En sus obras, san Agustín de Hipona (354-430) no solo exalta la grandeza espiritual de muchas de las mujeres que aparecen en las Escrituras, sino que las presenta como modelos de conversión y de devoción.
Le gustaba, especialmente, destacar esas vidas que reflejan la misericordia y la gracia divina. En estas mujeres, Agustín observa la “encarnación” del mensaje cristiano y una especial capacidad para ser faros de esperanza y virtud para todos. Veamos algunos ejemplos:
Las vírgenes sensatas (Mt 25,1-13). Agustín las considera mujeres independientes que no necesitan de la aprobación de los demás:
- “[Las vírgenes necias] buscaban lo que había sido su costumbre, es decir, brillar con el aceite ajeno, caminar a la caza de alabanzas ajenas” (Sermón 93, 10).
- “Esto significa llevar consigo el aceite y no tenerlo que comprar a los mercaderes, a los aduladores. Porque los aduladores venden como aceite sus alabanzas a los necios” (Cartas 140, 31.74)
La Samaritana (Jn 4,5-43): es el modelo de persona capaz de dejar atrás el pasado para abrirse a un presente esperanzador y feliz:
- “Dejó allí su cántaro. Lanzó lejos de sí la concupiscencia y se fue apresurada a anunciar la verdad” (Tratado del Evangelio según San Juan 15, 30)
La mujer cananea (Mt 15,21-28) es un espejo donde buscar humildad y piedad:
- “La mujer cananea nos ofrece un ejemplo de humildad y un camino de piedad. Nos enseña a subir desde la humildad a la altura (Sermón 77,1)
- “Lo que no había podido obtener su repetido clamor, lo obtuvo por medio de su confesión humilde” (Santa Virginidad 32, 32).
La hemorroísa (Mc 5,25-34) es esa mujer ejemplo de fe profunda, fuerte, enraizada:
- “Los demás oprimen, esta tocó. Son muchos los que oprimen molestamente el cuerpo de Cristo, pocos los que tocan saludablemente” (Sermón 77, 6).
- “Aquel tocar simboliza la fe. Toca a Cristo quien cree en Él” (Sermón 243, 2)
- “Ha sido mayor la sensación de la única que me ha tocado que la de la muchedumbre que me apretuja. La muchedumbre sabe apretujar fácilmente. ¡Ojalá supiera tocar! (Sermón 375C, 6)
La mujer viuda y pobre (Mc 12,41-44) representa la imagen clara de aquellos en los que verdaderamente Dios y Jesús ponen los ojos:
- “Esta mujer entró en el templo con sólo dos ochavos. ¿Quién se dignó poner los ojos en ella? Sólo Aquel que al verla no miró si la mano estaba llena o no, sino al corazón. La observó, pregonó su acción y al hacerlo proclamó que nadie había dado tanto como ella. Nadie dio tanto como la que no reservó nada para sí” (Sermón 105A, 1).
- “Esta echó todo lo que poseía. Mucho tenía, pues tenía a Dios en su corazón. Es más tener a Dios en el alma que oro en el arca. ¿Quién echó más que la viuda que no se reservó nada para sí?” (Sermón 107 A).
- “Tanto compró la pobre viuda con dos ochavos como lo que Pedro compró abandonando las redes, como lo que Zaqueo compró dando la mitad de su patrimonio. El cielo vale tanto cuanto tuvieras” (Comentario a los Salmos 49,13)
- “La viuda que dio dos ochavos, ¿sembró poco? Tanto como Zaqueo. Tenía menos patrimonio, pero igual voluntad. Entregó dos ochavos con el mismo amor que Zaqueo entregó la mitad de su patrimonio. Si atiendes a lo que dieron, la diferencia es clara; pero, si observas cómo lo dieron, percibirás que es igual. Ella día cuanto tenía, él lo que poseía” (Comentario a los Salmos 125,11)
La mujer pecadora (Lc 7,37-39), por su parte, supo reconocer que el verdadero perdón solo procede de Jesús:
- “Los cabellos de la mujer son los bienes superfluos. Limpie con los cabellos (los pies del Señor), límpielos totalmente, obre la misericordia como lo hizo la pecadora” (Sermón 99, 13).
Paradigmático es el caso de Marta y María (Lc 10,38-42), sus amigas de Betania, y cómo Jesús recuerda que una de ellas es la que supo ver y escoger lo mejor:
- “En estas dos mujeres están figuradas dos vidas, la presente y la futura; una laboriosa y otra ociosa; una infeliz y otra dichosa; una temporal y otra eterna” (Sermón 104, 4).
- “Lo que Marta hacía era ciertamente necesario, pero pasajero: cosas para el camino, aún no las propias del cielo; se ocupaba del viaje, aún no de la que iba a poseer” (Sermón 255, 2)
- “María eligió la contemplación, escogió el vivir de la Palabra. ¿Cómo será el vivir de la Palabra sin palabras? Ella vive ahora de la Palabra, pero mediante palabras sonoras. Habrá otro vivir de la Palabra, pero sin palabra alguna que suene. La misma Palabra es la Vida” (Sermón 169, 17).
- “No afirma que la parte de Marta sea mala, mas destaca que la óptima es la de María, parte que no será quitada” (Trinidad 1, 10,20)
- “Marta pensaba en cómo alimentar al Señor; María en cómo ser alimentada por Él. Marta preparaba un convite para el Señor; María disfrutaba ya del convite del mismo Señor” (Sermón 104, 1)







