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“Las vocaciones se despiertan con comunidades vivas que muestran fraternidad, alegría, coherencia, oración y servicio”

El agustino recoleto Randall López ha participado de las Jornadas Vocacionales 2026 de CONFER del 16 al 18 de enero en Madrid bajo el lema “¿Qué pasa cuando Dios responde? El desafío del crecimiento en la fe”. Así fue su experiencia.
Jornadas de Pastoral Juvenil y Vocacional de CONFER 2026.

Alrededor de 150 religiosos de distintas edades, procedencias y contextos reflexionamos mediante conferencias, talleres y espacios de diálogo y oración sobre las circunstancias en las se desarrollan hoy los planes de pastoral vocacional y juvenil.

La pregunta eje es, por sí sola, interpelante y hasta provocadora, sobre todo dirigida hacia el diálogo comunitario: “¿Qué pasa cuando Dios nos responde?”. Los que compartimos la oración cotidiana, ¿reparamos en que Dios responde, precisamente, cuando nos atrevemos a escuchar juntos, a revisar nuestros caminos y proyectos, a dejarnos cuestionar como comunidad?

Dios no deja de hablar a nuestras comunidades, con sus distintas presencias, acompañadas en sus proyectos por tantas personas que los sostienen y que nos ayudan a interpretar lo que el Espíritu susurra en lo hondo de los corazones. Nuestras comunidades no solo son espacios de acogida, sino verdaderos lugares teológicos donde Dios habla hoy a muchos. ¿Somos realmente conscientes?

Resonó en mí con fuerza que perdamos el miedo a evaluar nuestra pastoral juvenil. Damos por supuesto que lo que siempre hemos hecho sigue siendo válido, pero ¿realmente responde a las búsquedas, heridas y esperanzas de los jóvenes de hoy? Un diagnóstico honesto sin nostalgia ni ansiedad, con verdad, es una de las formas más auténticas de escuchar la respuesta de Dios. Tal vez no se trate de inventar cosas, sino de que la realidad nos interpele, nos hable, nos confronte… y nos evangelice.

Revisemos también nuestra pastoral vocacional. Los modelos que funcionaron en otros tiempos, contextos o países, no tienen por qué dar frutos hoy y aquí. Cada realidad es única, con sus propios desafíos. Aprendamos a encarnar nuestra identidad con creatividad, humildad, escucha y audacia evangélica. Atrevámonos con los nuevos lenguajes y espacios, las nuevas formas de acompañar a los vocacionalmente inquietos.

La pastoral vocacional no es tarea exclusiva del promotor o de un equipo concreto, ni de una pastoral aislada. La vocación se despierta donde los jóvenes ven fraternidad, alegría, coherencia, oración y servicio: es decir, en comunidades vivas. Todos somos responsables de diseminar la cultura vocacional con nuestra forma de vivir, de amar, de servir, de creer. Todos, desde nuestro lugar, somos mediación de Dios para otros.

Tras las Jornadas, tengo más preguntas que respuestas, pero también más paz: he confirmado que Dios no deja de responder; ¿afinamos bien el oído? Crecer en la fe personal y comunitariamente implica caminar juntos, discernir juntos, equivocarnos juntos, volver a empezar juntos… Incluso en medio de nuestras fragilidades, Dios sigue llamando, sigue soñando y sigue acogiendo a través de nuestro carisma y espiritualidad.

Agradecido por esta reflexión compartida, ojalá construyamos comunidades donde las vocaciones nazcan naturalmente como fruto del testimonio de una vida entregada, orante, fraterna y profundamente evangélica. Cuando Dios responde, casi siempre lo hace a través de rostros concretos, historias reales y comunidades que creen que Él no deja de actuar en los corazones de los jóvenes.

“Señor, Dios nuestro, haz que el clamor de tu voz llegue a muchos…”

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