Agustinos Recoletos en la COP30: presencia misionera y compromiso con la casa común
Los Agustinos Recoletos formaron parte de la 30ª Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP30), que reunió a delegaciones de casi 200 países en Belém do Pará. Junto a franciscanos, jesuitas, combonianos y otras congregaciones religiosas, miembros de la Red ARCORES participaron activamente en los espacios de diálogo y reflexión que acompañaron la agenda oficial de la cumbre.
La participación de la Vida Consagrada es ya una presencia habitual en estos encuentros globales, especialmente en aquellos donde se debaten asuntos decisivos para el futuro de la humanidad y del planeta. En esta ocasión, la misión agustino-recoleta se manifestó a través de su compromiso con la justicia ambiental y su deseo de contribuir, desde el Evangelio, a la construcción de un mundo más sostenible.
Una presencia motivada por la espiritualidad agustiniana
La delegación de ARCORES tomó parte en diversas actividades paralelas a las sesiones diplomáticas, entre ellas la Cumbre de los Pueblos Indígenas, conferencias sobre la encíclica Laudato si’, y momentos de oración, escucha y reflexión compartida. La presencia agustino-recoleta se sustentó en una convicción espiritual: cuidar de la Tierra no es únicamente un asunto político o técnico, sino profundamente evangélico.
San Agustín enseñaba: “Poseamos las cosas terrenas sin dejar que ellas nos posean”. Esta máxima inspiró los encuentros formativos y las intervenciones en las que ARCORES subrayó la importancia de promover el orden y la paz, entendidos como armonía entre las criaturas, equilibrio ecológico y justicia para los más vulnerables.
Una misión que nace del Evangelio
La participación en la COP30 responde a tres pilares fundamentales de la misión agustino-recoleta:
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La misión nos envía allí donde se discuten las grandes cuestiones de la humanidad.
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La justicia ambiental es parte de la justicia divina.
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Promover la paz de la creación es colaborar en la construcción del Reino de Dios.
La presencia de la familia agustino-recoleta en Belém do Pará reafirma el compromiso de la Orden con la defensa de la casa común. Allí donde la vida del planeta se ve amenazada, y donde los pueblos más vulnerables elevan su voz en busca de justicia, la Iglesia está llamada a ser puente, presencia y esperanza.
Cuidar la casa común: una responsabilidad compartida
ARCORES recordó que la crisis climática afecta de manera desproporcionada a las comunidades más pobres, un tema recurrente en el trabajo pastoral y social de la Orden en América Latina. La escucha de los pueblos indígenas y la colaboración con otras congregaciones permitieron profundizar en una mirada integral y sinodal del cuidado de la creación.
La participación en la COP30 refuerza las líneas de acción que ARCORES impulsa en distintos países: proyectos de sostenibilidad, educación ambiental, promoción de energías limpias y acompañamiento a comunidades afectadas por desastres climáticos.
El arte como voz profética en la COP30
Un elemento significativo de este contexto fue la intervención artística realizada en la Paróquia de São José de Queluz, en Belém. Un mural de 25 metros fue pintado por el artista filipino A.G. Saño, junto al cooperante Tagoy Jakosalem y el ecologista Yeb Saño, con la intención de visibilizar las luchas ecológicas compartidas entre el Amazonas y otros territorios afectados por la crisis climática.
La obra, que integra imágenes poderosas de especies amenazadas de la Amazonia y motivos inspirados en la vida comunitaria, fue concebida como un homenaje a quienes defienden la tierra y como una expresión visual de solidaridad entre pueblos. También incluye referencias simbólicas al llamado del Papa Francisco y su encíclica Laudato si’, cuya reflexión sobre la interdependencia de toda la creación cobra fuerza en un momento como este.
Esta iniciativa artística no fue un acto decorativo: se convirtió en un espacio de encuentro entre creyentes, defensores del ambiente, comunidades indígenas y ciudadanía en general, invitando a una conversión ecológica integral que trasciende los discursos políticos y apela al corazón y a la conciencia de cada persona.

Un compromiso que continúa
La presencia de ARCORES en la COP30 confirma la vocación de la familia agustino-recoleta de caminar junto a quienes defienden la vida, el territorio y la justicia social. El trabajo iniciado en Belém continuará a través de iniciativas locales e internacionales, siempre guiado por la espiritualidad agustiniana y la llamada del Papa Francisco a una conversión ecológica integral.
Como afirma la misión de ARCORES: cuidar de la casa común no es solo un deber; es parte esencial de nuestra identidad y servicio a la Iglesia.





