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Fray Segundo Garnica Lozano: maestro y pastor cercano, vida fecunda

El 22 de enero de 2026 falleció en el convento de Monteagudo (Navarra) Fray Segundo Garnica Lozano, agustino recoleto. Su vida fue una lección de docencia, cercanía pastoral, sencillez y misericordia con los más necesitados.
Fray Segundo Garnica

Hay personas que no hacen ruido, pero dejan luz. De esas que pasan por la comunidad como quien riega sin levantar la voz: con constancia, con ternura, con fidelidad. Así fue, para muchos de nosotros, Fray Segundo Garnica Lozano, agustino recoleto, que el 22 de enero de 2026 entregó su vida al Señor en el convento de Monteagudo (Navarra, España), a los 98 años, a consecuencia de un paro cardiorrespiratorio.

Nació en Nájera (La Rioja) el 19 de diciembre de 1927, y desde muy joven sintió que su camino estaba en la casa y en la escuela del Evangelio. Con 13 años ingresó en el colegio apostólico de Lodosa, y más tarde vivió su noviciado en Monteagudo. Allí, el 29 de septiembre de 1945, profesó por primera vez, y el 30 de enero de 1949, en Marcilla, realizó su profesión solemne.

Quienes convivieron con él recuerdan que su vocación nunca fue un gesto aislado, sino un modo de estar: austero, humilde, de corazón compasivo, cercano y cariñoso con las personas. Tenía esa bondad sin aspavientos que hace posible la fraternidad. Y quizá por eso fue tan querido, tanto cuando enseñaba como cuando acompañaba.

Maestro durante décadas, hombre de lectura y sentido

Su servicio evangelizador se desplegó en dos campos que, en él, no iban por separado: la docencia y el ministerio pastoral. Fue profesor durante 33 años: tres en Fuenterrabía, veintinueve en Lodosa y uno en el colegio Romareda (Zaragoza). Solo interrumpió ese periodo durante dos años como capellán en la base aérea militar de Valenzuela (Zaragoza).

Le gustaban los argumentos filosóficos —sobre todo los que ayudan a dar sentido a la vida— y vivía con fidelidad su formación permanente, especialmente a través de la lectura. Leía teología, filosofía, vida religiosa, vidas de santos… y conversaba con competencia y entusiasmo. Tenía un espíritu libre y abierto a la novedad, como quien sabe que la verdad no teme la luz.

Pastor con corazón misericordioso

En 1990 comenzó una etapa decisiva: fue enviado como vicario parroquial a Getafe (Madrid), donde permaneció 17 años. Él mismo decía que aquellos años en la parroquia Nuestra Señora de Buenavista habían sido “los mejores” de su vida.

Su estilo pastoral se describe con una palabra que en el Evangelio es programa: misericordia. Entendió —y practicó— aquello de Jesús de poner a las personas por encima de las normas. Soñaba con una Iglesia renovada y en salida, convencido de la importancia de salir al encuentro y dialogar con la gente en la calle.

Tenía una sensibilidad especial por familias, jóvenes, enfermos y pobres; cuidó de modo particular a los gitanos y a quienes acudían a los servicios de Cáritas. Estaba disponible para escuchar y acompañar, porque sabía que muchas veces la primera obra de misericordia es, sencillamente, prestar oído y tiempo.

Hermano de comunidad: buen humor y fidelidad cotidiana

Cuando en agosto de 2017 regresó a Monteagudo, siguió siendo el mismo: un hermano que no buscaba destacar, sino servir y crear buen ambiente. Contribuía a la armonía comunitaria con buen humor, diálogo fraterno, presencia fiel en la oración y en los momentos comunes. La santidad, en él, tuvo mucho de “día a día” bien vivido.

Hoy no publicamos una despedida triste. Publicamos, más bien, un gracias: por una vida larga y fecunda, por una vocación sostenida en lo pequeño, por una entrega que enseñó sin imponerse y acompañó sin cansarse. Y lo encomendamos al Dios fiel y misericordioso, para que lo reciba en su morada y le conceda la luz y la vida eterna.

Señor, recibe a tu siervo Fray Segundo y haznos vivir, como él, la sencillez del Evangelio y la alegría de servir. Amén.

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