Noé Servín (El Naranjillo, Santa Cruz de Juventino, Guanajuato, México, 1979) es religioso agustino recoleto desde 2008 y sacerdote desde 2012. Su ministerio se ha desarrollado siempre a través de experiencias misioneras y en ministerios de frontera o vanguardia, tales como la Ciudad de los Niños de Costa Rica, centro socioeducativo, o la misión de la Orden en Banes (Cuba), una zona rural de la isla caribeña cuya realidad es todo un reto para cualquier evangelizador.
El año pasado llegó a Pauiní (Amazonas, Brasil) para servir en esa comunidad. Su tercer ministerio como religioso es marcadamente misional, como los dos anteriores. Hemos querido saber cómo le ha ido en este primer año en Brasil, sus motivaciones, esperanzas y deseos, en el marco del primer centenario de los Recoletos en esa misión.
¿Qué te motivó a comprometerte con esta misión amazónica de Lábrea?
Al término de mi misión en Cuba el prior provincial me propuso venir aquí. Debo confesar que no estaba totalmente convencido, puesto que mi mayor deseo en ese momento era continuar en la isla, pero siempre he intentado ser muy consiente de mi condición de consagrado y todo lo que implica.
Por ello, le expresé toda mi disponibilidad para ir allá donde quisiera enviarme. Para mí el compromiso con una misión no nace del deseo de estar en un lugar concreto, sino de cumplir la voluntad de Dios allí donde físicamente me encuentre.
Realmente mi motivación y mi compromiso con Lábrea nacen de mi vocación como religioso agustino recoleto, ir allí donde la Iglesia y mi comunidad me pidan. Otras motivaciones más concretas, tales como acompañar a este Pueblo de Dios en Pauiní, compartir con alegría mi fe y caminar juntos como Iglesia van surgiendo a través de ese contacto cotidiano con la bondad de esta gente.
¿Qué certezas guían tu vocación y son el pilar en que basas tu ser misionero?
“Id por todo el mundo y predicad el evangelio…” Estas palabras de Cristo son mi única y sólida certeza. Mi deseo es cumplir la voluntad de Dios expresada en este envío o mandato, aun con mis debilidades. Ese es el pilar del que nunca quisiera apartarme.
Las certezas humanas son a menudo muy inciertas, pero al acoger la Palabra de Dios dirigida a los apóstoles y también a nosotros, me doy cuenta de que no importa el lugar, el terreno en el cual debe ser esparcida la semilla del evangelio es “todo el mundo”.
Me gustaría que esta voz de Dios que llama y envía, y mi corazón receptivo a esa llamada, sean para mí un pilar sólido no solo en esta etapa, sino para toda mi vida. Y como conozco mis tentaciones, siempre le pido a Dios que me libre de la indiferencia ante su Palabra y de la desobediencia.
¿Qué crees que puedes aportar con tu entrega misionera?
Realmente no espero aportar mucho más de lo que aporta cualquier otro misionero agustino recoleto. Mi presencia en medio y junto al pueblo de Dios, con sencillez y sin situarme por encima de nadie, es lo mejor que puedo aportar.
Para mí es más otra oportunidad de aprendizaje, desde mi poca experiencia. En los dos ministerios en los que había servido hasta ahora, la Ciudad de los Niños y la misión de Banes, he recibido mucho más de lo que he dado.
He llegado a Lábrea hace poco, justo cuando se cumplen 100 años de presencia de los Agustinos Recoletos en esta Iglesia amazónica. Mi sueño es dar continuidad al trabajo de evangelización de mis hermanos durante todo este siglo de misión.
Quisiera que mi vida sea, para las personas a las que sirvo, un testimonio de nuestro carisma comunitario. Veo ese trabajo de los misioneros recoletos que vinieron antes que yo con un sincero agradecimiento. Estoy convencido que los Agustinos Recoletos tenemos que disponernos a vivir con alegría nuestra vida comunitaria.
Sinceramente, quiero contemplar al futuro con una esperanza realista, sin caer en el pesimismo y sin cerrar los ojos ante las problemáticas que como Orden atravesamos.
¿Cómo ves a los religiosos en Lábrea que llevan mucho más tiempo que tú?
De la misma manera que espero aprender de los fieles, soy consciente de mi necesidad de dejarme guiar por mis hermanos misioneros con un camino recorrido en esta misión. Cuando hablo de aprendizaje, me refiero al trabajo pastoral, claro, pero también a la forma de vivir adecuadamente mi vida consagrada en este lugar con sus peculiaridades.
En mis hermanos percibo, en general, una actitud de disponibilidad para seguir trabajando, pero también puede notarse a veces, en algunos, cierto cansancio y una actitud de dejarse llevar por la inercia.
Siempre he pensado que los misioneros deberían acceder de una mayor rotación; pero desde aquí tengo la sensación de que hay muchas dificultades para que otros religiosos estén disponibles para la misión y hagan el relevo.
Todos deseamos un reavivamiento del fervor misionero, pero corremos el riesgo de esto se quede en discursos o en papeles. Indudablemente necesitamos estar mucho más disponibles para la misión y tomar decisiones concretas sobre el direccionamiento que queremos tomar como Provincia y como Orden.
Responde de modo breve y conciso estas cuestiones:
- ¿Cómo resumirías tu experiencia en el Amazonas brasileño? Novedad.
- ¿Qué valor es más importante en la misión? Disponibilidad
- ¿Cómo debe ser el misionero agustino recoleto? Entrega.
- ¿Qué admiras más de tus hermanos misioneros? Paciencia.
- ¿Qué tarea eclesial te llama más y te inspira más felicidad? Catequesis
- ¿Cuál ha sido tu mayor dificultad en la Amazonia? El idioma, comunicarme
- ¿Qué palabra representa tu esperanza en la Iglesia Amazónica? Iglesia joven
- ¿Cómo explicarías qué es una comunidad eclesial de base? Autonomía
- ¿De qué modo describirías la espiritualidad cristiana amazónica? Sencillez
- Define en una palabra la centenaria misión de Lábrea Reto.













