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Canta y Camina 184• Amazonia: entrega sin miramientos

En este Año Misionero de los Agustinos Recoletos y centenario de su presencia en Lábrea, centramos la mirada en cómo los misioneros han logrado adaptarse, comprender, aprender y vencer los desafíos de la Amazonia para entregar, sin medida, lo mejor de sí mismos.
Canta y Camina 184. Centenario de los Agustinos Recoletos en la Amazonia.

El Papa León XIV es agustino y es misionero. Para él, la misión no es una tarea institucional, sino la respuesta personal a la llamada de Dios. La misión auténtica pide una vida interior profunda: escucha de Dios, conversión y humildad.

En el proceso misionero, la persona se deja primero transformar y, solo después, es enviada, no a ejercer su misión “desde arriba”, sino compartiendo la vida de la gente con paciencia, acompañamiento y fidelidad cotidiana. Dice León XIV:

En una época marcada por conflictos y divisiones, necesitamos testigos auténticos de la amabilidad y la caridad que nos recuerden que todos somos hermanos y hermanas. Las palabras no bastan. De hecho, ‘el amor y las convicciones más profundas deben alimentarse, y esto se hace con gestos. Permanecer en el mundo de las ideas y los debates, sin gestos personales, frecuentes y sinceros, será la ruina de nuestros sueños más preciados’ (Dilexi te, 119).

La misión no es un proyecto del clero o de unos especialistas, sino una entrega total que implica permanecer, acompañar, compartir. La solidaridad cristiana no es una idea política o un sentimiento genérico de altruismo social, sino una exigencia evangélica nacida de la fe.

No todo ser humano es o se siente altruista; pero todo cristiano sí debe sentirse misionero. Además, la solidaridad cristiana jamás es ayudar ‘desde fuera’, sino reconocer la dignidad del otro y aceptar que el sufrimiento ajeno me concierne. La Iglesia no es una ONG, pero sus miembros no pueden ser indiferentes a la injusticia.

El mensaje evangélico proclama sin ambages la opción preferencial por los pobres. Da espacio y protagonismo a los sin voz, atiende a los más vulnerables, destierra la más mínima connivencia con el racismo o la aporofobia. Es amar y sentirse cómodo ante el empobrecido, el migrante, el enfermo, el anciano, el señalado, el discriminado, el olvidado…

La misión es criterio de discernimiento: solo es creíble la Iglesia que se sitúa junto a los vulnerables. Y no se trata solo de asistencia material, sino de crear vínculos, sanar divisiones, promover la cultura del encuentro. Tal como dijo e hizo san Agustín en su Iglesia de Hipona, la solidaridad construye la unidad del cuerpo eclesial y humano.

La misión como entrega total es la propuesta central del tercer número de Canta y Camina dedicado al I Centenario de la Misión de Lábrea. Cien años en los que la Familia Agustino-Recoleta ha recorrido la selva para encontrarse con algunos de los pueblos más aislados y olvidados del mundo.

Preguntamos a los misioneros de hoy qué desafíos sienten y homenajeamos a los que sintieron tan profunda esa llamada a la misión que se quedaron en ella para siempre.

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