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Santa Mónica y san Agustín traen felicidad y alegría al Hogar Santa Mónica

Cada año, la celebración de la patrona que da nombre a este proyecto socioeducativo de los Agustinos Recoletos para niñas y adolescentes víctimas de explotación, violencia, abuso o abandono, va mucho más allá de una simple fiesta por su valor pedagógico y sentimental.
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Las fiestas agustinianas de agosto traen una época llena de significado, emoción y gratitud para todos los que conforman el Hogar Santa Mónica: beneficiarias, educadores, dirección, voluntarios y amigos. Para las niñas acogidas, representan momentos inusuales y novedosos, poco habituadas a celebrar casi nada.

Los días de Santa Mónica (27 de agosto) y San Agustín (28 de agosto) son también ocasión de unidad y memoria. Los habitantes del Hogar, la Familia Agustino-Recoleta y los invitados de los proyectos hermanos del Condominio Espiritual Uirapuru se unen como una verdadera familia.

El santo que inspira la espiritualidad de esta obra social y su madre, patrona que da nombre al Hogar, tienen su vida y testimonio reflejado y continuado en el caminar de quienes construyen diariamente este proyecto: la superación de las dificultades, la comunidad como terapia, la recuperación de la dignidad y la autonomía.

La celebración comenzó con la Eucaristía, con el Pan y la Palabra, preces e himnos. El recuerdo de la dedicación y la fe de los santos, de su perseverancia, amor y confianza en Dios, anima y empuja la labor realizada con cada beneficiaria.

También reafirmó la identidad del Hogar como espacio de acogida, cuidado y evangelización, donde la vida de cada menor es respetada, valorada y conducida hacia la esperanza.

La celebración continuó con un almuerzo comunitario cuidadosamente preparado, signo de unión y hospitalidad. Fue un festín de deliciosa comida, encuentros, sonrisas, conversaciones, miradas, que es donde reside la fuerza de este proyecto: la suma de manos extendidas, corazones entregados y voces unidas en un ideal común.

Los homenajes personales fueron conmovedores y reconocieron el valor de cada persona que, con dedicación y amor, construye la historia cotidiana del Hogar. La gratitud se convirtió en inspiración, ya que la atención brindada a las beneficiarias nunca sería sido posible sin el generoso “sí” de cada persona involucrada.

Después del almuerzo, una yincana brindó alegría, relajación y emoción, con juegos y desafíos, mucha interacción y risa. El espíritu comunitario transformaba cada juego en recuerdos felices que harán la vida más fácil y mejor.

Estas celebraciones tienen un valor pedagógico. La misión del Hogar Santa Mónica es ser un espacio de recuperación y transformación. Al experimentar esta alegría de vivir y tener la oportunidad real de cuidar y divertir a los demás, se transforma y sana el presente y se siembra para el futuro más amor, más vida y más esperanza en quienes ya han sufrido duros y crueles golpes de la vida.

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