada se puede edificar la unidad. El diálogo sincero ayuda a superar las diferencias y a ver en el otro un hermano. Por eso san Agustín insistía en que era preciso decirles a los que no vivían en la unidad de la Iglesia, “somos hermanos”. Estas son las profundas palabras agustinianas: “Os exhortamos, pues, hermanos, a practicar lo más posible esta caridad, no sólo entre vosotros mismos, sino también con los de fuera, sea los que todavía son paganos, que aún no creen en Cristo, sea con los que se han separado de nosotros, que reconocen la misma cabeza con nosotros (Cristo), pero que están separados del cuerpo. Tengámosles compasión como a hermanos nuestros que son. Quiéranlo o no, son hermanos nuestros. Dejarían de serlo si dejaran de decir: Padre nuestro” (en. Ps. 32,2,2, 29).



