En su primera colaboración para Recoletos.org, Nicole Aguilar, diseñadora gráfica de la Orden de Agustinos Recoletos, reflexiona sobre la fiesta de la Transfiguración del Señor. A partir del episodio del monte Tabor, propone una mirada cercana y actual para descubrir cómo el encuentro con Cristo transforma el corazón y da sentido a la vida cotidiana.
¿Qué significa la Transfiguración de Jesús? ¿Por qué el monte Tabor sigue teniendo algo que decir a nuestra vida?
Entre el ajetreo del verano, la búsqueda de numerosos planes, el calor y la necesidad de descanso, a veces necesitamos parar y subir al monte. No para huir de nuestra realidad, sino para recordar en quién debemos fijar la mirada y por quién debemos dejarnos transformar.
El Tabor antes que el Calvario
La Transfiguración ocurre justo después de que Jesús anuncie su pasión. Antes de la oscuridad, regala a los discípulos un momento de luz, para que, cuando lo contemplen desfigurado en la cruz, no olviden que allí sigue presente su gloria.
Pedro, queriendo quedarse en aquel lugar, no comprende todavía que el monte no es un destino, sino un espacio de transformación. Es el lugar donde se redescubre quién es Cristo para, después, volver al camino. El monte prepara a los discípulos para descender al valle, donde les esperan las cruces, el trabajo, las dudas y la misión.
Pero, después de subir al monte, ya no volverán siendo los mismos. Porque la vida cristiana no consiste en vivir de momentos extraordinarios, de grandes emociones o de experiencias pasajeras, sino de una transformación diaria que se hace visible en la vida cotidiana. En cada tarea, en cada mirada y en cada conversación, nuestros pequeños calvarios adquieren un sentido nuevo cuando recordamos la luz de Aquel por quien hemos sido transformados.
“Escuchadlo”: la única invitación del Padre
El Padre les da una única orden. No les pide que lo admiren, que lo adoren o que lo imiten; simplemente les dice: “Escuchadlo”.
En el día a día vivimos rodeados de voces, opiniones y ruido. La fiesta de la Transfiguración nos invita a preguntarnos: ¿Qué voz guía realmente mi vida? ¿Qué voz orienta mis decisiones, mis relaciones, mi trabajo o mi tiempo libre?
San Agustín comprendió que Dios habla en el interior del corazón. Pero para escuchar su voz es necesario hacer silencio. Solo cuando callan las voces exteriores podemos reconocer esa voz que nos llama por nuestro nombre y nos conduce hacia una vida más plena.
Subir al monte también es posible hoy
El monte aparece en el Evangelio como un lugar físico, pero hoy también podemos subir al monte de muchas maneras: dejando el móvil durante unas horas, visitando al Señor en el sagrario, buscando momentos de silencio, viviendo el día con menos prisas o dedicando parte de nuestro tiempo a la oración. No se trata de escapar de la realidad, sino de volver a ella con una mirada renovada y con la certeza de que Dios también quiere transformar nuestra vida.
El Tabor nos recuerda que solo quien contempla el rostro de Cristo puede aprender a mirar el mundo con sus mismos ojos. La transformación que allí contemplamos no termina en el monte; comienza cuando descendemos y regresamos a nuestra vida cotidiana con un corazón renovado.
La fiesta de la Transfiguración nos recuerda que aquello que busca y anhela nuestro corazón tiene un rostro, y que solo descansará cuando se encuentre con Él. Que subir hoy al monte nos ayude a recibir la luz necesaria para volver con esperanza a nuestro día.






