Luis Antonio Fernández Aguado, a sus 62 años, cuenta con una muy larga experiencia de misionero. Ordenado sacerdote en 1987, fue uno de los cofundadores de la misión africana de Sierra Leona en diciembre de 1996 y actualmente sirve en la Prelatura de Lábrea desde 1999, tras salir a toda prisa de Sierra Leona por la guerra civil.
Estos 26 años de presencia en el Amazonas, en Brasil, le convierten en el más veterano de cuantos recoletos viven hoy en una de las tres comunidades recoletas en la Prelatura: Lábrea, Pauiní y Tapauá. De hecho, Luis Antonio está solo por detrás del obispo emérito, el también agustino recoleto Jesús Moraza, que le dobla en años en la misión, pero que sirve en una parroquia de reciente creación donde no hay comunidad recoleta.
Los Agustinos Recoletos celebran cien años de presencia en esta misión, lugar con especiales características que influyen notablemente en los misioneros, en su vocación consagrada y en su vivencia espiritual. Sobre todo ello hemos hablado con él.
Tras tantos años de servicio misionero, ¿qué es lo que alimenta tu motivación para continuar adelante con esta entrega en un lugar con desafíos y retos tan importantes?
Creo que es la alegría de formar parte de esta historia y la impresión de que tenemos todavía mucho que hacer. Claro que es todo un desafío, sobre todo delante de los cambios que vivimos hoy y ante esos clamores que señaló el papa Francisco en su documento postsinodal Querida Amazonia.
Me motiva mucho estar en una Iglesia pobre y viva a la vez, con sus luces y sombras, en este bioma especial y necesario para todos los seres humanos que habitamos el planeta, me motiva este contacto directo con la naturaleza.
Y me motiva mucho reconocer y ser consciente de que todos estos años en la Prelatura me han ayudado a crecer como ser humano.
Lo que sostiene mi vivencia vocacional y mi espiritualidad misionera es el amor incondicional de Dios por mí, por cada persona, por todas sus criaturas. Mi motor de acción y de vivencia espiritual es la centralidad de Jesús, de su Evangelio, la misión entendida como servicio a ese Reino de vida plena que quiere Jesús para todos y para todo.
Me sitúa mucho reconocer esa presencia de Dios en los procesos históricos de todos los pueblos. La misión es de Dios y me veo más en la tarea de abrir procesos que de recoger frutos. Hay que respetar el ritmo de la gente, provocar con la novedad del Evangelio, defender la vida, tener apertura y entrega, pero no exigir ya resultados.
Me veo aquí feliz, formando e iniciando a nuevos discípulos misioneros al servicio del Reino en su propia tierra y con su propia gente.
Tras esta larga experiencia de casi tres décadas, ¿qué tareas eclesiales crees que son las esenciales, las que no deben perderse?
Soy fan del Sínodo para la Amazonia, de la visión integral que ofrece de la misión, en la que todo está entrelazado: lo personal, lo social, lo cultural, lo ecológico y lo eclesial.
Partiendo de este punto, para mí siempre fue muy importante, y no deberían nunca perderse estos cuatro aspectos:
- a) La formación y el acompañamiento de los líderes laicos, como sujetos y protagonistas reales de nuestra Iglesia amazónica.
- b) Avanzar en el modelo eclesial de pequeñas comunidades de tamaño local, capaces de unir fe y vida, de unir personas y familias de lugares concretos en ambientes específicos, de tamaño humano pequeño.
- c) Implantar un proceso de iniciación a la vida cristiana que nos haga seguidores de Jesús de un modo mucho más consciente y comprometido con el Reino. De hecho, en los últimos años, esta ha sido la prioridad de la Prelatura. Nuestra Iglesia es laica, la fuerza viene de los laicos, sin ellos jamás sería lo que es.
- d) Por último, la marca de nuestra Iglesia debería ser promover y defender la vida de los más vulnerables: los pueblos originarios indígenas, los ribereños, los habitantes de las periferias urbanas excluidas; y también ser defensores de su Casa Común, desde una ecología integral: sin la selva, no podrían vivir.
Creo que de los cuatro puntos este último sería en el que más debemos esforzarnos porque es en el que más dejamos a desear. Implica asumir con más fuerza pastorales y organismos sociales de la Iglesia como son el Consejo Indigenista Misionero (CIMI), la Comisión de Pastoral de la Tierra (CPT), la Red Eclesial Panamazónica (REPAM), todo el resto de las muchas y variadas pastorales sociales (del menor, de los adultos mayores, de los bebés y gestantes, de los enfermos, de los que sufren dependencias del alcohol o los estupefacientes)… Es la manera más eficaz de mostrar un Dios que es amor real, concreto, cotidiano, cercano para cada persona.
En la Misión de Lábrea convivís algunos religiosos con muchos años de servicio en la Amazonia con otros que acaban casi de llegar. ¿Cómo ves el proceso de incorporación de los misioneros recién llegados?
Me siento preocupado porque no estamos cuidando como deberíamos de su proceso de inserción en esta realidad. Vienen sin una iniciación previa, y no nos preocupamos mucho para que antes de iniciar su tarea conozcan la historia de este pueblo al que vienen a servir, estén familiarizados con su cultura, incluso sepan cómo ha sido la misma historia de la Iglesia en la Prelatura de Lábrea.
Tampoco llegan con un dominio suficiente de la lengua portuguesa, tanto hablada como escrita. Es una materia pendiente y que influye mucho en su propia vivencia ministerial y en el contacto con el pueblo cuando llegan.
Creo que deberían pasar un tiempo previo de preparación teórica, que después se complemente con el conocimiento más experiencial. Sin la iniciación y acompañamiento previos, pueden sentir desorientación, desánimo e inadecuación con la realidad; incluso se facilita que puedan surgir conflictos ente los misioneros en nuestras comunidades, así como entre los recién llegados con el pueblo al que sirven.
También debo decir que nos aportan su mayor identidad externa como religiosos agustinos recoletos, que dan importancia a la vida comunitaria, y sin duda, que nos dejan en nuestras comunidades esa alegría de su juventud.
Aportan también una gran riqueza cultural y humana, pues los nuevos misioneros son de procedencias muy variadas, la mayoría latinoamericanos, haciendo que nuestras comunidades sean más globales y ricas en ese sentido.
Responde de modo breve y conciso estas cuestiones:
- ¿Cómo resumirías tu experiencia en el Amazonas brasileño? Gratitud.
- ¿Qué valor es más importante en la misión? Apertura + Entrega = Servicio
- ¿Cómo debe ser el misionero agustino recoleto? Humilde y sencillo.
- ¿Qué admiras más de tus hermanos misioneros? Disponibilidad
- ¿Qué tarea eclesial te llama más y te inspira más felicidad? Atención a los ribereños
- ¿Cuál ha sido tu mayor dificultad en la Amazonia? Mis propios miedos
- ¿Qué palabra representa tu esperanza en la Iglesia Amazónica? Laicos
- ¿Cómo explicarías qué es una comunidad eclesial de base? Los pobres como sujeto eclesial
- ¿De qué modo intentas vivir aquí la espiritualidad cristiana? Vivencia integral
- Define en una palabra la centenaria misión de Lábrea Creciendo.



















