El viernes 21 de noviembre el agustino recoleto Tiago Ribeiro de Araujo hizo la profesión solemne de los consejos evangélicos y se incorporó definitivamente a la Orden de Agustinos Recoletos, en la que fue acogido por el delegado de la Provincia de San Nicolás de Tolentino, Juan Cruz Vicario, en nombre y vez del prior general.
Tapauá, en mitad de la Amazonia, vivió una ceremonia a la que están poco acostumbrados. Tiago, que es natural de Guaraciaba do Norte (Ceará, Brasil), donde nació el 14 de noviembre de 1985, profesaba solemnemente a sus 40 años recién cumplidos después de haber finalizado el noviciado y profesado hace cinco años, en 2020. Precisamente el actual párroco de Guaraciaba do Norte, el agustino recoleto Santiago Martínez, se trasladó a Tapauá para acompañarlo en la ceremonia.
Durante la homilía, Juan Cruz Vicario habló sobre la vocación a la vida consagrada. Recordó la llamada y respuesta de Abraham, qué son los consejos evangélicos y cómo los vive la persona consagrada y pidió a Tiago que su vivencia de la pobreza sea un testimonio de comunión, que su obediencia sea un sí generoso en la misión y su castidad una manifestación de amor a todos por igual y sin acepciones ni distinciones. También enmarcó esta profesión dentro del centenario de los Agustinos Recoletos en la Misión de Lábrea, pidiendo a Tiago que dé continuidad a la tarea de sus hermanos.
En su acción de gracias, Tiago comenzó citando a san Agustín, diciéndose identificado con la famosa oración del “Tarde te amé”. Agradeció a Dios su llamada, a sus padres, ya fallecidos, por ser sus “primeros catequistas”, a sus hermanos, sobrinos y amigos que asistieron por las redes sociales a la ceremonia.
También agradeció a su familia religiosa agustino-recoleta la acogida y amistad, y a todos cuantos estaban presentes en la ceremonia y a cuantos la habían preparado con empeño y cariño. De hecho, el clima fue de mucha alegría, con muchas felicitaciones y entusiasmo de los presentes.
El domingo siguiente la comunidad católica de Tapauá volvió a reunirse en el templo matriz parroquial para celebrar la ordenación diaconal de Tiago. Esta vez presidió la ceremonia el obispo de la Prelatura de Lábrea, el agustino recoleto Santiago Sánchez.
En su homilía, como es tradición en él y aprovechando la festividad de Cristo Rey, el obispo contó una parábola sobre la sucesión de un rey con tres hijos: finalmente escogió aquel que supo perdonar a los enemigos y gobernar desde el amor. Y ahora, prosiguió, Tiago al ser diácono se constituirá en sucesor de Cristo en su faceta de rey, sacerdote y profeta. Y explicó los grados del sacerdocio sacramental.
También aprovechó para hacer una catequesis sobre qué son la consagración religiosa y el ministerio sacerdotal, la vida consagrada con el papel de los superiores y su diferencia con la tarea del obispo en una Iglesia local.
Tiago dirigió unas palabras de agradecimiento. Recordó cómo, con frecuencia, dialogaba y se preguntaba con las monjas agustinas recoletas de Guaraciaba por qué Dios lo había escogido, y una de ellas le recordó que “Dios no ve las apariencias, sino el corazón. Mientras que la gente te ve por fuera, Dios te ve por dentro”.
Recordó con especial emotividad y cariño a sus padres difuntos: “Dios me ha dejado conocer qué es lo primero, lo más importante, su plan para mí. Hoy era uno de esos días en que quería a mis padres cerca de mí, aunque sé que de algún modo lo están”.
Pidió, con las palabras de santa Teresa de Lisieux, “florecer, dar frutos allí donde Jesús me mande”. Y agradeció a su familia de sangre, a su familia religiosa y a su familia de fe, de la parroquia, por acompañarle.



















