¿Qué ha supuesto para ti tantos años acompañando a las JAR?
Acompañar a las Juventudes Agustino-Recoletas (JAR) durante tantos años ha sido un regalo, una verdadera bendición de Dios. Actualmente soy asesor y enlace del Equipo JAR Internacional, pero nunca he vivido mis funciones en el movimiento juvenil recoleto como un cargo o una mera responsabilidad, sino como la oportunidad de compartir lo que “he visto y oído”, mi experiencia de Dios que me hace buscarlo en comunidad.
Con los años he aprendido a escuchar más, a respetar los tiempos de cada proceso y a confiar en que Dios actúa incluso cuando no vea resultados inmediatos; también que el liderazgo no pasa por imponer ideas, sino por cuidar personas y procesos, sostener la esperanza y ayudar a que otros descubran su propio llamado.
Personalmente, las JAR me ha regalado una familia, amigos, comunidad, sentido de pertenencia y una forma muy concreta de vivir la fe en lo cotidiano.
Creo que JAR México se caracteriza hoy por la disposición de sus miembros a no conformarse con una fe superficial. Son jóvenes sensibles a la amistad, al servicio y a la coherencia de vida y, por lo mismo, muy exigentes con lo que dan y reciben. Pese a las fragilidades y las limitaciones que la realidad impone, tienen un deseo profundo de construir comunidad y una de vivir su fe con alegría y compromiso.
El Equipo JAR Internacional acaba de reunirse en República Dominicana. ¿Para qué ha servido el encuentro?
Viví este encuentro con gratitud y responsabilidad. Desde mi rol, me tocaba aportar la experiencia de México y escuchar y aprender de otras realidades, siempre con una mirada de comunión. Los encuentros anuales son fundamentales para caminar en la misma dirección, compartir buenas prácticas y discernir juntos los pasos que vienen; y aceleramos proyectos que por las obligaciones diarias, se van quedando atorados.
Estos encuentros nos reconectan con la visión fundacional de las JAR, un movimiento internacional con una misma identidad y misión, pero vividas en contextos distintos. La dinámica es diversa y muy enriquecedora. Esta diversidad exige diálogo, salir de nuestras propias seguridades y buscar lo esencial. Es una de las grandes riquezas de las JAR.
3. El Equipo Internacional ha ofrecido materiales formativos comunes. ¿Qué consecuencias han tenido?
Han sido bien recibidos, pero se han aplicado de forma desigual. Donde había una formación consolidada, han sido valorados y usados con fruto, pero no hemos logrado que lleguen con tal claridad a todos, ni que se conozcan y usen generalizadamente.
El reto no está solo en los materiales, sino en comprender la lógica y el sentido del itinerario formativo. Las JAR no son una suma de actividades y textos, sino un proceso pedagógico y espiritual con etapas, ritmos y objetivos. Si esa visión de conjunto no está asumida, los materiales no serán aprovechados en su sentido y cometido.
Ahora bien, cuando el itinerario se comprende, los materiales no solo se usan mejor, sino que se enriquecen, se adaptan y se encarnan en las necesidades de cada lugar. Ha sido es uno de los aprendizajes del Equipo: no basta con producir materiales, es fundamental acompañar su comprensión, su apropiación y su adaptación. En ese ámbito queda un camino importante por recorrer.
¿En qué desafíos, retos y tareas se centra ahora el Equipo JAR Internacional?
Nuestra prioridad es cuidar y fortalecer la identidad JAR y que el itinerario JAR no solo se conozca, sino que se comprenda como un proceso integral y se viva como tal. Necesitamos de un compromiso más real y sostenido de los asesores religiosos y laicos.
Cuando se desconoce el sentido profundo del itinerario, los grupos se estancan o terminan “gravitando” en torno a un liderazgo, sin consolidar los procesos de crecimiento humano, cristiano y comunitario; se reduce el enfoque a “hacer cosas”, sin una dimensión formativa y de continuidad.
Hay grupos que se identifican JAR pero carecen de conexión real con el movimiento, de acompañamiento adecuado o de rumbo que los vincule a nuestra experiencia de Iglesia y de Familia Agustino-Recoleta. Buscamos reforzar la corresponsabilidad en el acompañamiento, clarificar roles y ayudar a que los acompañantes comprendan su servicio como pieza clave para que los procesos sean auténticos y sostenibles.
Hasta el próximo Capítulo General, que tendrá lugar en dos años, revisamos los materiales, las estructuras y las dinámicas para que la buena voluntad se convierta de verdad en unos procesos más claros y compartidos, fortaleciendo la identidad y siendo una verdadera escuela de fe, comunidad y misión.
¿Cómo se planifica la próxima Jornada Mundial de las JAR?
Uno de los proyectos que preparamos con más esmero y alegría es la próxima JMJAR en Asia, en el contexto de la Jornada Mundial de la Juventud de Seúl (2027), una oportunidad muy significativa de encuentro, apertura a otras culturas y fortalecimiento del sentido de pertenencia.
Las distancias y la logística son un reto importante, y por eso lo estamos pensando con tiempo, cuidado y responsabilidad. Debe verse como parte del proceso personal, no como un viaje más o menos exótico. En la convocatoria se darán los detalles, pero las comunidades JAR locales ya pueden comenzar a organizarse, soñar juntos y a buscar los medios para participar. Ojalá muchos puedan vivir esta experiencia fuerte de fe, comunidad y misión, con una huella en sus vidas y en sus realidades locales.
¿Cómo se aborda el acompañamiento de las JAR que pasan por crisis y dificultades?
Cualquier crisis exige, ante todo, escucha, cercanía y respeto. No hay soluciones prefabricadas, hemos de comprender cada historia concreta, las heridas, cansancios y expectativas no cumplidas. Cuando los jóvenes buscan, preguntan o se quejan, es un signo positivo que habla de su interés real y del deseo que tienen de vivir el carisma. Este descontento nace de la intuición de este carisma tiene enorme valor, pide profundidad y radicalidad.
Una de las claves para revitalizar un proceso juvenil es volver a lo esencial: la comunidad, la amistad, la oración y el acompañamiento personal y comunitario. También es fundamental cuidar a quienes acompañan, porque muchas crisis surgen por desgaste, soledad o falta de apoyo formativo.
Cuando se logra leer una crisis como una llamada a la conversión y al discernimiento, se abre la posibilidad de recomenzar con más claridad y verdad. Un acompañamiento cercano, paciente y esperanzado permite recuperar sentido, profundidad y horizonte.
¿Qué futuro ves y deseas para las JAR?
Sueño con unas JAR comunidad viva, verdadero hogar donde encontrarse consigo mismo, con los demás y con Dios, donde integrar fe, vida y compromiso de una manera coherente y profunda. Sueño con procesos formativos sólidos, con acompañantes bien preparados y convencidos.
Sueño con una JAR espacio privilegiado de discernimiento, donde escuchar con libertad y valentía el llamado de Dios, donde se aprenda a tomar decisiones importantes desde la fe, sin miedo y con acompañamiento cercano. Una JAR semillero fecundo de vocaciones, consagradas y laicas, con una vida responsable y entregada en parroquias, misiones, en la educación o en cualquier lugar donde haya un hermano necesitado.
Sueño con una Familia Agustino-Recoleta cada vez más consciente de su identidad, unida en la diversidad y abierta a la misión, con una JAR que cuide sus raíces agustinianas y recoletas, que tenga la audacia de responder a los desafíos de los jóvenes con creatividad, profundidad y esperanza.
Y todo ello no como un objetivo forzado, sino como el fruto natural de procesos bien acompañados y de una experiencia auténtica del carisma agustino recoleto.
















