Cerramos este Octavario por la Unidad de los Cristianos acompañados por Fray Enrique Eguiarte: san Agustín nos recuerda que la unidad es el testimonio más elocuente del amor de Dios ante un mundo herido por divisiones.
“Para que el mundo crea”: san Agustín y la unidad como testimonio cristiano
Para san Agustín la unidad de la Iglesia es un signo vivo que debe invitar a todos a creer en Cristo. El Obispo de Hipona señalaba que es importante no dividir el cuerpo de Cristo, y que quienes celebramos los mismos sacramentos estemos unidos en el mismo cuerpo: “Son hermanos nuestros, que celebran los mismos sacramentos, aunque no con nosotros, pero son los mismos; responden el mismo Amén, aunque no unidos a nosotros, pero es el mismo” (en. Ps. 32, 2, 2, 29)
La unidad sería el mejor testimonio ante el mundo. Sería como el perfume con el que María ungió los pies de Jesús en Betania y cuyo aroma se difundió por toda la casa (Jn 12, 1-3). La casa, como señala san Agustín es el mundo, y la Iglesia tiene la misión de extender por todo el orbe el buen aroma de Cristo. La unidad es parte de este perfume que debe llevar a todos los pueblos y a todas las naciones a creer en Cristo. En un mundo dividido por diferentes motivos, conflictos e intereses, la unidad de los cristianos sería el signo más elocuente del amor de Dios, y una invitación a edificar la unidad entre todos los seres humanos, dejando de lado las diferencias.
Este es el reto que la Iglesia debe seguir afrontando. No cansarse de edificar la unidad. En su propio interior, pero también con todos los que creen en Cristo, para que, como decía san Agustín, quienes tenemos una misma Cabeza, que es Cristo podamos formar un solo cuerpo, unido por el amor.


