¿Qué ha significado para ti colaborar en la Ciudad de los Niños durante tres lustros?
Ha sido una experiencia transformadora y vivencial, de aprendizaje constante y, sobre todo, de crecimiento espiritual, personal y profesional. No ha sido solo un trabajo, sino un camino de vida. Dios me estuvo guiando, paso a paso, hasta llegar aquí en el momento preciso, y mi vocación no solo se ha confirmado, sino que se ha fortalecido.
He impulsado proyectos que conectan con mi manera de entender el servicio y el liderazgo, que forman parte de mi identidad y de mi llamado. He podido compartir tiempo y experiencia con muchos, desde el presidente de la República hasta los más sencillos. He visto a padres de familia y jóvenes llorar y agradecer ante la transformación de sus vidas, he visto cómo se forjan personas con principios, con futuro.
Cuando alguien descubre su vocación y la vive en su trabajo, los desafíos se enfrentan con más sentido; aun cuando haya dificultades constantes, nada es un peso. Esto no significa que se sabe todo y se tienen todas las soluciones, al contrario: aprendo continuamente para responder mejor.
Cuando se trabaja con vocación, actitud y aptitud, es posible lograr mucho, incluso con recursos limitados. Por eso me siento pleno y agradecido por estos quince años y espero que sean muchos más, si así Dios lo quiere.
Por último, he conocido a muchos agustinos recoletos. De todos he aprendido algo y algunos han marcado más profundamente mi vida. Me han acercado a la interioridad agustiniana para descubrir desde dónde vivo. Cercanos y coherentes, fieles al Evangelio, con ellos he descubierto el llamado a ser amigo del Maestro (Juan 15,15) y, como recomendaba san Agustín, a la verdadera amistad. He aprendido a mirar con más comprensión y misericordia, poniendo siempre a la persona como centro.
¿Cómo ha evolucionado la Ciudad de los Niños en estos quince años?
La evolución ha sido muy significativa en cuestiones como la economía, la pedagogía, el acompañamiento y la pastoral.
Así, gracias a la financiación pública, se ha invertido en infraestructura, equipamiento y talento. Albergues, residencias, talleres, colegio y áreas deportivas tienen mejores condiciones y hay más recursos para la mejor formación. Hay un equipo de trabajo consolidado y comprometido con estabilidad laboral y mejores salarios. No solo hemos crecido, lo hemos hecho con bases sólidas y sostenibles.
En el ámbito educativo, desde 2014 somos pioneros en Costa Rica del modelo constructivista. Convencimos y capacitamos a los docentes y los beneficiarios lo acogieron con apertura. Hoy el modelo está plenamente integrado en nuestra identidad. También se apostó por las tecnologías de la información con la red de fibra óptica, se fortalecen los procesos formativos y el acceso al conocimiento universal.
El Colegio Técnico ha marcado otro hito al ser primer el primero en el país en certificar sus talleres conforme al Marco Nacional de Cualificaciones. Ya tenemos tres y estamos en proceso de obtener tres certificaciones más.
Respecto al acompañamiento integral, desde hace tres años se ha fortalecido. Estamos más cerca del beneficiario para comprender su realidad y su contexto y brindarle apoyo espiritual, emocional, social, educativo, de ocio sano, deporte y cultura, de forma plena y real, no ajena a los tiempos ni al contexto del joven.
La dimensión pastoral ha sido y es pilar fundamental. Con la formación en valores, el sentido de comunidad y el acompañamiento espiritual los jóvenes conocen a un Dios cercano, al Maestro en su interior, como decía san Agustín. La Familia Agustino-Recoleta lo refuerza con sus valores carismáticos, que sostienen y dan equilibrio a toda la institución y contribuyen al éxito de su oferta educativa.
¿Qué esperas de la Ciudad de los Niños en los próximos años?
Debe seguir caminando con visión, audacia y fidelidad a su misión. En un contexto de cambios constantes, la niñez y la adolescencia están expuestos a múltiples distractores y a un flujo informativo que influye en su pensar, relacionarse y proyectarse.
En este escenario, la Ciudad de los Niños ha sabido estar en la vanguardia, anticiparse a nuevos desafíos educativos y sociales. Jóvenes y sociedad demandan que se mantenga actualizada, pero sin perder el foco esencial de la misión institucional. De cara al futuro, sería fundamental mantener y reafirmar algunos pilares esenciales.
De entre estos, destacaría la formación integral, formar personas con valores, criterio y sentido de responsabilidad; el acompañamiento que permite comprender la realidad de cada uno y apoyarlo en su proceso; la innovación educativa de enfoque constructivista y la integración de la tecnología como un medio, sin perder al joven como centro del aprendizaje; y la identidad agustiniana y recoleta, con la persona como centro, la interioridad, la comunidad y la búsqueda de la verdad.
Además de personas competentes para el mundo laboral, queremos formar personas íntegras, con valores sólidos, que aporten en positivo a la sociedad. El futuro exige adaptación, creatividad y apertura al cambio sin perder la esencia.
La Familia Agustino-Recoleta debe reflexionar sobre su papel en la Ciudad de los Niños; que los frailes tengan el perfil adecuado para un proyecto de tanta trascendencia al que se debe dar el lugar que se ha ganado y merece. Quedó atrás esa etapa cuando los frailes hacían todo, ahora el papel de los colaboradores comprometidos y evangelizados es fundamental y los religiosos deben ser más pastores cercanos, con equilibrio entre espiritualidad y técnica, innovación y fidelidad a la misión.
Solo así la Ciudad de los Niños seguirá como referente educativo y humano para Costa Rica, para la Iglesia y para la Familia Agustino-Recoleta. Si logramos interpretar los tiempos y adaptarnos, seguirá habiendo Ciudad de los Niños muchas generaciones más.

















